Un pecado sin perdón
Pregunta: Hace un tiempo, leyendo el evangelio de San Marcos,
me llamó la atención un relato que decía que todos los
pecados pueden ser perdonados, menos el pecado de blasfemia contra el Espíritu
Santo. ¿Me podíais explicar en qué consiste eso de "blasfemar
contra el Espíritu Santo"?
Respuesta:
El pasaje del Evangelio en el que se relata ese episodio es Marcos 3,20-35.
Para entender a lo que se refiere es muy importante leer el pasaje entero, viendo
el contexto en el que Jesús dijo que "la blasfemia contra el Espíritu
Santo no tendrá perdón".
Antes de ese versículo se relata cómo algunos letrados de Jerusalén,
al ver el poder con que Cristo hacía exorcismos y expulsaba a los demonios,
le acusaron de actuar con la autoridad del demonio. Es decir, acusan a Jesús
de estar poseído por Satanás. Intercalado con este relato, se
cuenta el episodio en el que la familia de Jesús se acercó a él
con la intención de llevárselo a casa, porque les habían
dicho que no estaba en sus cabales. Es decir, que lo tomaban por loco.
Aquí encontramos la explicación para entender qué es eso
de "blasfemar contra el Espíritu Santo": Consiste en llamar
loco al Santo de Dios, y en poner bajo sospecha sus buenas obras, creyendo que
son obra del demonio. Los que cometen este pecado, no únicamente se niegan
a creer, sino que consideran un desequilibrado al creyente. Si contemplan hechos
milagrosos, lejos de reconocer lo evidente, dirán que se trata de alucinaciones,
engaños, u obras del demonio. ¡Cualquier cosa, antes de aceptar
la mano de Dios!. En definitiva, sufren la peor de las cegueras; la de aquellos
que no quieren ver. En su malicia, justifican su incredulidad acusando a los
elegidos de Dios, y, hasta al mismo Dios.
La historia se repite, y, en nuestros días, este pecado tiene más
actualidad de la que parece. Hoy, como entonces, a Jesús no le "asustan"
nuestros "pecados de debilidad", si bien es cierto que nos pide un
corazón arrepentido. Lo que a Jesús le parece imperdonable es
la malicia de aquellos que no sólo están entregados a sus pecado,
sino que, se cierran voluntaria y conscientemente a la conversión, y
para ello -a modo de justificación- se enfrentan a la Iglesia, a las
personas santas que puedan tener a su alrededor, y al mismo Dios.
Alguno dirá que si hay un pecado que no se perdona, Dios no es misericordioso.
¡Nada más lejos de la realidad!. Es cierto que el Señor
dijo que el pecado contra el Espíritu Santo no tiene perdón, pero
no porque Dios no quiera concederlo, sino porque es imposible hacerlo. Se trata
de un pecado que por su propia naturaleza se resiste al arrepentimiento y, en
consecuencia, se cierra al perdón. Dios no puede contradecirse a sí
mismo; el respeta su decisión de crearnos libres, incluso cuando hacemos
de la libertad un arma para cerrarnos al perdón. El perdón de
Dios no es algo mágico ni es totalmente extrínseco a nosotros;
o se recibe libremente, o no somos perdonados.