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Hace algún tiempo, escuché un comentario de tono ridiculizante, criticando la
costumbre de dirigirnos a María, poniéndole por delante el calificativo de
"Virgen María". En opinión de esta persona, esta tradición mariana
es indicativa de una teología superada, sin base bíblica alguna, y de una
antropología negativa que esconde un desprecio al matrimonio. ¿Qué hay de
cierto en esto?
Respuesta:
En primer lugar, no es cierto que el apelativo de "virgen" para
designar a María no tenga base bíblica alguna. Ahí está la profecía de Isaías
7, 14, que es citada por Mateo 1, 23: "Mirad, la virgen concebirá y dará
a luz un hijo". Pero, sobre todo, es la narración del evangelio de
Lucas 1, 27 la que describe a María con este termino: "El ángel
Gabriel fue enviado por Dios a una virgen desposada con un hombre llamado José,
de la casa de David; la virgen se llamaba María".
¿Por qué tenemos la costumbre de llamar a María con el nombre de la
"Virgen María"? Se trata de una tradición española e
hispanoamericana, ya que en otras naciones se la designa con otros apelativos:
"Nuestra Señora" en Francia, o "La Señora" en Italia,
etc...
No es cierto que el reconocimiento de María con el atributo de la
virginidad nos esté desviando la atención a cuestiones periféricas y
secundarias de la figura de María. ¡Todo lo contrario! Ese atributo es
esencial, y nos centra en lo sustancial de la vocación de María. La virginidad
es mucho más que una cuestión física. Implica también la voluntad y los
afectos del corazón. De la misma forma que en el matrimonio la sexualidad es
expresión de la vocación a la comunión de amor, la virginidad es igualmente
expresión de la vocación de entrega plena e indivisa a Dios. Por lo tanto, el
sentido bíblico y religioso de la virginidad va mucho más allá de la
abstinencia sexual, e implica una relación esponsal con Dios.
Añadamos a esto que María no es "una virgen", sino "la
Virgen". Es decir, le atribuimos la virginidad en el grado máximo. Ella es
el modelo de todas las personas consagradas a Dios con un corazón virginal, es
decir, con un corazón indiviso.
Esto no quiere decir que María no sea también modelo de todos los
vocacionados al matrimonio. Lo es también, pero fijémonos en que la tradición
cristiana ha tomado a María y a José como modelo de familia cristiana, junto
con Jesús; y no los ha propuesto tanto como modelo de matrimonio. El motivo es
claro: su matrimonio tenía unas peculiaridades que lo hacían excepcional. Nos
estamos refiriendo, especialmente, a la intención que María y José tenían de
vivir virginalmente, en medio de su unión esponsal. Sólo así se puede
entender la respuesta de María al ángel cuando éste le anuncia que será
madre, estando ya desposada con José: "¿cómo será esto, si no
conozco varón?"
En cualquier caso, cuando María pronunció el "hágase en mí
según tu Palabra" lo estaba haciendo con un corazón virginal y, a su
vez, estaba siendo modelo para todos aquellos que en vocaciones muy diversas,
estamos llamados a tomarnos en serio la llamada a la santidad, que no consiste
en otra cosa que en la búsqueda incondicional de la voluntad de Dios.