Tres políticos coherentes
La aprobación el 16 de Octubre en el Congreso de Diputados del proyecto de ley
de reforma de la Ley de Reproducción Asistida de año 1988, se ha hecho por
desgracia sin el suficiente debate. Afortunadamente, ha habido tres diputados
que han encendido la voz de alarma en medio de la anestesia colectiva con la que
opinión pública ha recibido esta reforma, y han emitido su voto contrario a la
nueva ley, rompiendo la disciplina de voto en base a su objeción de conciencia.
Su postura valiente es un aldabonazo para sacudir nuestra pereza a afrontar este
tema. ¿Tres "quijotes" o tres "políticos coherentes"?
La
encíclica Evangelium Vitae recuerda que un parlamentario católico puede votar
a favor de una ley inmoral, con la intención de restringir una ley más
permisiva ya en vigor; en la circunstancia de que sea imposible la derogación
total del mal de partida. ¿Cabía interpretarlo así en el caso presente?
Por una parte, la reforma supone un cambio para mejor, tal y como la nota de la
Conferencia Episcopal española señaló el 28 de Julio, ya que restringe a tres
los embriones que pueden ser fecundados e implantados en el seno de la mujer que
se somete a la Fecundación In Vitro, prohibiendo en adelante, de forma
genérica, la congelación de embriones. Así mismo, se prohíbe la
"reducción embrionaria", que es el eufemismo con el que ocultaba la
realidad del aborto selectivo. Es decir, si una persona quedaba embarazada de
trillizos, por poner un ejemplo, en el transcurso de las técnicas artificiales
de fecundación, podía elegir a la carta con cuántos deseaba quedarse, y matar
al resto. Ciertamente aquí hay una mejora teórica en la ley; aunque hay que
hacer la matización de que la actual ley de aborto permitiría hacer una
selección embrionaria si la madre alegase el supuesto de peligro para su salud,
bien fuese física o psíquica. Con lo cual, en la práctica, por desgracia,
mucho nos tememos que continuará la atrocidad de la "selección
embrionaria".
Pero, sin embargo, aunque se prohíbe de forma genérica la congelación de
embriones, se abre la puerta diciendo que "en casos especiales" se
permitirá continuar congelando embriones. ¡Todos sabemos qué significa esto!
Si se deja una puerta entreabierta, la experiencia de la aplicación de la ley
del aborto en España nos dice que, la excepcionalidad teórica se acaba
convirtiendo en un coladero. De hecho, las clínicas de FIVET han presionado
fuertemente ante el ministerio, consiguiendo que se abra el abanico de la
excepcionalidad.
De poco ha de servir que la ley matice que se exigirá a los progenitores cuyos
embriones sean congelados a firmar un compromiso futuro de implantación. Es
imposible requerir en la práctica tal cosa. Una vez que vean satisfecho su
deseo de paternidad, ¿quién y cómo se les obligará a transferirse todos los
embriones que han quedado congelados? Menos probable es todavía que otras
parejas accedan a adoptar un embrión ajeno; y, para más "INRI",
congelado.
Por lo tanto, entendemos que esta ley no ha cumplido el objetivo que el punto
sexto de la Nota de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española
establecía: "Es necesario evitar que vuelva a producirse una nueva
acumulación de embriones congelados". El que se mantenga en adelante
abierta la puerta de la congelación de embriones, cambia de raíz la
valoración de la ley; ya que se continua generando el problema al que esta ley
quiere hacer frente, y que no es otro que el de la acumulación de embriones
congelados en España.
A esta objeción se añade otra muy seria: La Ley aprobada concede a los
progenitores de los embriones actualmente congelados, el derecho a elegir entre
implantárselos, dárselos a otras parejas en adopción, descongelarlos y
dejarlos morir sin más, o descongelarlos y dedicarlos a la experimentación.
Vaya por delante que estamos ante una especie de "callejón sin
salida", como dijo en cardenal Rouco, en el que cualquiera de esta
soluciones posibles comporta importantes problemas morales, de forma que la
Iglesia Católica no ha definido magisterialmente cuál sería la solución del
mal menor.
Pero lo que está fuera de toda duda es lo que afirma el punto 5º de la nota de
la conferencia episcopal, en el sentido de que era imprescindible que el texto
de la ley aclarase si se está hablando de matar a embriones para experimentar
con ellos, o experimentar con embriones que ya han muerto previamente. Es cierto
que el texto aprobado afirma que no se podrán "reanimar" los
embriones que vayan a ser utilizados para la experimentación. Pero eso no salva
la posibilidad de experimentar con embriones en proceso de descongelación,
antes de su muerte. De hecho, llama la atención que se haya rechazado la
introducción en el texto aprobado de una expresión equivalente a
"experimentar con embriones cadáveres".
En realidad, un gran problema de este ley de reforma es que deja a merced de los
"protocolos" que son elaborados a nivel del Ministerio de Sanidad un
nivel importantísimo de concreciones; de forma que un hipotético cambio de
gobierno en España, podría permitir un cambio sustancial de las prácticas en
las clínicas, sin necesidad de hacer cambio alguno en la ley. Ya se sabe
aquello de "tú escribe la ley, que yo escribiré los reglamentos".
Por todo ello, viendo en conjunto los pros y los contras, el voto negativo de
estos tres diputados españoles, es valiente, coherente y profético. Es un
error que se haya pretendido un consenso en la redacción de la ley. ¡Con la
vida no se negocia! ¿Por qué tiene el PP tanto complejo en utilizar la
mayoría absoluta en temas tan vitales? Finalmente, el PSOE, PNV, CIU y demás
partidos liberales, se han abstenido y han acusando al PP de haber hecho una
"ley de punto final" contra la congelación de embriones. ¡¡Ojalá
fuese cierto!! Lo malo es que el grifo de la congelación de embriones humanos
continua abierto, y eso conllevará que dentro de unos años volvamos a
quedarnos perplejos sin saber qué hacer con su acumulación. Y para colmo, se
ha abierto una puerta a la experimentación con embriones, sin haber delimitado
claramente la frontera entre "dejar morir y matar".
¡Lo coherente moralmente era votar en contra! Felicidades a los tres diputados:
Angel Pintado –diputado del PP por Huesca-, Manuel Silva -diputado de CIU por
Barcelona-, y José Eugenio Azpiroz –diputado del PP por Guipúzcoa- (quien,
muy a pesar suyo, no pudo participar en la votación del Congreso por motivos
familiares graves).
José Ignacio Munilla Aguirre (Zumárraga)