El enigma científico de la Guadalupan
aPregunta: El próximo
30 de julio, Dios mediante, Juan Pablo II canonizará en Guadalupe (México) al
indio Juan Diego, a quien se apareció en 1531 una “Señora del Cielo”,
dejando impresa su imagen en la tilma del indígena. Hemos oído hablar de los
descubrimientos científicos a este respecto. ¿Podrían explicarnos los
descubrimientos científicos hechos en la misteriosa imagen gaudalupana?
Respuesta:
Cuauhtlatoatzin era un indio de la clase baja del Imperio Azteca. Hacia 1524 tomó
el nombre de Juan Diego al convertirse al cristianismo junto con su esposa, la
cual falleció en 1529. El 9 de diciembre de 1531 se le apareció una Señora
que le habló en su lengua nativa, el nahuatl. El documento más antiguo que lo
relata es el Nican Mopohua, escrito poco antes de la muerte
de Juan Diego (1548) por Antonio Valeriano. “Se refiere aquí cómo hace poco,
milagrosamente se apareció la perfecta Virgen Santa María Madre de Dios,
nuestra Reina, allá en el Tepeyac, de renombre Guadalupe...”
La Virgen le encargó a este indio converso que pidiera al obispo la
edificación de un templo dedicado a Ella en ese cerro del Tepeyac. Juan Diego
acude al primer obispo de México, el vasco Juan de Zumárraga, y le transmite
el mensaje. El obispo no le cree, pero ante la insistencia del indio, le pide
una señal de que lo que dice es cierto. En una nueva aparición el 12 de
diciembre, la Virgen le hace recoger a Juan Diego unas rosas de Castilla, algo
imposible en aquella época del año; el indio las guarda en su tilma y se las
lleva al obispo. Cuando llega ante éste, al desenvolver la tilma, mientras las
rosas caían al suelo ante el asombro de los presentes, se formó en aquélla la
imagen de una bellísima joven, de rostro ovalado y piel morena.
Desde el punto de vista estético, es una imagen de belleza
extraordinaria, cuya composición guarda lo que los expertos llaman la proporción
dorada o áurea. Diversos símbolos de la imagen colaboraron a que la
Guadalupana sirviera de puente entre la espiritualidad nativa y el cristianismo.
El amor a la Virgen se imprime en todos los estratos sociales, perdurando a lo
largo de los siglos. Personifica protección, esperanza, alivio, ternura,
paz...; los fieles siguen acercándose a ella con confianza de hijos, y creen en
el milagro guadalupano. Pero, ¿en qué consiste exactamente este milagro?
Son muchos los enigmas que encierra el ayate o tilma de Guadalupe, una
prenda que llevaba la gente más humilde de Nueva España. Para empezar, es
sorprendente el estado de conservación de esta pieza, elaborada con fibra de
“agave potule”, planta típica de la región, que suele descomponerse tras
una vida máxima de 20 años. Sin embargo, el ayate de Juan Diego lleva 470 años
sin desgarrarse ni descomponerse, y, por causas desconocidas, es refractario a
la humedad y al polvo, a pesar de que los primeros 116 años no estuvo protegido
por un cristal. Un frasco de ácido nítrico volcado accidentalmente sobre la
imagen en 1791 tampoco dañó el tejido, ni le afectó la bomba que en 1921
destrozó todo lo que había a su alrededor.
En 1936, el premio Nobel de Química Richard Kuhn analizó las fibras de
la imagen guadalupana. Su conclusión
dejó atónitos a todos: en ellas no existe ningún colorante conocido del reino
vegetal, animal o mineral; dado que en aquella época no existían los
colorantes sintéticos, la imagen es inexplicable. Entre 1954-63, Carlos Rivera
sometió el ayate a un minucioso análisis con rayos X, al término del cual
concluyó que la imagen no estaba pintada, sino impregnada.
Estos estudios fueron confirmados
en 1979, cuando dos científicos de la NASA, P. Callagan y J. Brand Smith,
analizaron la imagen con rayos infrarrojos, concluyendo: el ayate carece de
preparación alguna; no hay esbozos previos como los que se descubren en muchas
obras pictóricas; ni hay pinceladas. La técnica empleada para crear la imagen
es absolutamente desconocida. Concluyen que la imagen no tiene explicación
posible, salvo algunos retoques y añadidos (como el ángel y la luna a los pies
de la Virgen), probablemente con la intención de tapar los desperfectos
originados por la inundación de 1629 y preservar los bordes del lienzo.
En 1983 Mario Rojas y Juan Hernández estudiaron las estrellas que
aparecen en el manto de la Virgen, y concluyeron que la disposición de las
mismas coincidía con la posición de las estrellas en el firmamento mexicano el
12 de diciembre de 1531 a las 10 y 37' de la mañana, momento del milagro
guadalupano.
Pero lo más asombroso de la imagen se encuentra en sus ojos, donde las técnicas
modernas de digitalización fotográfica han permitido encontrar el reflejo
diminuto de al menos 13 personas.
Todos los estudios realizados en
la tilma mexicana -sobre su conservación, colorido, estampación de la imagen,
ojos-, pueden resumirse en una palabra: inexplicable. Fue la palabra de Callagan
y Smith en su informe. En efecto, en un primer momento, en 1929, el fotógrafo
A. Marcué descubrió el reflejo de un hombre en el ojo derecho de la
Guadalupana: ¿cómo podía ser, un “hombre con barba” dentro de los ojos de
la Virgen? En 1951 el dibujante Carlos Salinas volvió a apreciar con una lupa
la misma figura. Desde entonces, numerosos oftalmólogos examinaron los ojos de
la Virgen. Uno de ellos, Javier Torroella, firmó en 1956 el primer certificado
médico: se cumplen, como en cualquier ojo vivo, las leyes de Purkinje-Samson,
con el triple reflejo de los objetos localizados enfrente de los ojos, y con la
distorsión normal de las imágenes por la forma curva de las córneas. Otro
oftalmólogo, el doctor Graue, señaló: “Da la sensación de estar viendo un
ojo en vivo, y no puede uno no pensar en algo realmente sobrehumano”.
Pero el estudio más detallado lo ha realizado, desde 1979 y durante 20 años,
el profesor J. Aste Tonsmann, a través de la digitalización fotográfica. Sus
estudios le han permitido descubrir 13 (!) personajes en los ojos de la Virgen.
Entre ellos, se ha identificado a Juan Diego, Zumárraga (muy similar a cómo lo
representan los pintores de la época), su intérprete, un hombre que se agarra
la barba con su mano derecha, un grupo familiar... Todos ellos, además de
repetirse en ambos ojos como lo harían en los de una persona viva, aparecen con
detalles minuciosos en unas córneas de pequeñísimo diámetro (7 y 8 mm), lo
que descarta la posibilidad de haber sido pintados, máxime en una tela tan
burda. Si una obra así es imposible incluso para el hombre de hoy, con mayor
razón en 1531. La teoría de Tonsmann es que la Virgen estaba observando la
escena; cuando Juan Diego desplegó la tilma, la imagen de María se estampó en
el ayate, llevando en sus ojos el reflejo de las personas allí presentes. De
esta manera, la Virgen quiso dejarnos una “fotografía” del acontecimiento.
Algunos estudiosos han señalado el mensaje simbólico que María pudo querer dejarnos: Los hombres y mujeres de todas las razas son iguales ante Dios (aparecen españoles e indios en los ojos de María); la Virgen tiene a la familia en el centro de su mirada (un misterioso grupo familiar aparece en sus pupilas). Por otro lado, como ocurre con la Sábana Santa de Turín, parece que Dios ha querido dejar una prueba especial de la fe a nuestra época cientificista, pues sólo con los medios actuales hemos podido descubrir los misterios encerrados en estas reliquias.