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Especial JMJ

JMJ 2011

Pregunta: Recientemente un periódico de tirada nacional (La gaceta de los Negocios), publicaba una viñeta del humorista Ramón, en la que un señor leía atentamente los titulares de prensa que tenía entre sus manos: "ABORTO", "EUTANASIA", "SUICIDIO ASISTIDO", "REAPERTURA DE FOSAS...; mientras reflexionaba para sí: "¿Y si en vez de cortinas de humo son el humo de un incendio pavoroso?". Con permiso del autor de este chiste gráfico, me sirvo de su aguda consideración para pediros en esta sección que hagáis una reflexión sobre la gravedad moral que se encierra en las iniciativas legales en curso, como en el modo que han sido introducidas.   

sinorigennimetaNada hacía suponer antes del verano que el Gobierno de España fuese a introducir en la presente legislatura las dos iniciativas que, finalmente, se han anunciado en septiembre: la ley de plazos para abortar y la ley de la eutanasia (en palabras del ministro de Sanidad, “suicidio asistido”). El programa electoral del PSOE en las últimas elecciones generales, no incluía tales propuestas e, incluso, destacados dirigentes las habían excluido explícitamente.

La reflexión más extendida sobre este hecho, es que estamos ante una maniobra de distracción de la crisis económica. La oposición acusa al Gobierno de lanzar una cortina de humo para eludir el debate de la economía, y su argumentación principal se centra en que “no hay demanda social” para introducir estas leyes. Inevitablemente, lo que cabe deducir de este planteamiento, es que la cuestión determinante para los ciudadanos es la economía, mientras que el aborto, la eutanasia, el derecho a la educación 

son asuntos menores. Parece claro que los partidos políticos proceden, hoy en día, con la convicción de que la única cuestión ante la cual la opinión pública es verdaderamente sensible y que, en consecuencia, es capaz de poner en peligro la continuidad en el poder, o de posibilitar el acceso a él, es la salud de la economía. ¿Será verdad esto? ¿Hasta tal punto hemos anestesiado nuestra conciencia moral?

Me parece particularmente significativo que la vida humana sea desprotegida legalmente, de forma simultánea, tanto en su inicio como en su fin. ¿Podemos dar por válido el

 

humanae   El pasado 19 de abril, tercer aniversario del inicio de su pontificado, el Papa mantenía un caluroso encuentro con los jóvenes y seminaristas de la ciudad de Nueva York. Escuchando su discurso y viendo las imágenes del encuentro, me acordé de aquel refrán irónico y sugerente: “¡Si los jóvenes supieran y los viejos pudiesen!”. Afortunadamente, la fluidez de la comunicación del Papa anciano con aquellos jóvenes deseosos de recibir su sabiduría de pastor, despejaba el pesimismo del proverbio y nos llenaba de confianza y esperanza hacia las nuevas generaciones. La Iglesia, ciertamente, necesita del dinamismo y de la fuerza de los jóvenes, al mismo tiempo que los jóvenes necesitan de la experiencia y de la sabiduría de la Madre Iglesia.

   El mensaje de Benedicto XVI invitaba a los jóvenes a fijar su mirada en la vida de los santos. Frente a quienes perciben el cristianismo como un cúmulo de mandatos y prohibiciones, los cristianos somos los grandes admiradores de la belleza y de la bondad de Dios. Gracias a esa capacidad de admiración, propia de la sensibilidad que brota de la fe, el joven cristiano está llamado a disfrutar del don de la vida con una intensidad especial. Para ello, el Papa ayudaba a reflexionar a los jóvenes

 

 pio          El alcance que ha adquirido el fenómeno del padre Pío, que será canonizado el 16 de Junio, es digno de reflexión. Su eco popular sin precedentes, sus fenómenos místicos en pleno siglo XX, los frecuentes milagros de los que se vio rodeado a lo largo de su vida y tras su muerte, cuestionan seriamente los presupuestos ideológicos de los que partimos a la hora de discernir la acción de Dios entre nosotros, así como los signos de los tiempos.

            Con frecuencia, se ha considerado que la Iglesia debe de esforzarse por elevar a los altares los modelos de santidad más "próximos" a nuestros modelos culturales. Sin duda alguna, hay una gran verdad en ello, ya que el llamamiento universal a la santidad debe de ser estimulado por la imitación de unos modelos cercanos, y no sólo por la admiración de unos prototipos inalcanzables.

 

Pregunta: El Concilio Vaticano II anima a los laicos a la participación política pero veo en muchas ocasiones que esta participación por parte de muchos de ellos conlleva casi inexorablemente concesiones a la vida política que hace que los valores morales y de fe católica se vean sometidas a las exigencias partidistas. ¿Cómo podríamos iluminar esta situación a la vez que animamos a los cristianos a nuestra participación política?

dos_senores   A diferencia de los paganos, los primeros cristianos se caracterizaron por no tener más “señor” que a Jesucristo, hasta el punto de que su negativa a adorar el César, llegó a ser el motivo del martirio de muchos de ellos. San Pablo lo tenía muy claro cuando proclamaba: «Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra, y toda lengua proclame: Jesús es Señor, para gloria de Dios Padre» (Flp 2, 10-11). También en nuestros días, los cristianos tenemos la misma tentación de “servir a dos señores”, sobre la que nos advirtió Jesucristo: «Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro» (Mt 6, 24).

   ¿Sobre qué peligros concretos nos estaba advirtiendo Jesús? Son muchas las combinaciones a las que cabe aplicar la enseñanza evangélica de los “dos señores”: Dios y el dinero, Dios y la fama, Dios y el placer  “Dios y la política”.

   Desde una perspectiva mediática, al igual que ocurre con otras muchas realidades, los católicos suelen ser juzgados y encasillados en dos bandos: derechas e izquierdas. Sin embargo, la lectura desde el punto de vista evangélico es muy diferente. En realidad, los cristianos se dividen en dos grupos: aquellos para los cuales su adscripción política tiene más peso que su fe católica, y aquellos otros, para los cuales la fe católica es más determinante que su sensibilidad política.

   En efecto, la vinculación política llega a tener, en ocasiones, tanta influencia en la vida de muchos creyentes, que limita en gran manera la libertad evangélica necesaria para juzgar y discernir las ideologías de este mundo, desde el espíritu de Jesucristo. Por desgracia, hay creyentes que en la práctica llegan a condicionar la aceptación del Magisterio eclesial, al pronunciamiento –favorable o contrario- del partido político

 

Pregunta: Queridos amigos de Loiola, tengo una duda terminológica, que es al respecto de la palabra "laicidad". El término "laico" se suele utilizar en contraposición al "clérigo" o "religioso" y ciertamente es un término positivo. Sin embargo la palabra "laicidad" o "laicismo" tienen una connotación negativa, de distanciamiento de lo religioso. ¿Podrían explicarme el término?

     A propósito de lo que haces mención, el reciente viaje apostólico de Benedicto XVI, nos ha ofrecido reflexiones importantes, especialmente valiosas para delimitar ese término por el cual tú preguntas, más en concreto refiriéndose al concepto de “laicidad positiva”, en el que han coincidido Benedicto XVI y el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy. El término no es nuevo. En octubre de 2005 ya había sido formulado en una carta escrita por el Papa al presidente del Senado italiano. Las palabras de Benedicto XVI dirigidas a Sarkozy eran significativas: "La desconfianza del pasado se ha transformado paulatinamente en un diálogo sereno y positivo, que se consolida cada vez más". El discurso

 
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