Concepción de la sexualidad

Pregunta: Estimados señores. Me agrada comprobar la presencia en la red de agrupaciones como la suya que estimulen el espíritu cristiano tan necesario hoy en día. Sin embargo, no estoy de acuerdo con la visión que ustedes hacen del sexo, la sexualidad o la pornografía. Ustedes sostienen que aunque el sexo es una necesidad del hombre como animal que es, este esta capacitado para oponer resistencia a sus instintos; si bien esto es cierto, yo pregunto, ¿por que habría de hacerlo?, ¿por seguir a Cristo?. Pues bien, si ese fuera una de las maneras de servir a Cristo, sí que habría que hacerlo. El problema reside en que no lo es: Cristo vino a darnos un nuevo y único mandamiento: "amaos unos a otros como yo os he amado", y ademas dijo "es por esto que mi Padre os reconocerán como hijos suyos"; y yo pregunto, ¿a caso si ejerzo mi sexualidad, solo o con alguien (siempre y cuando respete la integridad de ese alguien y lo haga con su consentimiento) estoy incumpliendo este sagrado mandamiento?. No señores, pues no hago daño a nadie, solo hago uso de un placer tan limpio y puro como oler una flor. Ustedes aseguran que la finalidad con la que Dios creo la sexualidad es con la de la procreación, ¿a caso no es esa la misma finalidad de olor o el color de las flores, y nunca nos hemos opuesto a disfrutar de su belleza?. Dios, es nuestro Padre, y al igual que nuestros padres biológicos aquí en la tierra, no le importa que disfrutemos y nos divirtamos, siempre que no hagamos con ello daño a nadie más, por que lo que realmente alegra a Dios, es vernos convivir como hermanos. Espero que piensen sobre mis palabras y me contesten si lo tienen a bien, entendiendolas siempre como critica constructiva, pues mi objetivo es el mismo que el suyo, llevar el amor de Dios a todos los corazones.

Respuesta: Estimado amigo: yo creo que el planteamiento que usted hace, delata que desconoce la riqueza de la sexualidad y de la castidad en la vocación al amor para la que hemos sido creados.

Es cierto que Dios nos dijo "amaros unos a otros", pero usted parece confundir "sexo" con "amor". En el plan de Dios, el sexo está al servicio del amor, y no al contrario. Cuando alguien utiliza el sexo para divertirse (aunque esté respetando la libertad de la otra persona), y esto lo hace desligando el sexo de la vocación a la entrega total por amor a la que Dios lo ha ligado (como ocurre con la pornografía), entonces está destruyendo su propia persona, en la medida en que está deformando su vocación más íntima y personal.

Es decir, en el plan de Dios, la sexualidad es el vehículo o instrumento de expresión de la entrega total por amor entre el hombre y la mujer. Cuando se dan relaciones sexuales, sin que tenga lugar ese compromiso de entrega plena por amor entre el hombre y la mujer, entonces se está representando una "gran mentira", ya que la entrega sexual de esos dos cuerpos es meramente animal, pero no es expresión de la entrega de la vida (diferencia clave entre el sexo animal y el humano).

En consecuencia, la virtud de la castidad no es otra cosa que "integrar" las fuerzas sexuales de la persona, para ponerlas al servicio de este proyecto de amor, que Dios tiene para cada uno de nosotros. Se trata de "poseerse a sí mismos" para poder "darse a la persona amada". Es decir, si uno no es dueño de si mismo y se deja arrastrar por sus pasiones, ¿cómo va a ser capaz de entregarse en un acto libre de amor? En la sexualidad no hay punto intermedio, como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica (nº 2339): "o el hombre controla (integra) sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado". En definitiva, no únicamente la virtud de la pureza la que está aquí en juego, sino hasta la propia libertad del hombre. Lo que se conoce popularmente como "amor libre" no es sino una de las mayores expresiones de la esclavitud del hombre a sus pasiones. El hombre se incapacita para el amor, como consecuencia de una vivencia de la sexualidad trivializada.

Por eso, querido amigo, desde el punto de vista cristiano es insostenible la defensa que usted hace del "juego de la sexualidad". Es más, me parece hasta ingenua. ¿Cree usted de verdad que las mujeres que viven de la pornografía están jugando, sin que eso suponga nada para sus vidas? ¿No se ha puesto usted a pensar en el drama que supone tener que vender el cuerpo, como un objeto para los demás? ¿No es cierto que cuerpo y alma forman una unidad integrada, de forma que no cabe vender el cuerpo sin perder la dignidad personal? ¿No se siente usted mal cuando se divierte en base al drama de esas mujeres (y, en definitiva, en base a su propio drama)?

La virtud de la castidad conlleva un respeto pleno de la dignidad de la persona; mientras que la pornografía, o en general, cualquier violación de la pureza, supone una reducción de la persona a la categoría de objeto.

Es posible y probable que nos cueste integrar todos los impulsos sexuales, y que la virtud de la castidad exija de nosotros un recorrido largo y costoso, en el que tendremos que ser humildes levantándonos y pidiendo perdón; pero lo último en lo que podemos caer es en la pérdida del norte, llamando blanco a lo que es negro, o llamando amor a lo que no es más que pura genitalidad animal. Lo peor no es la debilidad personal, lo peor es el oscurecimiento de la razón que nos impide conocer la vocación al amor para la que hemos sido creados.

Como usted puede ver, no le he argumentado en base a que la sexualidad tiene una finalidad reproductiva. Podría haberlo hecho, pero no es necesario; ya que cuando se desliga el sexo de la procreación, en el fondo es que también se ha desligado el sexo del amor.