Pregunta: Un familiar mío murió recientemente, y unas horas antes de su fallecimiento, un sacerdote le dio la "Unción de Enfermos" cuando ya estaba en coma. Desearía que me aclarasen las ideas sobre la validez y el sentido de celebrar un sacramento en estas circunstancias.
Respuesta: Primero hay que decir que la circunstancia que planteas, no es el ideal de la celebración de la Unción de Enfermos. Hay que intentar que la celebración sea lo más consciente posible, de forma que el enfermo pueda disponerse interiormente a recibir el don de Dios. Ahora bien, en ocasiones tenemos que procurar "lo bueno", en especial cuando ya es tarde para optar por "lo mejor".
Cuando
está en juego la salvación eterna de sus hijos, la Iglesia procura dar la
mayor facilidad posible en la administración de los sacramentos, aún a riesgo
incluso de que en ocasiones pueda resultar un sacramento inválido. Así, cuando
se da la Unción de Enfermos a alguien que está en coma, hay que decir que ese
sacramento sólo será efectivo en la medida de que esa persona se encontrase
abierta a la gracia de Dios. De lo contrario sería un sacramento inválido. La
Iglesia está dispuesta a correr ese riesgo con tal de no dejar que la gracia de
Cristo quede sin alcanzar hasta el último de sus hijos en las circunstancias
más adversas. Por lo tanto, el sacramento se administra en ese caso "bajo
condición" de que la voluntad de ese enfermo, así lo hubiese deseado de
haber tenido oportunidad.
Ahora bien, otra cosa distinta es que una vez que el fallecimiento ha tenido lugar, no tiene ya sentido la administración de éste ni de ningún otro sacramento. En efecto, los sacramentos son la economía sacramental de quienes todavía peregrinamos en esta vida, mientras que los difuntos se encuentran con Dios sin esa mediación sacramental. La Iglesia pone a sus miembros difuntos tras el fallecimiento en manos de Dios, por los méritos e intercesión de Jesucristo y todos los santos, especialmente de María. De esta forma, después de haberlos llevado en su seno, por medio de los sacramentos, la Iglesia nos asiste en ese "parto para la vida eterna", encomendando nuestra alma a Dios.
Antes de concluir, tu consulta nos da una buena ocasión para decir que uno de los motivos de que muchas unciones de enfermos se celebren en estado de coma, es el temor de los familiares a que el enfermo pueda asustarse si recibe la visita del sacerdote cuando todavía está consciente. Un argumento que muestra muchos respetos humanos y poca confianza en Dios, además de una inconsciencia muy grande del momento tan importante que ese enfermo está viviendo. Con esos miedos, lo único que se consigue es impedir que el enfermo reciba el consuelo de Cristo. No podemos negar la buena voluntad en quien procede así, pero el error no puede ser mayor; y se suele manifestar en el desconsuelo que siente tras la muerte del ser querido; mientras que quien ha ayudado a su familiar a "bien morir", es colmado de alegría y satisfacción. Añádase a esto que en el sacramento de la Unción de Enfermos se pide la salud del enfermo si es voluntad de Dios; y no es lógico esperar al estado agónico para pedir esa gracia de sanación.
En realidad, el problema de fondo es que hemos olvidado la importancia de preparar el encuentro con Dios. Increíblemente, llegamos a calificar de "buena muerte" a aquella que se ha producido sin que el interesado se percatase de nada. Todo depende de que juzguemos la realidad "de tejas para arriba" o de "tejas para abajo". No deja de ser triste, a la vez que muy significativo, el que en la hora de la misma muerte, prime esa visión secularizada, olvidando que tan solo unos instantes después, ese ser querido va a encontrarse con Dios. ¿Cabe una miopía mayor? Pidamos fe y confianza en Dios para afrontar esos momentos; y a San José pidámosle la gracia de una buena muerte.