Nueva encíclica: “Dios es amor”


Pregunta:  El Papa Benedicto XVI ha publicado su primera encíclica “Dios es amor”. Yo la he leído y me ha gustado, pero tengo que reconocer que se me escapan muchas cosas. Estoy pensado en darle un segundo repaso y me gustaría que me diesen unas claves de compresión de esta encíclica.

Respuesta: Ofrecer unas claves objetivas exhaustivas de una encíclica papal es un reto demasiado pretencioso, ya que habría de ser el propio autor quien lo hiciese. Por ello, con toda humildad, nos limitamos a sugerir algunas claves que el mismo lector de la encíclica podrá y deberá de completar:
º.- En primer lugar, que el Papa haya decidido dirigirse al Mundo en su primera encíclica con la afirmación básica de que “Dios en amor”, sugiere que Benedicto XVI es consciente de que el principal mal que aqueja la cultura contemporánea es el “nihilismo”; es decir, una filosofía autodestructiva que padece la carencia radical del sentido de la vida. La vida sería una pasión inútil, un sin sentido¼ Pues bien, frente a esto, el Papa recuerda algo básico, el hombre no es una equivocación, no es una casualidad, no es un accidente; sino que es fruto del amor. El hombre sólo se entiende como fruto del amor de Dios, y solo se realiza en la vocación al amor para la que ha sido creado.
2º.- El momento histórico actual es grave. Los fundamentalismos religiosos se presentan como uno de los factores principales de desestabilización. El terrorismo islámico tiene en jaque a Occidente, y muchos analistas consideran que una hipotética nueva guerra mundial tendría no sería ajena a ese escenario. De aquí la necesidad y la actualidad del mensaje de la encíclica: Dios es amor, y cualquier recurso a la violencia que tome el nombre de Dios como bandera, es una profanación de su Santo Nombre. El cristianismo está llamado a convencer al mundo secularizado que la fe en Dios es fuente de amor y paz, no de guerras y discordias, como algunos han llegado a creer.
3º.- Uno de los principales indicios del mal moral que padecen los países secularizados de tradición cristiana son las consecuencias de la llamada revolución sexual. Primeramente se disociaron el sexo y la procreación; para finalmente acabar divorciando el sexo del amor. Se pretendía justificar la anticoncepción con la excusa de que había que practicar el sexo para amar y no solo para procrear; y resulta que se ha acabado por disociar el sexo del amor. Frente a esta profunda crisis, la encíclica es un canto maravilloso a la integración del eros y el ágape, las dos dimensiones principales del amor conyugal. Posiblemente éste sea el aspecto que más se ha destacado de la presentación de la encíclica por parte de los medios de comunicación.
4º.- Otra clave importante de interpretación de la encíclica, especialmente en lo que se refiere al segundo capítulo, en el que se habla de las formas en las que se ejerce la caridad en la Iglesia, es la preocupación latente que se percibe en muchos párrafos y expresiones del Papa, por el hecho de que en no pocas obras sociales eclesiales se ha ocultado o perdido la dimensión espiritual, específicamente cristiana, de la caridad.
La Iglesia no es una mera ONG. No puede reducirse a un mero servicio social. Su cometido es llevar el amor de Cristo a todos. El mundo debe de conocer la persona de Cristo a través de las palabras –cuando son oportunas- y a través de las obras de amor desinteresadas de la Iglesia.


5º.- Finalmente, otra clave de compresión de esta encíclica está en el esfuerzo de diálogo y respuesta que hace Benedicto XVI frente a quienes han despreciado la caridad en nombre de la justicia. La encíclica papal distingue los dos conceptos, de justicia y caridad, y muestra como se necesitan mutuamente sin poder prescindir nunca el uno del otro.