Los
cristianos en el conflicto de Tierra Santa
Pregunta:
El viejo conflicto que tiene lugar en Tierra Santa entre israelitas y palestinos
parece tener muchas connotaciones religiosas. ¿Cuál es la implicación de los
cristianos en medio de ese conflicto? ¿Qué podemos aportar nosotros, los
cristianos, de cara a la paz en esa región?
Respuesta:
La verdad es que el conflicto de Tierra Santa, entre israelitas y palestinos, es
principalmente de tipo político, antes que religioso. Se trata de dos pueblos
que reclaman una misma tierra. Pero no cabe duda de que la forma de afrontar
este conflicto político está muy condicionada por las concepciones religiosas
de cada uno de estos dos pueblos: judíos y musulmanes, en su gran mayoría.
Una de las grandes trampas en la que pueden caer las religiones es la de
ponerse al servicio de un determinado proyecto político. Y esto es lo que les
ha ocurrido al judaísmo y al islam, cuando se han identificado por completo con
la causa "israelí" y "palestina", respectivamente. El error
es poner la idea de la "Jerusalén celestial" al servicio de la
"Jerusalén terrena", cuando debería de ser exactamente al contrario.
De las religiones cabría esperar, por el contrario, que contribuyesen a
relativizar conceptos como patria, fronteras, raza, etc. Es lo que afirma la
carta a Diogneto, describiendo el estilo de los cristianos: "Los
cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven,
ni por el lenguaje.... Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias.... Habitan
en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos,
pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para
ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Para decirlo en pocas
palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El
alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así
también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del
mundo."
Es verdad que tenemos que reconocer que por desgracia han existido páginas
negras en la historia del cristianismo, en las que también nosotros caímos en
parecidos errores a los que musulmanes y judíos están cayendo actualmente. En
la Edad Media no supimos sustraernos a los condicionamientos culturales, que nos
llevaron a utilizar el nombre de Cristo al servicio de empresas terrenas. No
obstante, esto tuvo lugar por el pecado de los hombres, y no por culpa del
mensaje que Cristo nos dejó en su Evangelio. Sin temor a falsas arrogancias,
podemos decir que el mensaje cristiano no tiene el peligro de predicar una
religión de raza, como es el caso del judaísmo; o de alentar a la violencia
bajo el signo de la guerra santa -caso del Corán islámico-. Los mártires
cristianos, a diferencia de los musulmanes, son los que se han dejado matar por
amor a Cristo, no los que han muerto matando por Alá. Son infinidad las
sentencias de Cristo que resultan un buen antídoto frente a estas utilizaciones
de las religiones: "quien a espada mata, a espada muere", "dad
al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios" "No andéis
diciendo: «Tenemos por padre a Abrahán»; porque os digo que Dios puede de
estas piedras dar hijos a Abrahán"
En Tierra Santa se encuentra la cuna de las tres grandes religiones
monoteístas: Judaísmo, cristianismo e islam. El hecho de que el cristianismo
haya superado definitivamente el conflicto que liga "religión" y
"tierra", le coloca en una posición inmejorable para mediar en este
conflicto entre las otras dos grandes religiones monoteístas.
El número de cristianos en Israel, Palestina y Jordania no ha dejado de
disminuir en las últimas décadas, a causa del éxodo motivado por el ambiente
y las condiciones tan hostiles en las que se ven obligados a vivir. A lo largo
del siglo XX, la inmigración de cristianos de Tierra Santa ha disminuido su
presencia del 20% de la población al actual 2%. En los últimos 10 años han
emigrado de Jerusalén el 93% de las familias cristianas. No obstante lo
doloroso del abandono de Tierra Santa por parte de muchos de los cristianos autóctonos,
pensamos que han dado mayor testimonio marchando, que el que han protagonizado
quienes han hecho de la posesión de Tierra Santa una cuestión de vida o
muerte. No en vano el nacimiento de Jesús en Belén fue profetizado como la
llegada del príncipe de la paz.