¿Fraude
o confirmación de la fe?
Pregunta: Guardo todas los ejemplares anteriores de la revista LOIOLA, y se que hace ya varios años, concretamente en los números 10 y 23, se respondieron dos consultas sobre la cuestión de la veracidad de la Sábana Santa. Me hizo una gran ilusión la visita que el Grupo LOIOLA pudimos hacer el pasado verano a Turín, coincidiendo con la ostensión realizada con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Creo que es un tema apasionante, y me sería conveniente que se nos pudiese ofrecer de nuevo un resumen sobre el estado de la cuestión al día de hoy.
Respuesta: Ante todo, es preciso recordar que el debate sobre la Sábana Santa no es una cuestión de fe, sino de tipo científico: la fe cristiana no se apoya en reliquias, sino en el testimonio evangélico de aquellos testigos de la muerte y resurrección de Cristo que la anunciaron al precio de su propia vida. Pero es indudable que, de ser auténtica, aporta una confirmación a la fe, precisamente con los mejores instrumentos de la ciencia moderna. Quizás por eso mismo el interés de algunos en desprestigiarla, y la falta de ecuanimidad al transmitir a la opinión pública todas las investigaciones.
Son muchos, en efecto, los que sólo recuerdan sobre la síndone turinense su datación por el método del C-14 hecha pública en octubre de 1988: la Sábana sería un lienzo de entre 1260 y 1390; por tanto, una falsificación medieval. Pero, sospechosamente, pocos los que conocen el aluvión de datos científicos contrarios a tal datación, varios de ellos conocidos en la última década del siglo XX.
La primera sorpresa
La aplicación de la técnica moderna a la Síndone comienza en 1898, cuando el abogado italiano Secondo Pía realiza la primera fotografía de la misma. Al examinar el negativo se lleva una gran sorpresa: la inversión del claroscuro que se produce en todo negativo fotográfico nos devuelve el positivo óptico de la impronta -el negativo del negativo-, de manera que en el negativo se observan todos los detalles que a simple vista aparecen borrosos. Por tanto, la imagen de la Sábana es un negativo, mientras que la sangre que empapó el tejido está en positivo. Por supuesto, no existe ningún caso similar en la iconografía anterior al siglo XX; el propio sentido de la negatividad de una imagen es contemporáneo a la aparición de la fotografía, e impensable para un artista medieval.
Pronto comenzaron los médicos a estudiar las heridas que se aprecian en el hombre de la Síndone. Desde el primero que lo hizo, el agnóstico profesor de la Sorbona Yves Delage, hasta los más cercanos a nuestro tiempo, todos coinciden: Son heridas anatómicamente perfectas, las propias de un crucificado real, que contienen una gran cantidad de detalles desconocidos en la Edad Media; más aún, algunos de ellos en contradicción con las representaciones artísticas del Crucificado corrientes en aquella época.
Nuevas pruebas científicas
En 1973 el profesor suizo Max Frei, director del gabinete científico de la Policía de Zurich, aplicó la Palinología a la Síndone para estudiar los granos de polen presentes en el lienzo, descubriendo numerosas especies de plantas exclusivas de Palestina, Turquía y otros lugares donde la documentación histórica situaba las estancias de la Sábana anteriores al siglo XIV, desde el cual ésta no ha salido de Europa. Estudios más recientes de los profesores judíos Danin y Baruc han confirmado sus estudios.
A partir de 1977 un grupo de científicos dirigidos por los Drs. Jackson y Jumper, físicos de la NASA, aplicando las técnicas más sofisticadas a la Síndone, llegaron a las siguientes conclusiones:
- La imagen de la Sábana contiene información tridimensional: el grado de densidad de cada punto de la imagen está matemáticamente relacionado con la distancia del lienzo al cuerpo.
- La imagen contiene al menos 9 características que excluyen todas las técnicas conocidas (tintura, polvo, vapor...) No se trata de una imagen producida por contacto, sino por algún tipo de radiación emanada del cuerpo de manera instantánea, que habría producido una especie de chamuscadura superficial en la tela.
En efecto, la huella humana del lienzo carece de contornos y de pigmento alguno. Lo que forma la imagen ante nuestros ojos es la mayor o menor concentración de fibras superficiales oscurecidas por una oxidación de origen desconocido. Sobre ellas y entre ellas no existe colorante o pintura de ningún tipo. Además, debajo de las manchas de sangre no existe huella, lo que supone que primero llegó la sangre a la tela y luego la impronta.
Muchos piensan que esa misteriosa radiación instantánea se pudo producir en el momento de la resurrección de Cristo: su cadáver produjo luz y calor durante 2 milésimas de segundo, y luego desapareció; aunque, naturalmente, el llamar resurrección a esa desaparición es ya una hipótesis sobre la que la ciencia no puede pronunciarse.
La edad de la tela y el C-14
Todos estos datos, y otros muchos que no podemos detallar, ¿cómo pueden explicarse si la Sábana es una obra medieval?
El jesuita P. Jorge Loring, gran conocedor del tema, abordó esta cuestión en una reciente conferencia en la sede de Madrid de la Asociación Católica de Propagandistas. Explicó a los asistentes el método del Carbono 14, que funciona correctamente siempre y cuando el objeto estudiado se haya conservado bien, de manera que el C-14 no esté alterado. Sin embargo, han sido muchos los avatares sufridos por la Sábana Santa que han podido afectar a la composición del mismo. El propio descubridor del método del C-14, el premio Nobel Dr. W.F. Libby, consideró desde el principio un error aplicarlo a la Sábana Santa. Posteriores estudios le han dado la razón.
Así, en 1993 el Dr. J.B. Rinaudo, especialista en física nuclear de Montpellier, consiguió someter una tela de lino a una radiación semejante a la que se observa en la Síndone, comprobando cómo tal radiación crea átomos adicionales de C-14 que falsean la datación.
En 1994 el ruso Dimitri Kouznetsov, premio Lenin de las Ciencias, tomó un tejido de lino del s. I procedente de Israel, y lo envió a uno de los laboratorios que había participado en los análisis de aquélla, obteniendo una respuesta correcta: tejido de entre el 100 a.C. y el 100 d.C. Luego, el profesor ruso sometió el lino a un incendio similar al que sufrió la Sábana Santa dentro de una caja de plata en Chambery, y lo volvió a enviar al laboratorio: según la nueva datación, resultaba ser una tela del s. XIV, ¡la misma fecha que se dio para la Sábana Santa! Con ello, el científico consideró confirmada la falsedad de aquel análisis.
Jorge Loring recordó otros estudios que han mostrado los posibles errores de un método que ya contaba con fallos sonados en su historia. Y concluía: Si todas las demás pruebas apuntan a que la Síndone corresponde al lienzo que envolvió a un crucificado judío del siglo I que sufrió todos los tormentos que conocemos de la pasión de Cristo, ¿es científico despreciarlas por una sola prueba en contra, tan poco fiable en este caso?
Últimos descubrimientos
Pero la última década del siglo nos guardaba alguna sorpresa más. Ya en 1979 la elaboración tridimensional de la imagen del párpado derecho permitió descubrir huellas de una pequeña moneda sobre el mismo. Parecía una moneda de tiempos del emperador Tiberio, aunque con una letra equivocada. El enigma lo resolvió el numismático italiano Mario Moroni, que en 1992 encontró un ejemplar de esa moneda que contiene exactamente el mismo error. Sin embargo la fecha de acuñación no se podía ver en la huella de la Sábana.
Los profesores italianos Bollone y Ballosino, extrañados ante la ausencia de otra moneda en el ojo izquierdo, siguieron la investigación hasta llegar a descubrir en 1996 la huella de otro lepton, esta vez con la fecha de acuñación visible: es una moneda emitida por Poncio Pilatos en el año decimosexto del reinado de Tiberio, es decir, el 29 d.C. Como Cristo fue crucificado en abril del año 30, resulta una prueba impresionante. "Es un dato definitivo", aseguró el profesor Bollone, "una fecha intrínseca, estampada sobre el mismo lienzo".
Podríamos recordar aún otros descubrimientos recientes, como los restos de mirra y áloe, o la presencia de tierra a la altura de la rodilla izquierda; así como los estudios que prueban la plena correspondencia entre la Sábana Santa y el Sudario que se conserva en Oviedo desde antes del año 1000. Que unidos a otro tipo de investigaciones, como las del profesor alemán M. Hesemann, que hace unos meses hacía públicas sus conclusiones sobre la autenticidad del "título de condena" (el tradicional INRI) conservado en la Basílica romana de la Santa Cruz, nos permiten concluir, una vez más, la plena congruencia entre la auténtica ciencia y la fe, a la que aquélla sirve también para purificar de falsas reliquias y supersticiones.
Con razón escribía en 1998 Georges Suffert en Le Figaro: "La Sábana Santa es un fascinante signo de esperanza".
Los sufrimientos del hombre de la Síndone
La Síndone muestra el tormento de un varón joven, fuerte, de 1,82 m. de altura, con rasgos propios del grupo racial judío. La sangre corresponde al grupo AB, el más frecuente entre los hebreos.
Un hombre que sufrió hematidrosis (sudor de sangre), grandes magulladuras en las rodillas, y fuertes excoriaciones en la espalda. Se aprecian un mínimo de 120 golpes con un látigo de tres cuerdas terminadas en bolas de acero. El rostro presenta tumoraciones, con grandes golpes y arrancamiento de parte de la barba. Fue coronado por un casquete de espinas, de las cuales se aprecian 33 orificios. Se han podido contar en total más de 600 heridas y contusiones en todo el cuerpo. Todas ellas fueron producidas en vida, a excepción de una gran herida en el costado derecho, que tiene una forma elíptica del mismo diámetro que una lanza romana; la lanzada llegó a la aurícula derecha del corazón.
Fue crucificado con clavos que atravesaron las muñecas (no las palmas); los pies fueron atravesados juntos por un solo clavo. El ajusticiado habría padecido fuertes dolores pericordiales, opresión, y fiebre muy alta, muriendo por fin de axfisia al no tener ya fuerzas para elevarse a respirar.
Una anécdota significativa: El bombero salvador
El último de los incendios sufridos por la Síndone, la noche del 11 al 12 de abril de 1997, estuvo a punto de acabar con la reliquia. Con riesgo de su vida, el bombero Mario Trematore destruyó a golpes de maza el cristal blindado que protegía el arca con el lienzo. Trematore, que hasta entonces no se consideraba católico, declaró: "Dios me ha dado fuerzas para romper el cristal". En la ostensión de 1998, el bombero fue uno de los primeros peregrinos, confesando: "Cristo es desde aquel día un compañero de viaje en mi vida".
(Para quien quiera estudiar más detenidament este tema, aconsejamos el libro recien publicado del P.Raimundo Sirgia O.P., La Sábana Santa imagen de Cristo muerto, en la editorial GRATIS DATE)