Solteros católicos Solteros por el Reino de los Cielos

Pregunta: Leí en la revista anterior la consulta sobre el discernimiento de una posible llamada de Dios para la vida consagrada. Me pareció muy bien, pero yo me quejo de que nunca se habla del estado de soltería….¿Cómo tenemos que entender la soltería desde el punto de vista vocacional? ¿Qué vocación nos da Dios a nosotros, los solteros?


Respuesta:
Tu pregunta es muy práctica, y vamos a intentar responderla también de una forma práctica: No podemos olvidar que la vocación se dirige a cada uno de nosotros en particular, en nuestras situación personal. En este sentido podemos decir que hay tantas vocaciones como hijos de Dios. Desde este punto de vista, tu pregunta sobre qué vocación da Dios a los solteros, es fácil de ser respondida: se trata de una vocación personal e intransferible, de la misma forma que se la da a cada uno de los casados o consagrados.
Otra cosa distinta es si tu pregunta se refiere a los "estados de vida" y, en particular, al "discernimiento del estado de vida" dentro del cual Dios ha querido integrar la vocación personal para cada uno de nosotros.
Está claro que la soltería no es un estado de vida, del mismo modo que lo puedan ser el matrimonio o la vida consagrada. Por poner un ejemplo, salvando siempre los casos los caminos extraordinarios que Dios pueda tener para una persona en concreto, de ordinario no sería correcto que un joven discerniese de una forma directa que el estado de vida al que Dios le llama no es ni el matrimonio ni la vida consagrada, sino la soltería.
Si al responder en el número anterior de esta revista a la pregunta sobre el discernimiento de la vida consagrada, dijimos que la vocación a la vida consagrada necesita una llamada personal expresa del Señor, mientras que la llamada a la vida matrimonial puede ser discernida desde la misma llamada implícita en la naturaleza; ahora se nos plantea esta cuestión: ¿qué características adquiere esa llamada de Dios al soltero? Quizás la característica más evidente es que el discernimiento de que "Dios nos quiere solteros" se adquiere por exclusión, y no por elección. Es decir, un cristiano soltero no "elige" la soltería; sino que "entiende" que Dios le quiere soltero, en la medida en que no le ha dado signos suficientes hacia la vida consagrada o matrimonial.
De lo contrario, si la soltería fuese elegida voluntaria y expresamente, podría ocurrir que el discernimiento de la voluntad de Dios se confundiese con las expectativas personales de vida. Aunque no sea tu caso, ni el de muchos lectores de esta revista, hemos de estar atentos frente a una tentación que se esconde en nuestra cultura actual, en la que se codicia la soltería como un estado de vida sin compromisos, y libre de ataduras.
Pero al margen de estas desviaciones, está claro que la soltería esconde un gran tesoro espiritual: el cristiano ha buscado durante mucho tiempo la voluntad de Dios y no la propia. Le ha pedido repetidas veces a Dios que le envíe un signo de lo que quiere para él. Pues bien, a falta de otros signos, finalmente interpreta que Dios tiene para él unos designios personales en la soltería.
La efectividad apostólica que se puede derivar del estado de soltería es grandísima. No cabe duda de que el matrimonio abre unos horizontes apostólicos hermosísimos, pero también los limita al mismo tiempo, por la dedicación a unos hijos y al cónyuge. Sin embargo, en los designios de Dios hacia los solteros, puede estarse dando una ocasión para que se complete entre los laicos, y en el ambiente secular, la efectividad apostólica del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia. Por otra parte, es evidente que a diferencia de los consagrados, los solteros laicos tendrán una facilidad muy especial para impregnar las realidades temporales de la presencia de Cristo.
Ahora bien, no podemos ni debemos de reducir las reflexiones sobre el sentido de la soltería, a una aspecto práctico o apostólico. Es también importante que profundicemos en la espiritualidad del soltero, en su forma de relación con Cristo. Lo contrario sería olvidar que existen peligros dentro de la soledad que conlleva la soltería.
Pues bien, cuando un seglar ha llegado a discernir por edad y circunstancias personales que el Señor le quiere soltero, debe de profundizar en una relación con Cristo esposo, muy similar a la del consagrado.
Sin duda alguna, el tipo de relación del soltero con Cristo, es mucho más similar al consagrado que al casado, ya que la alianza matrimonial se reduce a esta vida y no tiene continuidad en la vida eterna (Mc 12, 23). Fundándose el soltero en la consagración bautismal, y aunque no haya tenido la llamada a
formular unos votos religiosos, la espiritualidad de su vida adquiere un sentido muy especial. Su oración, su vida sacramental, su trabajo, su apostolado, su inserción en la Iglesia... en definitiva, toda su vida cristiana, estará impregnada de esa relación esponsal con Cristo.
Por otra parte, no pocas mujeres cristianas solteras, solteras porque así lo ha dispuesto Dios en su providencia, reciben de la Iglesia, del Obispo, concretamente, el precioso Rito de consagración de vírgenes, que las consagra directa y exclusivamente a Cristo Esposo, con una nueva gracia litúrgica y sagrada.