TESTIMONIOS
Los seguidores de nuestra revista ya conocéis a Iciar Ganua.
Nos ofreció su testimonio en un número anterior. Es posible
que muchos sepáis que falleció el pasado 4 de Octubre. Os ofrecemos
el magnífico testimonio que su Director Espiritual, D. Santiago Arellano,
ha escrito sobre esta joven, relatando cómo ha reado, cómo
ha amado, cómo ha ofrecido su enfermedad y su vida. ICIAR, UN ALMA DE “AQUELLA LEGIÓN DE ALMAS PEQUEÑAS”
“.. ¡Te suplico que escojas una legión de pequeñas
víctimas dignas de tu AMOR..!”
(Santa Teresita)
Iciar Ganuza es un alma de “aquella legión de almas
pequeñas, instrumentos y víctimas del Amor Misericordioso de
Dios, objeto de los deseos y las esperanzas de santa Teresita del Niño
Jesús”. Como se le presentaba al Padre Orlandis,
fundador de Schola Cordis Iesu, así a Iciar, “conocedora
de la realidad, profundamente desengañada de sus propias fuerzas y valer”, Dios
le fue dando “una comprensión íntima de la
devoción genuina al Corazón de Jesús”, le
hizo estar llena de celo “de la salvación de la almas”, y
fue haciendo que pusiera “para su apostolado toda la confianza
en la ¼devoción
al Sagrado Corazón de Jesús”.
Todo esto por Misericordia del Corazón de Cristo que se enamora de quien
quiere y hace maravillas con las almas que se saben débiles y confían
en su Amor. Por eso hablar de Iciar es cantar las Misericordias del Señor.
Iciar nace el 18 de Enero de 1983, en el seno de una familia cristiana, familia
de Schola Cordis Iesu, deseosa de trasmitir a los hijos el tesoro recibido
del Padre Orlandis, a través de D. Francisco Canals, abuelo materno
de Iciar. Ella misma se presentaba así en una carta que escribió al
Santo Padre Benedicto XVI el día 26 de junio de 2006:
“Santo Padre. Me llamo Iciar, soy una joven española
de 23 años ... Pertenezco a una familia numerosa, soy la sexta de doce
hermanos. Mi familia es el mejor regalo que me ha dado Dios porque en ella
me han transmitido la fe, el amor a María, al Sagrado Corazón
y a la Iglesia. Pertenezco al grupo Schola Cordis Iesu, del Apostolado
de la Oración. ¼ Santo
Padre, ¼Yo cada
día en el Ofrecimiento diario del Apostolado de la Oración y
en el Rosario pido por Ud. y por la Iglesia. Muchísimas gracias,
afectuosamente, Iciar Ganuza Canals”.
Iciar muere santamente el día 4 de Octubre de 2007, después de
luchar durante año y medio con un cáncer.
I) SUS ÚLTIMOS DÍAS:
“Sí, yo quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra” (Santa
Teresita).
Los últimos días de la vida de Iciar en este mundo fueron muestra
de la acción de Dios en ella, se mostraba muy palpablemente la Caridad:
La última novena que habíamos hecho pidiendo su fortaleza y curación
era al Beato Pío IX. Ese mismo día bromeando decía: “Pío
IX tenía muchos boletos para curarme, pero no ha sido así¼ lo
mío está muy claro”. Después con aire
serio preguntó: “¿como me preparo para esto?” Al
escuchar la respuesta de que todos estos meses con la oración y los
sacramentos ya le habían servido de preparación y que ahora tenía
que pensar qué les iba a decir a Jesús y a María cuando
se encontrase con ellos en el cielo, ella contestó sonriendo: “claro,
claro” ¿Estas tranquila interiormente?: “Si,
muy tranquila. Lo ofrezco todo. Hago varios ofrecimientos al día, la
oración de las tres [de la divina Misericordia] y el rosario. Cuando
venía alguien intentaba sonreírle, quitarse importancia y preguntar
qué tal él. Si venía una novia preguntaba por su novio,
si una mamá embarazada por su embarazo, ¼ “¿qué tal
tu trabajo?”, “¿cómo estas?”..., olvidada
de si misma. Decía: “Lo mío va a ser rápido,
pienso en esos pobres enfermos que están 20 años así como
estoy yo... ¡pobrecillos!”¼
El “día 1 de Octubre, día de Santa Teresita, le pregunté: ¿Estas
bien? “Sí, si no es por la fatiga, estoy bien, tengo
paz”. Ese mismo día se confesó, con mucho
fervor, totalmente consciente y con mucha paz y recibió la comunión
que cada día le administraban en la clínica.
No quería hacer sufrir a nadie, días antes había dicho: “Yo
me quiero ir al cielo, si no fuera por Julen [mi novio] y por mi familia,
lo que más me hace sufrir es verles sufrir a ellos. Cuando ellos están
delante intento no llorar para que no sufran más, ¼ De
todas formas sigo pidiéndole a Dios que me cure, aunque estoy convencida
de que Él me quiere allí.” Ella notaba
el dolor de su familia por la despedida, por eso se entiende su alegría
cuando ese lunes día 1 de Octubre dijo: “¡Qué bien!
Miguel [mi hermano] me ha dicho que se alegra de que me vaya al cielo. Me
lo dijo ayer en una conversación”.
Al día siguiente, día de los Santos Ángeles le pregunté: “¿Quieres
confesarte?”, respondió tranquila y sonriente: “siempre
va bien ¿no?... Ahora ya cada día¼” . Se
confesó consciente y al final se quedó mirando al crucifijo,
lo señaló y dijo: “mira, qué piadoso”. ¿lo
miras mucho? “Sí” dijo. ¿Te
ayuda? “Sí mucho”. Te vamos
a administrar la unción. Ella dijo: “Es la tercera
vez”. Como diciendo a la tercera va la vencida. Y después
dijo: “no sé cuánto tiempo me queda”. No
te preocupes, lo que Dios quiera y Él está contigo. Rodeada
de la familia recibió la unción, después rezamos juntos
el Padre nuestro, el Ave María. Tras esto recibió la comunión,
consciente de que era anticipo del cielo y ella iba repitiendo: “Te
quiero Jesús”, “gracias Jesús”, “ayúdame
Jesús”, “te ofrezco mi vida Jesús”.
Recibió la bendición Papal con indulgencia plenaria con el
crucifijo grande de su cuarto que ella tanto había mirado, antes ella
besó el crucifijo, primero en los pies, después en el rostro.
Tras la bendición volvió a darle un beso en el rostro. Este
sería de los últimos gestos conscientes que se le vio hacer,
poco a poco fue perdiendo la cabeza. Esa tarde Iciar, inquieta físicamente,
ya no respondía ni con la palabra ni con gestos, aunque parece que
sí se enteraba. Con los ojos entreabiertos pero sin fijar la mirada,
fue escuchando los cantos al Corazón de Jesús y a la Virgen, las
letanías, jaculatorias y las oraciones que su familia y amigos le
dirigían. Así pasó todo el día tres de octubre
hasta las cuatro de la madrugada del día cuatro en que su alma fue
al encuentro de Cristo Misericordia.
II) UNA CHICA NORMAL:
“soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la
perfección” (Santa Teresita).
Los que la habéis conocido sabéis que Iciar era una chica muy
normal, simpática, buena, alegre, bromista, inteligente, seria en
sus estudios de historia y con una gran fe recibida de la familia que poco
a poco iba creciendo en ella. Pero a la vez no estaba exenta de las
tentaciones y vanidades de este mundo nuestro, con defectos y miserias. Ella
misma ha sido siempre consciente de su debilidad. Decía: “no
soy una santa, he hecho tonterías en mi vida”.
Cuando el 28 de Mayo pasado le dieron la mala noticia de que no había
arreglo, porque crecía el tumor en los pulmones y se extendía
en el cráneo... Ella dijo: “tengo paz, acepto lo
que Dios quiera¼ me
viene muchas veces a la cabeza la canción que se ha hecho con la frase
de Santa Teresita: Lo que agrada a Dios de mi pequeña alma es que
ame mi pequeñez y mi pobreza, es la confianza ciega que tengo
en su Misericordia”. Al contarle la eficacia de su ofrenda
en muchas personas que se estaban ofreciendo, y muchas personas que estaban
rezando las novenas, personas que antes no rezaban nunca, se alegraba mucho
pero también decía: “¡qué vergüenza!,
todos rezando por mí. Como si yo fuera protagonista” Al
responderle que el que quedaba bien en todo esto era Dios. Ella se alegró y
dijo: “Ah entonces sí”.
III) DIOS FUE HACIENDO SU OBRA EN ICIAR:
“sentí un gran deseo de trabajar por la conversión
de los pecadores” (Santa Teresita, 25 - XII-1886).
Iciar, ya con 19 años empezó a sentir un deseo mayor
de que los que le rodeaban conociesen y amasen más al Señor, y
le pedía al Señor por ellos, y se ofrecía. Con esta
preocupación de la salvación de los que Dios le había
dado, fue hace dos años a la peregrinación a Colonia, al
encuentro con el Papa. Al regresar de allí, la peregrinación
pasó por Lisieux, lugar donde vivió y murió Santa
Teresita. Iciar muy vinculada a esta santa, a su doctrina y a su vida (providencialmente
muere en la octava de Santa Teresita, habiendo vivido como ella 24 años),
entra en la basílica y se ofrece a Dios rezando el acto de ofrenda
al Amor Misericordioso.
“Para vivir en un acto de perfecto amor, me ofrezco como víctima
de holocausto a vuestro Amor Misericordioso,
suplicándoos que me consumáis sin cesar, dejando desbordar,
en mi alma,
las olas de ternura infinita que tenéis encerradas en Vos y
que, de ese modo,
me convierta en mártir de vuestro amor, ¡oh, Dios mío!”.
(Santa Teresita, 9 de junio de 1895)
Tras esto ella recibió una consolación muy fuerte que dio
sentido sobrenatural a toda su ofrenda. La semana antes de morir a la pregunta
de si se acordaba de lo que ocurrió en Lisieux respondió: “Sí perfectamente,
el Señor me hizo arder por dentro, con un fuego muy intenso, dándome
mucha paz. Recuerdo que cuando lo sentí pensé que Dios me iba
a pedir algo muy grande, me dio mucha alegría y le dije que sí.
Después me dio miedo y le pedí que me diera tiempo. Ya
me ha dado tiempo, dos años ¼.
No me arrepiento de haberme ofrecido”.
Al poco de recibir esta gracia ella sintió miedo, y aunque le
repetía “no soy mía soy tuya y haz con lo tuyo
lo que quieras”, se moría de miedo y se agobiaba pensando
en la entrega de su vida, que tendría que dejar a su novio, a su familia
y hacerse religiosa¼ y así estuvo mucho tiempo
sin tener paz, hasta que en Mayo de 2006 le diagnosticaron el cáncer
y entonces dijo: “Antes de esto no tenía paz y ahora
tengo una paz y una alegría interior inmensa porque estoy segura de
que estoy haciendo lo que Dios quiere”. Dios le pedía
desprenderse de su novio y de su familia, pero de otra manera. Cuando entendió la
voluntad de Dios, la aceptó con la fuerza que venía del mismo
Dios.
Dios le fue dando su Fortaleza
“A mi me hizo fuerte y valerosa, me revistió de sus armas”.
(Santa Teresita, 25 - XII-1886).
Estando ya avanzada la enfermedad, decía: “Dicen
que Dios te lleva en brazos en los momentos difíciles, pero a mi
me parece que me lleva en coche y contándome chistes de lo feliz que
soy,¼ Vaya tontería
te acabo de decir, ya me perdonarás pero es que ya no son horas...” (Correo
electrónico del día 16 de junio 2007 a las 12:56 de la noche,
no podía dormir). El don de Fortaleza se
manifestó mucho, especialmente en los últimos días,
por la paz que ella tenía ante todo lo que iba ocurriendo. Esa fortaleza
y paz la trasmitía ella a todo el que se acercaba.
Dios le llenó de Confianza en Él
Estuvo hablando de su tumor y su metástasis en los pulmones, decía: “Antes
de saber lo de la metástasis aún confiaba en la solución
médica, pero ahora ya sólo me queda confiar en Dios. Por otra
parte es Dios el que me ha concedido tener una vida tan feliz ¼ por
eso tiene que comprender que ahora me cueste tanto dejarla y que le pida
que no sea así, que quiero seguir con mi familia, realizar un futuro
con mi novio Julen, ... Pero estoy ofrecida a lo que Dios quiera" (16
de Junio a las 4 de la tarde 2006)
Dios le hizo aceptar Su Voluntad
Y el 30 de Agosto en una conversación decía: “Si
Dios me cura quiero ser santa y hacer cosas por Él y por los demás,
y si no me cura y me toca ir al cielo desde allí seguiré pidiendo
por todos vosotros”.
Dios le enseñó a ofrecerse con Él
“Sí, me doy cuenta, más que nunca, de que Jesús
está sediento.
Entre los discípulos del mundo, sólo encuentra ingratos
e indiferentes,
y entre sus propios discípulos ¡qué pocos corazones
encuentra
que se entreguen a él sin reservas, que comprendan toda
la ternura de su amor infinito!”
(Santa Teresita)
Jesús le fue uniendo a sí: “Me
quedo muchos ratos mirando a la cruz que hay en mi habitación y esto
me ayuda”. Ante esa cruz, que señalaba
en cada cambio de habitación, es ante la que recobraba sentido todo.
De ella recibía la fuerza para decir: “Cada
pinchazo, cada momento en que se me pinzaban nervios en la pierna... lo ofrezco
por una persona, o por una intención” (Iciar 16
de Junio 2006).
El 5 de Agosto del 2006, ya con la metástasis en los pulmones, decía
en la Catedral de Pamplona ante cientos de jóvenes: “hemos
de darnos cuenta que tenemos mucha suerte de tener fe, pues esta nos hace
tener la esperanza en el cielo, entender que estamos aquí de paso
y que tenemos que vivir mirando al cielo y eso te ayuda a llevar la enfermedad
[como cualquier cruz que toca sufrir]. Doy gracias a Dios que me ha dado
la fe y a mi familia que me la ha trasmitido (¼)
El sentido de esto: Como Jesús nos salvó por
medio de la Cruz así nosotros podemos ofrecer los sufrimientos,
yo los ofrezco por un montón de cosas, la gente me dice reza por
tal, o por cual, y yo los ofrezco por eso y Dios te escucha, es muy grande
que Dios, que lo puede todo, se valga de nosotros que somos tan poca cosa,
tan inútiles, para ofrecer cualquier cosa: las amas de casa, su
trabajo; los estudiantes, el suyo; yo que estoy enferma, lo mió¼”(aquí se
emocionó) “y de verdad se ve que da resultado.
Dios coge esas cosas y hace pequeños milagros. Gente por la que
yo rezo, amigos ateos de la universidad que han ido a poner una vela a
la Virgen, o gente que no sabía rezar y que está rezando,
hay tantas cosas por las que rezar: Por la paz, por los pecadores, por
la Iglesia, por los sacerdotes, ¼y
saber que con el día a día a Dios ya le vale, tenemos mucha
suerte”.
“Yo le pido al Señor que me cure, no quiero que
parezca que me quiero morir, quiero curarme y se lo pido con lágrimas,
y a la Virgen, pero que también son momentos de prueba en los que
uno dice: ¿pero Dios me quiere y me hace esto?¼,
pero hay que entender que los momentos duros son cosas que Dios nos manda
por nuestro bien y que aunque no lo entendamos¼ ¡que
confiéis en Dios! Yo nunca había dudado de Su Amor, siempre
había tenido todo lo que había querido. He tenido amigos buenísimos,
una familia buena, un novio bueno, nunca me había faltado de nada,¼ y
no vale estar seguro del Amor de Dios en las cosas buenas, y en las malas
no. Supongo que Él entiende que dudemos en las cosas malas, pero tenemos
que confiar, la Virgen nos ayuda y Él nos va dando fuerzas cada día, Él
nos ayuda” (5 de Agosto del 2006).
Iciar tenía tan asumido el sentido del sufrimiento, que hasta bromeaba
sobre ello. Le decía a su hermano seminarista riéndose: “Vamos
a hacer prácticas¼ Yo
soy una chica que me estoy muriendo de cáncer y te pregunto: ¿cómo
puede ser que Dios sea bueno y me quiera si me trata así?... A ver,
contesta”.
Antonio, su hermano seminarista, le decía: “Vamos Iciar, no
hagas eso¼” como diciendo “no juegues con eso¼”.
Ella riéndose respondía: “Tienes que estudiar
más¼Je,
je, je”. Ella tenía resuelto este tema uniéndose
a Cristo en la Cruz.
Un día me envió por correo electrónico un poemilla que
había encontrado y que desde entonces rezaba. Lo introducía
así: “Te mando la oración que me ha gustado
tanto y que suelo hacer, y el nombre de la autora no es conocida, pero no
me la he inventado, eh?”.
“Si para que yo te alcance
y me concedas tu AMOR
tienes que entrarme en tu Noche,
aquí me tienes, Señor.
Si para que el mundo sepa
que Tú estás en el dolor
tienes que inmolar mi cuerpo,
aquí me tienes ,Señor.
Si para que el hombre vea
tu paternal protección
tienes que dejarme sola:
aquí me tienes ,Señor.
Siempre me has hecho dichosa
me has dado tu comprensión
has enjugado mis lágrimas,
concedido tu perdón.
Hoy, después de tantos años
sólo tengo esta ambición:
decirte sinceramente
“aquí me tienes, Señor”. Amén.
Mercedes Fernández del Pino
Le hizo apóstol de la palabra y del sufrimiento
“Tengo la vocación de apóstol,¼ quisiera
ser misionero,¼mártir¼” (Santa
Teresita).
En aquella carta que escribió a los jóvenes camino a Fátima
les decía: “Estaré estos días ofreciendo
mi enfermedad por cada uno de vosotros, para que descubráis el Amor
que Cristo y María nos tienen, que es lo que a mí me da la fuerza
cada día para seguir luchando y es lo que a vosotros os mantendrá en
pie cuando lleguen momentos de sufrimiento”.
Iciar tenía gran cariño a la Virgen María, rezaba siempre
el rosario en familia, llevaba siempre el escapulario de la Virgen del Carmen
y le gustaba mucho peregrinar a sus santuarios: Iciar, Lourdes, Fátima¼con
pena de no poder ir con ellos esta vez les exhortaba: “No
dejéis de mirar a María, aprovechar bien estos días para
descubrirla por primera vez o de nuevo, ella os llevará a Jesús
y cuando volváis a casa intentar mantener lo que habéis vivido
aquí rezando cada día un ratito e intentando evitar aquellas
cosas que os alejen de Dios y que os quitarán la Paz y la Alegría
que solo Dios te da” (Febrero 2007).
Olvidada totalmente de si se preocupaba por la fe de los que rezaban por ella: “Me
preocupa la gente que no teniendo mucha fe, está pidiendo por mí y
haciendo las novenas pidiendo para mi fortaleza y curación, Me
alegro que las hagan pero pienso que si no me curo, igual es contraproducente
y dejan de rezar. No se dan cuenta de que aunque no me cure Dios me está dando
mucha fuerza para llevar todo esto, y eso también lo están pidiendo,
y es un gran milagro que Dios me concede”. (28 de Mayo
de 2007).
«Os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro
fruto permanezca» (Jn 15, 16).
“Después de mi muerte, haré caer una lluvia de
rosas” (Santa Teresita).
Son muchos los frutos que hemos ido viendo a lo largo de estos meses de ofrenda
de Iciar, y los seguimos viendo ahora. Muy especialmente frutos de santidad
y de crecimiento interior. Son muchos los que viendo la entrega de Iciar han
recibido gracia interior y han perdido el miedo a entregarse de verdad.
Lo que hemos visto de Iciar nos habla a todos de la acción de Dios en
un alma pequeña, que se olvida de sí misma para confiar totalmente
en El y es capaz de vivir con paz y convirtiendo en ofrenda de amor lo que
a los ojos del mundo es una tragedia.
Iciar es fruto de la Gracia Misericordiosa del Corazón de Cristo y nos
habla de que haciéndonos pequeños, humildes y confiando en Dios,
todos podemos llegar a la Santidad, al Amor pleno de Caridad.
Ojalá que hoy todos pasemos a ser, ante Dios, una de esas “almas
pequeñas, instrumentos y víctimas del Amor Misericordioso de
Dios” que conscientes de nuestra “pobreza”y con “una
esperanza ciega en Su Misericordia” le digamos llenos de
Amor al Señor como tantas veces le decía Iciar : “no
soy mío, soy tuyo y haz con lo tuyo lo que quieras”.
Él estará con nosotros todos los días dándonos
su Fuerza y su Paz, y podremos cantar llenos de alegría aquí y
en el cielo: “Dad gracias al Señor porque es bueno, por
que es eterna su Misericordia”.
Santiago Arellano Librada, hnssc