Nueve años y cuatro meses
Pregunta: Me ha impresionado mucho el caso de la niña nicaragüense, embarazada por una violación a sus nueves años. Yo siempre he sido contrario al aborto, pero en esta ocasión he sentido que se tambaleaban mis convicciones. Me gustaría que me diesen su visión sobre el aborto en estos casos.

Respuesta: ¡Qué sencillo es poner en crisis los valores morales sirviéndose de la carga emotiva que se genera en situaciones trágicas! ¡Cómo se llega a manejar la sensibilidad, la ternura y los mejores sentimientos de maternidad y paternidad, al servicio de oscuros intereses políticos! ¿O es que no nos hemos percatado de que esa niña nicaragüense ha sido un mero instrumento de una estrategia mucho más amplia?
La "Red de mujeres contra la Violencia", que arropó a los padres de la niña y asumió su representación legal, sin permitir que la Iglesia, ni las ONG´s cristianas, ni el Ministerio de la Familia se acercasen para prestarle ayuda y ofrecerle alternativas, no es sino un grupo de presión feminista que postula el cambio de la legislación nicaragüense en materia de aborto, natalidad, etc... Si su interés hubiese sido verdaderamente altruista, no hubiesen tenido dificultad alguna en facilitar el recurso del aborto, conforme a su mentalidad, bien dentro del país o en el extranjero, guardando el sigilo conveniente para la niña y su familia. Pero no, la cuestión era otra: el objetivo era político, necesitaban una víctima y la encontraron.
Nicaragua forma parte de un grupo de países hispanoamericanos que en las últimas Conferencias Mundiales de Población, principalmente en el Cairo y Pekín, se alinearon junto con la Santa Sede, rebelándose contra la consideración del aborto como un método de control de la natalidad, así como frente a una política de población que pretendía acabar con la pobreza, haciendo que nazcan menos pobres. Se la tenían guardada por ello y en los últimos años han sufrido auténticos chantajes, en los que se ha condicionado la concesión de ayudas internacionales, a la modificación de sus políticas de población. Por poner un ejemplo, la reciente emergencia económica de Argentina ha sido utilizada para exigir a las autoridades del país la aceptación del protocolo de CEDAW: si se pretende tener acceso a la ayuda del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, no queda otro remedio que dimitir de los propios valores morales y pasar por el aro. Poco a poco, la mayoría de los políticos hispanoamericanos están cediendo ante el chantaje internacional auspiciado por diversos organismos de la ONU; pero todavía quedaba otro obstáculo a batir: la opinión pública.
Por si alguno cree que estamos construyendo una fábula explicativa de lo ocurrido, le convendría saber que el recurso al caso límite es una constante en todas las estrategias pro abortistas. En la propia Norteamérica la legalización se consiguió en 1973 por la sentencia del Supremo conocida como Roe v. Wade, emitida ante la solicitud de abortar de una joven pobre, inculta y violada. Por cierto, gracias a la posterior conversión de esta joven a la Iglesia Católica y a la causa pro vida, hoy en día sabemos que el aborto fue liberalizado en EEUU en base a su perjurio, cometido por el consejo y manipulación de un grupo de abogadas feministas que le indujeron a mentir ante los tribunales diciendo que había sido violada. (http://usuarios.maptel.es/loiola/ROE.HTM)
No nos engañemos, en Nicaragua pasará lo mismo que en EEUU, donde una vez legalizado el aborto a partir de un caso límite, se han llegado a efectuar anualmente un millón y medio de abortos. Entre ellos, unos 7.000 abortos anuales por el método de "nacimiento parcial", es decir, decapitándoles en el mismo momento del parto, antes de que el cuerpo entero haya salido del útero materno, de forma que legalmente no pueda ser considerado como infanticidio. La experiencia nos dice que una vez abiertas las puertas, es muy difícil regular su cierre. En España ha ocurrido lo mismo: no es cierto que tengamos despenalizado el aborto en tres supuestos, sino que la verdad es que está legalizado el aborto libre. En el 2001, último año del que disponemos estadísticas, en España se realizaron 69.857 abortos legales, de los cuales el 95% alegaron "peligro para la salud psíquica de la madre".
¿Cuál ha de ser la doctrina moral de la Iglesia Católica en los casos límite? ¿No sería más inteligente hacer la vista gorda? Total, ¿quién se iba a enterar de que hemos hecho una pequeña excepción al principio del respeto a la vida? No sería creíble una Iglesia que predica una moral de conveniencia, cuidando su propia fama, porque resultaría insignificante y traidora al mensaje de Cristo. Por el contrario, creemos en el valor de la vida, y que el respeto de la misma es siempre beneficioso para el ser humano, para todo ser humano: tanto para la niña que tiene 9 años, como para el feto que tenía 4 meses desde su concepción. La alternativa al aborto practicado a esta niña nicaragüense, pasaría por calibrar los riesgos que puede conllevar para la madre el desarrollo pleno del embarazo, así como por el discernimiento sobre los meses que necesita el feto para ser viable una vez extraído del seno materno. Existen ya múltiples casos de partos prematuros que han sobrevivido con poco más de 600 gramos. Es más, en los manuales de medicina se recogen numerosos casos, convenientemente documentados, más extremos que el de Nicaragua, que llegaron a buen puerto. Entre ellos, el caso "tristemente record" de Lina Medina, que con tan solo cinco años de edad, dio a luz con cesárea en Lima (Peru) en el año 1939 (Willians, cap 25). Al niño le pusieron el mismo nombre del ginecólogo, Gerardo, y murió a los 40 años de un ataque de corazón. La madre vive todavía. ¿Y nos quieren ahora hacer creer que trascurridos 64 años de continuos avances científicos, no quedaba otro remedio que el aborto para la niña de nueve años?
Por otra parte, el cuadro clínico tan complicado que se nos dijo que tenía la niña de Nicaragua durante el embarazo, no parece que fuera tan grave, ya que a las pocas horas del aborto se emite una nota médica diciendo que "la niña goza de un excelente estado de salud, y se restablece sin problemas". Como ha afirmado el doctor Guillermo López, una de las máximas autoridades en la ginecología y obstetricia española: "o mintieron antes, o mienten ahora". Lo que está fuera de duda es que la eliminación voluntaria del feto, nunca podrá ser considerada como un acto terapéutico. Y, ni que decir tiene que, desde el punto de vista psicológico, la alternativa ética al aborto habrá de verse también complementada en no pocos casos por la adopción.
La clave está en entender que el respeto a la vida no puede tener más excepción que la legítima defensa. Quien pretende justificar el aborto en los casos de violación, está errando cuando apunta al agresor; que no es otro que el violador y no el niño concebido. La Iglesia Católica predica estos principios morales, con la misma coherencia y por la misma regla de tres con la que denuncia como inmoral la guerra preventiva contra Irak, que no cabe justificar como legítima defensa. Probablemente, el problema de fondo de nuestra sociedad está en que hemos asumido como políticamente correcto la vivencia de una doble moral: una para los temas de justicia social y otra en lo referente a la familia y sexualidad. Creemos sinceramente que la Iglesia presta un gran servicio a la sociedad cuando defiende una moral de coherencia en todos los ámbitos de la vida, aunque ahora nos toque aguantar el chaparrón, falsedades incluidas, a las que termino respondiendo brevemente:
Es radicalmente falsa la afirmación de que el arzobispo de Managua haya decretado la excomunión de los padres de la niña. Lo único cierto es que según nuestro Código de Derecho Canónico, incurren en excomunión de una forma automática, todos los que hayan cometido o colaborado directamente en el pecado del aborto, siempre y cuando se de la suficiente consciencia y libertad. ¡No es lo mismo, ni tan siquiera parecido! La Iglesia no aplica la pena de excomunión en base solamente a la gravedad de los pecados, sino que lo hace también con el objeto de suscitar la "conciencia de pecado" hacia los desordenes morales. Por ejemplo, no ha sentido la necesidad de recoger en su Código de Derecho Canónico la excomunión para aquellos que asesinan a los pobres indigentes, por la sencilla razón de que afortunadamente la sociedad no ha llegado a reivindicar tal crimen como un derecho, y cualquiera que tenga un poco de sentido común es capaz de juzgar adecuadamente tamaña atrocidad . ¡Pero, sin embargo, en el caso del aborto, es eso justamente lo que está ocurriendo! Es un pecado de época ante el que hay una especie de ceguera colectiva.
Igualmente, es totalmente falso que la Iglesia haya permitido jamás el aborto a unas monjas embarazadas por violación, como se ha llegado a afirmar en varios debates radiofónicos. ¿De dónde ha salido esta noticia? ¿No se debería ampliar la pena de excomunión también para los casos de calumnia -permítasenos la broma-? Y, por último, es patético que se argumente contra la doctrina de la Iglesia sobre el "no matarás", en base a esos curas estadounidenses que han cometido los crímenes de pederastia. ¿Es que el pecado de esas personas puede deslegitimar la misión que la Iglesia ha recibido de Cristo?
No creemos que pueda calificarse de "defensores" a quienes han tutelado a esa niña para el aborto. Conscientes o no de ello, estaban encaminando a la víctima a convertirse en verdugo; aunque afortunadamente no lo han conseguido. Dios bien sabe que Rosa, la madre de 9 años, es inocente; al igual que su hijo de cuatro meses. Así lo afirma la Sagrada Escritura: "¿Es que puede olvidarse una madre del fruto de sus entrañas? Pues aunque eso ocurriere, yo jamás me olvidaré" (Isaias 49, 15)