Mensaje y portentos

 

Pregunta: En el Evangelio yo veo dos elementos diferenciados: por una parte el mensaje de Jesucristo y su testimonio de vida y, por otra parte, los milagros o portentos que se narran. Me parece que no es bueno que la atención popular se haya centrado tanto en los portentos, y que lo importante es la figura y el mensaje de Jesucristo. Yo creo que Jesucristo vale lo mismo, sin sus milagros. Incluso me parece que los portentos que se narran en el Evangelio nos distraen la atención y nos hacen ser falsos, ya que tenemos el peligro de recurrir a Dios buscando milagros, sin que nos interese en verdad escucharle y conocerle.

 

 

Respuesta: No se puede negar que existan peligros de mala comprensión del Evangelio, en el sentido que tú afirmas. De hecho, el mismo Jesucristo se lo reprochó a sus seguidores, tal y como lo narra Jn 6, 25-27: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado». Pero, sin embargo, a pesar de estos peligros, Jesucristo continuó haciendo estos signos portentosos ante los suyos. No parece lógico pensar que para nosotros estén de sobra, como si se tratasen de unos signos dirigidos para gente inculta, y como si nosotros nos considerásemos en un nivel superior.

     La cuestión clave es que el Evangelio es una unidad de "mensaje y signos". Es imposible separar una cosa de la otra, so pena de no entender ni el mensaje de Jesús, ni el sentido de sus milagros. Recordemos el siguiente pasaje evangélico en el que se funden el mensaje y el signo: «Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate y anda"? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados ‑ dice entonces al paralítico ‑: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". » (Mt 9:4‑6)

     El problema está en que los occidentales tenemos una mentalidad muy racionalista, que tiende a valorar más el mensaje que el signo; sin embargo, la cultura bíblica valoraba por igual signo y mensaje. A esto hay que añadir otra grave dificultad: nuestra sensibilidad racionalista es muy contraria a la posibilidad del milagro, ya que arrastramos una concepción de Dios deshistorizada; es decir, se cree en la existencia de un ser superior, pero se rechaza la posibilidad de que intervenga en nuestra historia. Por el contrario, la concepción de Dios que se nos revela en la Biblia, es la de Yahvé que se da a conocer a través de sus intervenciones en la historia del pueblo de Israel. Se trata del "Dios del acontecimiento", no del "Dios del concepto".

     Por ello, aún entendiendo la buena voluntad desde la que se puede plantear tu pregunta, es importante caer en cuenta de que no se trata de una cuestión inocente, sino que tiene "mar de fondo". La tendencia actual a minusvalorar, ignorar y hasta negar los milagros y portentos de Cristo es muy grave. En el fondo, está latente el peligro de reducir a Jesucristo a la categoría de un pensador o filósofo de su tiempo, o de llegar a pensar que lo único importante del Evangelio es el ejemplo de vida y las enseñanzas que nos dio. Pero nosotros sabemos que Jesús además de dejarnos unas hermosas palabras unidas a su ejemplo de vida, llevó a cabo la obra de nuestra redención, mediante su muerte y resurrección (¡el mayor de los milagros!, por cierto).