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Pero no hizo falta, la joven empezó a hablar con su padre, quejándose entre sollozo y sollozo acerca de su vida y de los obstáculos que incomprensiblemente le surgían al paso y de lo difícil que era para ella alcanzar las metas que se fijaba, por más que se había preparado, finalmente habían desechado su solicitud para aquel puesto de trabajo… José solo la escuchaba atentamente y la dejaba hablar Leer más...
Cuando se había alejado seis calles de su casa, se encontró con un parque, estaba cansado y decidió descansar en uno de sus bancos. En el banco del frente observo a una viejecita, con aspecto humilde y vestidos raídos, que contemplaba algunas palomas. El niño se sentó junto a ella y abrió su maletita. Estaba a punto de tomarse su zumo cuando notó que la viejecita se veía hambrienta, entonces el le ofreció un panecillo. Ella agradecida lo acepto y sonrió. Su sonrisa era tan hermosa y profunda que el niño quiso verla nuevamente, entonces le ofreció un zumo, de nuevo ella le sonrió. ¡El niño estaba encantado! Se quedaron sentados toda la tarde comiendo y sonriendo, pero nunca dijeron ni una sola palabra, la sola presencia de la anciana le daba seguridad, confianza y despertaba en él los más nobles sentimientos. Tan pronto como empezó a oscurecer, el niño preocupado |
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Hacía rato que José se paseaba de un lado al otro de la casa sin dejar de mirar el reloj. Eran las 12h de la noche, su hija aún no había regresado y su angustia aumentaba por momentos. Cuando de repente se abrió la puerta y allí estaba ella con sus ojos anegados en lágrimas. José la miró y adelantándose hacia ella, la apretó fuertemente y amorosamente contra su pecho, sin decirle nada, las preguntas vendrían después, el sabía que cualquier cosa que pudiera decir en aquel momento podría ser contraproducente…
Había una vez un pequeño niño quien quería conocer a Dios. Sabía que sería un largo viaje para llegar a donde Dios vivía, entonces preparó su pequeña maleta con unos cuantos panecillos y un paquete de seis cajitas de zumos naturales antes de emprender su partida.
La madre estaba de pie al lado de la cama de su hijo de seis años, enfermo de leucemia. Aunque su corazón estaba lleno de tristeza y angustia, también tenía un fuerte sentimiento de determinación. Como cualquier otra madre, quería que su hijo creciera y realizara sus sueños. Ahora, eso no sería más posible, por causa de la enfermedad. Pero, aún así, todavía quería que aquel sueño de su hijo se transformara en realidad.
Había una vez un pequeño hoyito en la tierra donde vivía un gusanito, que se llamaba Gusanín. Él se sentía muy solo y triste porque nadie lo quería, decían que no hacía nada bien. Siempre intentaba hacer cosas nuevas pero nada le salía bien. Una vez se subió a un hermoso árbol para que los demás animales lo vieran y lo aceptaran, esperando dijeran:


