Sed santos
Pregunta:
Los
que no hemos ido a Toronto nos hemos visto sorprendidos por algunos
comentarios que se han hecho sobre los dicursos del Papa. En concreto, me
refiero al infame artículo del Sr Pérez-Reverte, en su columna “patente de
corso” de “El Semanal” (11-8-02). Me gustaría que concretasen qué es
lo que dijo el Papa, y que este señor critica de una forma tan radical.
Respuesta:
En
efecto, con el título “Beatus ille”, este reconocido periodista mostraba
en su columna semanal su escándalo porque
el Papa no hubiese hablado a los jóvenes de los verdaderos problemas
de la Iglesia; como por ejemplo, -especificaba él- los problemas del Tercer
Mundo, o los que en este momento acucian al mundo y a la Iglesia. Por el
contrario, el sr. Reverte afirma que el Papa se limitó a lanzar un ridículo
mensaje a los jóvenes en el que les invitó a ser “beatos”. Llega incluso
a poner entre comillas las siguientes palabras, que según él, pronunció
literalmente el Papa: “Queridos jóvenes, tenéis que ser beatos.” A
partir de esto, el resto del artículo es un conjunto de ridiculizaciones, de
calumnias y de insultos.
Ahora,
veamos lo que el Papa afirmó verdaderamente; que, por cierto, no tiene
absolutamente nada que ver con lo que el sr. Reverte dice que dijo: ”¡Cuánta
luz podréis transmitir todos juntos si os unís en la comunión de la
Iglesia! ¡Si amáis a Jesús, si amáis a la Iglesia! No os desalentéis por
las culpas y las faltas de algunos de sus hijos. El daño provocado por
algunos sacerdotes y religiosos a personas jóvenes o frágiles nos llena a
todos de un profundo sentido de tristeza y vergüenza. ¡Pero, pensad en la
gran mayoría de sacerdotes y religiosos generosamente comprometidos, con el
único deseo de servir y hacer el bien! Aquí hay hoy muchos sacerdotes,
seminaristas y personas consagradas: ¡estad a su lado y apoyadles! Y, si en
lo profundo de vuestro corazón sentís resonar la misma llamada al sacerdocio
o a la vida consagrada, no tengáis miedo de seguir a Cristo en el camino de
la Cruz. En los momentos difíciles de la historia de la Iglesia, el deber de
la santidad se hace todavía más urgente. Y la santidad no es una cuestión
de edad. La santidad es vivir en el Espíritu Santo, como hicieron Kateri
Tekakwitha y muchos otros jóvenes....”
Es
decir, que el Papa ni tan siquiera había pronunciado la palabra “beatos”,
sino que había hecho un llamamiento a la santidad, como la verdadera forma de
coherencia dentro del cristianismo, como la única manera de no caer en los
discursos vacíos. ¡¡Y va el sr. Reverte y, sin entender nada de nada, entra
como un elefante en una cacharrería diciendo todo tipo de improperios contra
el Papa, contra los jóvenes allí congregados, contra la historia de la
Iglesia, etc, etc...!! Un auténtico dislate de artículo el escrito por el
sr. Reverte, en
base a un error de traducción del mensaje del Papa. Mucho nos tememos
que no sea capaz de rectificar, a pesar de que se trata de su equivocación es
pública y tangible. Por desgracia, suele ocurrir que cuando un escritor se
sabe famoso y reconocido, se cree con derecho a embestir contra todo, aún sin
conocer el terreno que pisa. No obstante, es un claro ejemplo de calumnia, y
el sr. Reverte debería de saber que es necesaria una reparación.
De
todas formas, este caso es una buena muestra de cómo se sirve en nuestros días
la información sobre la Iglesia Católica. La Iglesia recibió de Jesús la
misión de evangelizar; y, en la sociedad actual, lleva a cabo esta misión en
medio de no pocas dificultades. ¡No es fácil predicar a quien no quiere oír!
¡A veces no se entiende y otras veces no se quiere entender! Sin embargo, no
debemos de desalentarnos. Lo fundamental es que creamos firmemente en el
tesoro que llevamos entre manos, aunque nos lo ridiculicen
La gran verdad que el Papa proclamó el Toronto a los jóvenes de todo el mundo,
es que la única forma de saciar la sed de felicidad que llevamos dentro de
nosotros es vivir en santidad. Solo así seremos luz del mundo. Pero claro,
estemos preparados, porque la luz molestará inevitablemente a los que prefieren
vivir en tinieblas.