Un sermón incorrecto
Pregunta: El día de todos los difuntos me desplacé al cementerio
de mi pueblo natal, donde se celebraba una misa ante las tumbas de todos los
difuntos allí enterrados. Mi sorpresa fue cuando el sacerdote predicó
en su sermón que “estábamos celebrando que seres difuntos
están ya en el Cielo”; e, incluso, repitió varias veces
que ya “habían resucitado”. No es la primera vez que escucho
afirmaciones similares. Me había ocurrido antes en varios funerales.
¿Cuál es la doctrina católica al respecto? ¿Qué
debería de hacer yo ante esta desorientación?
Respuesta: No cabe duda de que
estamos ante un grave error de ese o esos sacerdotes, fruto de la confusión
que algunos teólogos secularizados y alejados de la comunión con
el magisterio católico han introducido en sectores de nuestra Iglesia.
Respondemos a tu pregunta basándonos en el Catecismo de la Iglesia Católica.
Afirmar con certeza que los difuntos están en el Cielo, es tanto como
“canonizarlos”. ¿Quién es un sacerdote para hacer
tal cosa? Es cierto que Dios nos ha convocado a la salvación, y que Cristo
entregó su vida por ello. El destino al que estamos llamados todos los
que formamos el rebaño de Cristo no es otro que el Cielo. Pero también
es verdad que nuestra fe nos recuerda que no podemos excluir la posibilidad
de la condenación. Sabemos que existe tal posibilidad tras la muerte:
“Siguiendo las enseñanzas de Cristo, la Iglesia advierte a los
fieles de la triste y lamentable realidad de la muerte eterna, llamada también
"infierno".” (CIC 1056). A esto hay que añadir que también
cabe la posibilidad de que otros hayan muerto en gracia de Dios pero sin la
debida purificación para gozar de Dios en la visión beatífica:
“Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios, pero imperfectamente
purificados, aunque están seguros de su salvación eterna, sufren
una purificación después de su muerte, a fin de obtener la santidad
necesaria para entrar en el gozo de Dios.” (CIC 1054) Y, sni q
Nosotros no podemos tener la certeza sobre el estado de un difunto tras haber
comparecido ante el juicio de Dios. Desde luego, la Iglesia jamás ha
afirmado, ni puede hacerlo, que una persona determinada se haya condenado. Solamente
se atreve a afirmar con plena certeza que alguien está en el Cielo cuando
el Papa procede a su canonización, después de un riguroso proceso
de canonización, y asistido por el Espíritu Santo en su magisterio.
Es verdad que ante la vida modélica de muchos seres queridos que han
fallecido, podemos confiar en que por la misericordia de Dios puedan estar contemplando
el rostro de Dios, pero sin estar nunca seguros de ello, porque nosotros desconocemos
los oculto del hombre y no somos quiénes para juzgarlo. Por ello, el
quehacer de la Iglesia es rezar por todos los difuntos y especialmente ofrecer
la Santa Misa en sufragio por su eterno descanso. No será necesario para
los que estén en el Cielo, dado que no lo necesitan. Será inútil,
por el contrario, para los que estén en el Infierno, ya que su estado
de condenación es eterno y no transitorio (Cfr. CIC 1057). Ahora bien,
será una oración fructuosa en favor de todos aquellos que en el
Purgatorio podrán acelerar su purificación gracias a la comunión
beneficiosa que se establece por la oración.
Así mismo, es necesario recordar que nuestra fe católica afirma
que la resurrección se producirá en la Parusía, cuando
al fin del mundo Cristo vuelva en gloria como juez de vivos y muertos. Por lo
tanto, los difuntos no han resucitado todavía. Su almas están
en el Cielo, Purgatorio o Infierno, en una situación que se conoce en
la teología como “escatología intermedia”, en la espera
de la resurrección final; cuando los cuerpos se unan definitivamente
con sus respectivas almas en el Cielo o en el Infierno. (Conviene no perder
de perspectiva que el Purgatorio, a diferencia del Cielo e Infierno, no es un
estado eterno, sino transitorio).
Elegimos dos textos magisteriales para ilustrar estas afirmaciones: “Por
la muerte, el alma se separa del cuerpo, pero en la resurrección Dios
devolverá la vida incorruptible a nuestro cuerpo transformado, reuniéndolo
con nuestra alma. Así como Cristo ha resucitado y vive para siempre,
todos nosotros resucitaremos en el último día.” (CIC 1016)
“La Iglesia enseña que cada alma espiritual es directamente creada
por Dios no es "producida" por los padres , y que es inmortal: no
perece cuando se separa del cuerpo en la muerte, y se unirá de nuevo
al cuerpo en la resurrección final.” (CIC 366)
Más delicada es la respuesta a tu pregunta sobre lo que debes de hacer
ante esta desorientación. Lo que está fuera de duda es que debemos
de orar y sacrificarnos por los sacerdotes que tienen dudas de fe. Además
de esto, dependiendo de las circunstancias, podrá ser conveniente también
la corrección humilde al sacerdote; e, incluso, la comunicación
al Obispo de la diócesis de esos errores.