Llamada
de Dios
Pregunta: Me planteo muchas veces si tendré vocación de religiosa.
Yo le pido al Señor que me de luz para descubrir su voluntad, pero no
termino de verlo claro. ¿Cómo puedo conocer la llamada de Dios?
¿Existe algunos criterios para discernir la vocación a la vida
consagrada?
Respuesta: Esa inquietud que experimentas puede ser en sí misma un indicio
a tener en cuenta, aunque es claro que de eso sólo no se puede extraer
una conclusión definitiva. De hecho, algunas personas pueden confundir
la llamada a la santidad que tenemos todos los cristianos con la llamada especial
a seguir a Cristo en el sacerdocio o en las diversas formas de vida consagrada.
Sin embargo, aunque todos estemos llamados a la santidad, son muy diferentes
las formas en las que Dios nos llama al matrimonio o a la vida consagrada. La
primera, la vocación al matrimonio, no necesita de ninguna llamada especial
de Dios, ya que en nuestra misma naturaleza Dios ha puesto la atracción
hacia el otro sexo; de forma que cuando se da un enamoramiento convenientemente
discernido, ya es suficiente criterio para conocer la vocación que Dios
nos da. (En la medida que El no nos ha mostrado otro camino).
Ahora bien, la vocación a la vida consagrada necesita una forma de llamada
más específica que trascienda la atracción hacia el otro
sexo. Es decir, el que a alguien le gusten los chicos o las chicas, no es signo
de que no tenga vocación (más bien habría que decir que
es una condición necesaria para poder tenerla). La vocación religiosa,
sin embargo, sin negar la tendencia natural, es una llamada a otra vocación
superior: la unión directa con Cristo como esposo.
El mejor signo de que la vocación a la vida religiosa es auténtica,
lo tenemos en que el cristiano reciba la "gracia" de sublimar o trascender
la atracción natural por el otro sexo, por motivo de estar llamado a
unirse directamente con Cristo. Dicho de otra forma: si un cristiano percibe
esa posible llamada de Cristo -que supone renuncia al matrimonio- como una posibilidad
que le llena de paz y gozo -aunque eso tampoco quiere decir que no le cueste-,
entonces hay un signo de vocación muy fuerte. La explicación es
sencilla: si no hay llamada de Dios, no es explicable una atracción por
la consagración religiosa -que supone la sublimación de la llamada
de la naturaleza-.
A este aspecto esencial del discernimiento, podemos y debemos añadir
también otros de gran importancia: el celo apostólico entendido
como una prolongación del pastoreo de Cristo, la gracia del desprendimiento
de bienes materiales y de planes personales, el sentido comunitario de cara
a la vida religiosa o al ministerio sacerdotal, etc...
Como puedes imaginarte, todo esto no puede discernirse en una tarde, ya que
podría llevarnos a confundir la vocación con un impacto emocional.
Es importante dejar correr un tiempo para comprobar si esa llamada es auténtica,
o es "viento de primavera". Pero también es importante cuidar
como "oro en paño" esa posible vocación. Como alguien
que mete en la caja fuerte un tesoro que ha descubierto, debes de iniciar una
dirección espiritual con un sacerdote santo que te introduzca en al vida
espiritual y te ayude a discernir los caminos de Dios para ti. Esto último
es muy importante. Algunos desconfían, pensando en que si inician una
dirección espiritual, estarán conducidos irremisiblemente a ingresar
en el noviciado o en el seminario. ¡Qué confundidos están!
Olvidan que es el Espíritu Santo quien conduce la historia de nuestra
vida y nadie más. Su temor esconde falta de confianza en que la llamada
de Dios, sea la que fuere, es el único camino de felicidad plena.
Y nos puede ayudar también conocer que cada vocación es distinta,
en el sentido de que Dios se sirve de formas distintas para hacer llegar su
llamada. A veces es por un camino muy sensible (algunos sienten la llamada de
Dios de una forma muy fuerte en la oración). Otras veces es a través
de la atracción de un buen testimonio vocacional (como si sintiesen la
llamada a imitar ese tipo de vida que ven con admiración en otra persona).
En ocasiones, también puede llamar Dios a través de la palabra
de alguna persona que nos puede lanzar una invitación a pensárnoslo.
Y seguro que habría que añadir otras muchas formas de hacer llegar
esa llamada...
En cualquier caso, el elemento definitivo para autentificar la vocación
de Dios no es otro que el discernimiento de la Iglesia. En efecto, un signo
infalible de vocación es la perseverancia en el noviciado o el seminario
hasta el final. Si Dios da la gracia de la perseverancia gozosa y la Iglesia
discierne que el candidato tiene las cualidades mínimas, no hay duda
alguna sobre la vocación. Podría ocurrir que las personas con
tendencia insegura y dubitativa no se sientan plenamente seguras de la llamada
de Dios hasta este momento. Pero llegados aquí, en el mismo discernimiento
de la Iglesia, escuchamos la llamada de Dios.
Por eso, tras haber intentado responder a tu pregunta, añadimos dos consejos
a modo de resumen: no tengas miedo a la voluntad de Dios; y, por otra parte,
confía en que Dios se muestra a los que le buscan sinceramente. No dudes
en ponerte en camino. El va a tu lado.