Una píldora del “día después” para tu hija, y tú nunca lo sabrás


(The Scotsman, Escocia (Reino Unido), 2002-06-27)


Si tienes hijos, ¿crees que eres el principal guardián de su salud física y psíquica? Si es así, estés de acuerdo o no con la “píldora del día después”, te aconsejo que tengas mucho cuidado con la nueva propuesta de las autoridades sanitarias. Resulta que han decidido ofrecer esta píldora que es considerada más abortiva que anticonceptiva, a niñas menores de 16 años sin conocimiento ni consentimiento paterno.

Y será una enfermera, no vosotros, su padre y su madre, quien tomará la decisión de dar a vuestra hija un potente fármaco. Será ella, no vosotros, quien decida si el cuerpo de vuestra hija es suficientemente maduro para asimilarlo. Será ella, no vosotros, quien determinará si la niña está capacitada para comprender todas las implicaciones de este hecho. Ella, no vosotros, verá cómo se toma una píldora que contiene seis veces más hormonas que un anticonceptivo ordinario.

Y ese será su secreto. Vosotros sólo entraréis en escena cuando empiecen los problemas –algo que puede suceder, porque no se conoce prácticamente nada sobre los efectos de este fármaco a largo plazo, y tampoco existe ningún estudio que analice sus efectos en adolescentes-. Por lo tanto, si vuestra hija sufre problemas médicos o psicológicos, os tocará a vosotros afrontarlos.

Así pues, seamos claros con este tipo de propuestas. A una enfermera que en este momento no podría dar a la niña una aspirina sin vuestro consentimiento, se le va a permitir darle la píldora del día después sin ni siquiera informaros posteriormente.

Se me ocurre una pregunta obvia: si como consecuencia de esto muere nuestra hija, ¿quién será el responsable?

Pero aparte de la inmunidad, hay muchos otros aspectos de esta propuesta política que son preocupantes.

En primer lugar, la marginación de los padres en un tema tan crucial es un gran error. Muchos de ellos pueden estar poco capacitados, pero eso no da a los consejos sanitarios escolares el derecho de excluirlos de los debates y decisiones que afectan a sus hijos. Es normal que estos consejos tengan su peso a la hora de ofrecer ayuda y asesoramiento, pero permitir que simplemente ignoren la existencia de los padres no hace más que deteriorar unas relaciones que deberían intentar fortalecer.

Además, repartir píldoras del día después no sirve para combatir otros problemas graves y cada vez más frecuentes en relación con la actividad sexual de los adolescentes, como por ejemplo, el masivo incremento de enfermedades de transmisión sexual como la clamidia asintomática, que causa infertilidad, la gonorrea, las verrugas genitales cancerígenas, y el VIH.

En primer lugar, hacer que los padres crean que el sexo y sus consecuencias ya no tienen nada que ver con ellos, es perder el apoyo de un ejército vital en la batalla contra la actividad sexual de los adolescentes.

Pero en segundo lugar, dar a las chicas la idea de que pueden ir a la escuela y conseguir una píldora que resuelva todos sus problemas, es peligroso. Ya mi hija de 16 años me dice que cuando discuten estas cosas en la clase, sus amigas dicen que preferirían tomar la píldora antes que usar un preservativo. El hecho de que tengan acceso a la píldora gratuita y privadamente, les lleva a creer que el sexo ya es una actividad completamente libre de riesgos. Y los chicos aumentan la presión: “Oye, lo único que tienes que hacer es tomar una píldora, así que ¿por qué te pones así? ¡Tu madre nunca lo sabrá! ¡Venga!, ¿No crees que vale la pena tomar una píldora por mí?”.

Incluso si la píldora del día después lograra reducir los niveles de embarazos de adolescentes –y las estadísticas no muestran signos de que sea así-, ¿es éste el tipo de presión al que queremos someter a nuestras hijas?

Pero es que además está el hecho, que nadie discute, de que no hay pruebas clínicas conclusivas que muestren que esta píldora es segura. Se trata de un fármaco que produce una alteración drástica de los niveles hormonales. Sus efectos en las adolescentes nunca han sido adecuadamente estudiados, pero un uso repetido y sin supervisión podría tener consecuencias desastrosas. Y no serán ellas quienes se preocupen. Todo lo contrario; creerán, como la mayoría de nosotros creemos, que algo que les da la enfermera del colegio no puede ser malo para su salud. Para cuando descubran que no es así, será demasiado tarde.

El problema de los embarazos de adolescentes y el uso de la píldora del día después no pueden ser estudiados sin examinar todos los aspectos relacionados con la actividad sexual de los adolescentes.

Mi temor es que, creyendo que vamos a solucionar el primer problema, acabemos agravando el segundo.