Mediocridad o heroísmo

Una de las cuestiones claves en nuestros días es la referente a la fundamentación de la ética. No es posible pensar en construir la sociedad del futuro sin establecer primero unas bases morales. Ahora bien, el problema es: ¿Hemos de basarnos en los valores morales que hemos heredado de nuestra religión cristiana o, por el contrario, tenemos que recurrir a una ética sin Dios para una sociedad pluralista?

Mientras que la Iglesia Católica predica la moral cristiana, en la convicción de que, aun respetando a los no creyentes, el cristianismo es la base de una sociedad más humana y solidaria; sin embargo, existen quienes se esfuerzan en despojar a la ética de toda reminiscencia o raíz religiosa. Este último es el caso de Fernando Savater, filósofo y profesor de ética, que en nuestros días abandera esta corriente de pensamiento. Su libro "Etica para Amador" es todo un símbolo de esta ética laicista.

¿Moral con Dios o sin Dios? Esta es la clave. Pero en vez de discutir sobre esto, vayamos a los hechos, es decir, veamos en qué se asemejan y en qué se diferencian una y otra moral.

En efecto, existen muchas similitudes. En nuestros días, todos -también los mismos filósofos ateos- somos consciente de que el desmadre reinante impide cualquier intento de construcción de una sociedad justa. La droga, el terrorismo, los desequilibrios Norte-Sur... son los males a combatir. Pero, sin embargo, las diferencias comienzan a la hora de plantear cómo combatir esos males, o dicho de otro modo, lo que nos diferencia son las virtudes que contraponemos a estos males.

La Iglesia Católica lo tiene claro: a los pecados capitales hay que contraponerles las virtudes contrarias. Contra la soberbia, humildad; contra la avaricia, generosidad; contra la lujuria, castidad; contra la ira, paciencia; contra la gula, templanza; contra la envidia, caridad; y contra la pereza, diligencia. Ahora bien, Fernando Savater nos diría que esto son "exageraciones extremistas", propias de una "moral de heroísmo" que no puede ser propuesta a las masas, por pecar de angelismo. A su juicio, es mucho más realista contraponer una mera "moral de prudencia"; es decir, ser prudentes antes esos vicios. Por ello, para él y los de su corriente, sería suficiente "controlar" los desmadres, sin oponerles las virtudes contrarias. Así:

- Entre la soberbia y la humildad, mantienen un "orgullo digno"

- Entre la avaricia y la generosidad, mantienen una "sana ambición"

- Entre la lujuria y la castidad, mantienen una "naturalidad sensual"

- Entre la ira y la paciencia, mantienen su "carácter espontaneo"

- Entre la gula y la templanza, mantienen su "gusto propio"

- Entre la envidia y la caridad, mantienen un "egoísmo controlado".

- Entre la pereza y la diligencia, mantienen una "comodidad moderada"

 

En definitiva, se trata de una moral mediocre, una especie de egoísmo reflexivo, con el que se pretende controlar los grandes males morales de nuestra sociedad. ¿Será efectivo el intento? A la experiencia nos remitimos. A un joven no se le puede decir que se controle en ciertos impulsos, sin proponerle primero un ideal que llene su corazón, y que le de una razón para ello. La psicología de la juventud es tal que «si se le pide mucho, da más; y si se pide poco, no da nada». Por ello, con frecuencia, quienes apuntan a una ética mediocre, cosechan los mismos desmanes de los que querían huir.

Mientras tanto, la Iglesia Católica -que predica una "moral de santidad"- cosecha frutos, a pesar de la debilidad humana. Lo atestiguan las innumerables vidas de santos -canonizados o no-, que son como las rosas que adornan la corona de la Iglesia.

Por el contrario, todavía estamos por ver los frutos de esa ética de Savater y sus amigos. Si es cierto aquello de que "a grandes males, grandes remedios", no parece que con esa ética mediocre se puede dar una respuesta a los graves problemas de nuestra época. A menos que nos conformemos, cuando estamos gravemente enfermos, con una aspirina.