Queridos hermanos concelebrantes, queridos devotos de nuestro Patrono San Sebastián, queridos donostiarras y queridas autoridades:
El Evangelio de San Juan que hemos proclamado presenta ante nosotros el ideal del martirio, no como algo excepcional, sino como una vocación común a todos los cristianos. Ciertamente, son pocos los cristianos que son llamados a testimoniar la fe mediante el martirio corporal o físico. Sin embargo, según leemos en el Evangelio, es connatural a la condición de los discípulos de Jesús, el no encontrar un fácil “encaje” en el espíritu de este mundo.
En efecto, los cristianos estamos llamados a vivir en este mundo, pero sin ser de este mundo. La gran tentación que hoy en día podemos sufrir los creyentes es la de ser ‘arrastrados’ y ‘absorbidos’ por el espíritu mundano, de forma que terminemos por pensar, sentir y actuar, como si Dios no existiese. Es más, con frecuencia suele entenderse que un cristiano sólo puede ser moderno o progresista, cuando ha asumido íntegramente los postulados de la cultura secularizada. Ser cristiano así, en la práctica, implicaría perder la identidad que nos es propia, hasta el punto de resultar ‘fagocitados” por el ambiente.