¿"No resistáis al mal"?


Pregunta: Se supone que lo más característico de la espiritualidad cristiana es la lucha contra el mal. Por eso me llama la atención que en el evangelio de San Mateo, Jesús nos pida: "no resistáis al mal" (y luego continúa, "Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra, etc..."). ¿Cómo tenemos que entender eso de "no resistir al mal"? ¿Acaso Jesús no resistió al mal en las tentaciones del desierto?


Respuesta: Evidentemente, el hombre debe de resistir al mal, en el sentido de no hacerse cómplice de él, es decir, no pecar. La carta a los Efesios nos insiste en que "resistamos a la tentación" (Ef 6, 11). Pero una cosa es el pecado, y otra muy distinta son las consecuencias que se derivan del pecado. Por ejemplo, aunque debamos de resistir a la tentación de emborracharnos, hemos de soportar con paciencia al alcohólico que está junto a nosotros.

    Jesús, quien no cometió pecado, se puso en manos de los pecadores, consciente de que íbamos a maltratarle y a abusar de él. La mansedumbre con la que Jesús se puso en manos de los pecadores, convirtió los corazones del buen ladrón y del centurión que estaba al pie de la cruz.

    Sin embargo, son frecuentes nuestras reacciones autodefensivas, negándonos a soportar el sufrimiento del que no somos culpables. Sobre todo, lo que más nos caracteriza es el miedo a que abusen de nosotros. Se ha hecho famoso el refrán "¡Jesús nos dijo que seamos hermanos, pero no primos!"; pero, sin embargo, es mucho más conforme al Evangelio este otro: "El que tiene miedo de hacer el primo, corre el riesgo de no ejercer como hermano"

    Esto nos recuerda un episodio que preparó la conversión de Francisco Javier, cuando éste era estudiante junto a Ignacio de Loyola en la Sorbona de París. Mientras que Ignacio llevaba una vida de gran austeridad, Javier compaginaba sus estudios con la diversión y las vanidades de aquel ambiente estudiantil. Como Francisco Javier se quedase sin dinero, recurría una y otra vez a solicitar la ayuda de Ignacio, quien le asistía con su dinero propio, sin importarle que lo fuese a malgastar, y sin reparar en el agravio comparativo que suponía dos estilos de vida tan diferentes. ¿Hubiese sido posible la posterior conversión de Francisco Javier si Ignacio de Loyola hubiese "resistido" al egoísmo de Francisco Javier?