
María en La Pasión de Mel Gibson
Pregunta: Muchos comentaristas de la película de La Pasión de Mel Gibson dicen que el personaje más logrado es el de María, interpretado por la actriz rumana Maia Morgenstern. Más allá de la interpretación artística, agradecería que nos diesen unas pinceladas sobre los rasgos teológicos y espirituales de María que más se destacan en esta película.
Respuesta: Estamos de acuerdo en esa apreciación artística; pero como tú mismo sugieres, todavía es más importante la imagen espiritual que se nos trasmite de María en esta película que la mera interpretación, por muy buena que haya sido. Vamos a fijarnos en los aspectos más destacados de la figura de María en la película:
+ Madre: Los apóstoles se dirigen a ella siempre llamándola “madre”. De esta forma, la película enfatiza la maternidad espiritual de María hacia todos nosotros.
+ Confianza Madre Hijo: Uno de los flashback de la película remite a la escena de la vida oculta de Nazaret, cuando un Jesús ya adulto trabajaba de carpintero, viviendo con su madre. Se trata de una escena verdaderamente novedosa en la que se expresa la naturalidad en la relación con su Hijo: la capacidad de bromear, de jugar con su madre, de expresarle cariño, etc¼
+ Pedro ante María: Después de haber negado por tres veces a Jesús, Pedro se presenta ante María, y le confiesa entre lágrimas que ha negado a su Hijo. La diferencia entre la desesperación de Judas y el arrepentimiento de Pedro, entre otras cosas, está aquí: en que Pedro acudió a María. “Otro gallo le hubiese cantado” –y nunca mejor dicho- a Judas si hubiese hecho lo mismo.
+ María y Claudia: Mel Gibson desarrolla bastante el detalle reseñado en el Evangelio de San Mateo: “Mientras él estaba sentado en el tribunal, le mandó a decir su mujer: «No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa»”. (Mt 27, 19). Si la figura misteriosa de Jesús seduce a Pilato (“¿de dónde eres Tú?” Jn 19, 9), la película presenta también a Claudia seducida por la figura de María.
+ Aliento en la pasión: Frente a la tendencia superprotectora del instinto materno, que sobreprotege e intentar impedir cualquier sufrimiento del hijo; María aparece como aquella cuya maternidad espiritual hacia su Hijo y hacia nosotros, es superior a la maternidad meramente carnal. María es un estímulo para que su Hijo mantenga la entrega fiel en el momento de la flagelación, camino de la cruz y en la crucifixión. De modo similar a como Satanás está buscando y procurando el desaliento de Cristo, María le alienta a que se adhiera a la voluntad del Padre, aunque ello suponga para Ella que una espada le atraviese el corazón¼
+ Encuentro camino de la cruz: Es especialmente impactante la escena del encuentro de María con su Hijo camino de la cruz. En un primer momento, bien sea por el temor a no se capaz de aguantar el sufrimiento, bien sea por no saber cómo reaccionar, o por lo que fuere; María duda de si salir al encuentro de Hijo. Finalmente, tras un flashback en el que recuerda el cariño materno con el que envolvió a su hijo en los pequeños sufrimientos de su infancia, ahora corre a abrazar a su Hijo, diciéndole como único argumento: “aquí estoy, Hijo”. Parece como si el sufrimiento fuese aliviado por la mera presencia de la madre.
Jesús consuela a su Madre con una frase bíblica: “Madre, ¿ves cómo hago nuevas todas las cosas?”. El sufrimiento del Hijo y el de la Madre no son inútiles, sino que sirven para la renovación de la humanidad.
+ Los lienzos blancos: Tras la flagelación, María recoge la sangre de Cristo en unos paños blancos que ha recibido de Claudia, la mujer de Pilato. El episodio no tiene desperdicio: María es como la esponja que recoge la sangre de su Hijo, para luego dispensarla en bien de toda la humanidad. Por ello, en María descubrimos el modelo de la Iglesia; la cual es también administradora de la gracia redentora de Cristo.