La "mascota abortista" se convierte
Era el 22 de Enero de 1973 cuando la Corte Suprema de EEUU decidió, por siete votos contra dos, abrir las puertas al aborto en aquella nación. La sentencia era la culminación de una batalla legal que una joven, Norma McCorvey, había comenzado tres años antes al solicitar la autorización para abortar. Durante todo el proceso, los tribunales protegieron la intimidad de esta joven bajo el seudónimo de Jane Roe, hasta el punto de que la histórica sentencia por la que se liberalizaba el aborto en USA tomó nombre de este seudónimo: "sentencia Roe v. Wade".
Hace escasamente un año y medio, aquella joven, que hoy tiene ya 49 años, relataba en un artículo publicado en The Daily Telegraph, 20-I-97, cómo se vió envuelta en ese proceso, por motivo de que un equipo de abogadas feministas la eligieron como la persona idónea para presionar en favor de la legalización del aborto. "Yo era el caso perfecto: una joven de 21 años sin dinero, sin marido y embarazada por tercera vez". Posteriormente, Norma se enteró de que una de estas abogadas había abortado en la clandestinidad; pero, sin embargo, a ella no le habían explicado la forma de hacerlo, porque según ella misma dice en su artículo, "necesitaban una mujer lo suficientemente pobre e inculta para que no abortara durante el proceso".
Para redondear la coartada, acordaron mentir en el juicio y decir que su embarazo se debía a una violación. El proceso se alargó, Norma dio a luz a su hija y la entregó en adopción al igual que las dos niñas anteriores.
El cambio de mentalidad de esta mujer fue lento. Después de un largo período de anonimato, se dio a conocer con su verdadero nombre. Comenzó a ser muy popular en los ambientes liberales; ¡era la mujer que había abierto el camino al derecho al aborto en EEUU!. Sin embargo, a los círculos abortistas no les sentó bien que confesase en público que había mentido al alegar violación ante el tribunal. Más tarde, ya en 1991, le dieron trabajo en una clínica abortista en Dallas, donde pudo ver de cerca los restos de bebés abortados en el segundo trimestre de embarazo; "Tenían cara y cuerpo, ¿cómo evitar que se me encogiera el alma?". El impacto le llevó a trasladarse a otra clínica donde se hacían abortos sólo en el primer trimestre de embarazo. Y, finalmente, su cambio definitivo se produjo en 1995, cuando conoció casualmente a Emily, una niña "rescatada" de un aborto inminente por los Pro-Vida USA.
Norma comenzó una campaña en favor de la derogación de la ley que lleva su propio nombre. Proyectó una clínica móvil para ofrecer a las mujeres servicios prenatales. Paradójicamente, la mujer cuyo caso ha conllevado 35 millones de abortos legales en EEUU, nunca ha abortado, es una militante pro-vida, y da testimonio fehaciente de que la sentencia que legalizó el aborto en EEUU está sustentada en su propio perjurio, cometido por el consejo y manipulaciones de sus abogadas feministas.
Ahora, aprovechando una celebración litúrgica ecuménica en la Iglesia de la Trinidad en Waco (Texas), Norma ha declarado su deseo de volver a la Iglesia católica: "En los últimos meses he crecido en la fe. Quiero agradecer a Dios, que es mi Padre, al Señor Jesucristo y a la Santísima Virgen María por haberme ayudado. Y quiero completar mi camino regresando al seno de mi Madre Iglesia, la Iglesia católica». Su decisión ha sido madurada desde su acercamiento al movimiento Pro-Vida (a pesar de la aconfesionalidad de este movimiento), según ella misma cuenta: «Cuando era pequeña fui bautizada, pero muy pronto perdí la fe. Ahora vuelvo a acercarme a la Iglesia católica -ha explicado a los fieles reunidos en la iglesia de Waco- tras haber visto la presencia constante, devota y pacífica de los pro-vida católicos ante las "fábricas de los abortos"».
José Ignacio Munilla Aguirre