Victimismo
Pregunta:
Me
gustaría que me explicasen las repercusiones que puede tener para nuestra vida
moral, las actitudes "victimistas" que yo creo que solemos adoptar con
frecuencia; y, así mismo, que nos den algunas pautas sobre cómo podríamos
superarlas.
Respuesta:
Antes
de nada, conviene distinguir el término "víctima", cuando es
utilizado en su originario sentido teológico (por ejemplo, en Rom 12, 1 se nos
dice que hemos de presentarnos ante Dios como víctima viva), de cuando lo
hacemos en su connotación psicológica y moral. Evidentemente, esta consulta se
refiere a la segunda acepción del término.
Entendemos
por "victimismo" una tendencia psicológica, que de ordinario conlleva
una responsabilidad moral, que consiste en una tendencia a culpar a otros de los
males que uno padece. Es decir, "yo soy una pobre víctima", "los
demás no me entienden", "a mí me tocan todos los palos",
"no hay derecho", etc, etc, etc...
El
victimismo tiene las siguientes características:
1.-
Deformación de la realidad: Se exagera tremendamente lo negativo. De un granito
de arena se hace una montaña. La botella se percibe siempre "medio vacía",
en vez de "medio llena". Esto conlleva que se recele de ordinario del
mundo que nos rodea, siendo muy difícil así seguir los consejos cristianos que
nos invitan a "pensar bien" del prójimo.
2.-
Regodearse en el lamento: Quizás lo más característico de la actitud
victimista, no sea tanto el juicio pesimista, cuanto el gusto por manifestarse
como una víctima ante los demás. Se trata en el fondo de llamar la atención,
forzando la compasión de los que le rodean. Se trata de mendigar protagonismo
mediante una estrategia de lamentos. Lo que ocurre es que, quien ha llegado a
hacer un hábito de esta tendencia victimista, puede llegar incluso a creérsela.
En este sentido, sí que cabría decir con verdad que es "víctima";
pero víctima de sí mismo.
3.-
Incapacidad de autocrítica: Mientras que el filósofo Kierkegard aconsejaba:
"toma consejo del enemigo"; el "victimista" es incapaz de
hacer tal cosa. Es más, tiende a considerar como enemigo a cualquiera que se
atreva a hacerle alguna corrección. A lo sumo, percibirá la "verdad"
o el "bien", cuando provengan de alguien que le resulte simpático.
Frente
a esta tendencia moral que, como hemos descrito, es muy perniciosa pare el
desarrollo de la vida cristiana, pasamos a dar algunas pautas para llegar a
liberarnos de la "esclavitud victimista":
a)
Fe en el prójimo como "instrumento de Dios": Dios es el escultor.
Nosotros somos el tronco a tallar. La presencia del prójimo en nuestra vida,
sus correcciones, sus incomprensiones, etc.... son el cincel con el que somos
tallados.
b)
Renuncia a la queja: Si queremos arrancar un hábito, es necesario cortar por lo
sano con el "pobre de mí". Es necesario que meditemos el texto de
Colosenses 3,3: "nuestra vida está escondida con Cristo en Dios".
c) Interesarse por el prójimo: En vez de estar "mendigando" que los demás se interesen por uno, lo más sano es olvidarnos de nosotros mismos, para preocuparnos por los demás. La victoria sobre la tendencia victimista solo será plena cuando nos hayamos descentrado de nosotros mismos.