SEMBLANZA DE LADIS ACEÑA
Recientemente fallecido, Ladis Aceña ha sido un donostiarra, destacado miembro del movimiento de los Focolares. Su profunda experiencia de fe se hizo especialmente intensa en los momentos de mayor gravedad en su enfermedad. Recogemos una semblanza sobre su vida y espiritualidad leída en su funeral, en San Sebastián.
Ahora nos gustaría donar algo que Ladis habría estado contentísimo de hacer personalmente. Tenemos algunos testimonios que hemos recogido y algunas cartas suyas que expresan cómo ha intentado vivir y que nos ayudan a entender la profundidad espiritual de este último período de su vida. Siendo ya un cristiano profundamente convencido y practicante, en el año 1969 conoció el Movimiento de los focolares, el cual -nos contaban ayer sus hijos- no sólo reforzó todo aquello que había aprendido de pequeño sino que le llevó a vivirlo con una mayor convicción y entrega. En los primeros meses del año 95 escribe a Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, para contarle lo que había significado para él personalmente y para su familia el haber conocido y profundizado en esta espiritualidad tan enraizada en el amor que Jesús propone y en su testamento: "Padre, que todos sean uno". Al final de esta carta Ladis le pide a Chiara alguna frase del Evangelio que le sirviese como programa para toda su vida. Chiara le responde el 4 de Julio del mismo año y entre otras cosas le dice: He elegido para ti esta frase de la primera carta de San Pablo a los Corintios: "Ahora permanecen estas tres virtudes : la fe, la esperanza y la caridad. Pero la más excelente de ellas es la caridad." (1Cor,13,13) Y continúa la carta: te deseo que éste sea tu programa: "refinar la caridad, alimentarla con la oración y la Eucaristía, ser caridad para todos. De hecho, el fin general de todos los miembros del Movimiento es la perfección de la caridad." Rezo por tu salud y te mando saludos para ti y tu familia.
Ladis, verdaderamente, ha vivido este refinar nuestra vida con la caridad. Ayer uno de sus familiares decía cuánto le había impactado y cuánto le había servido para su vida una frase que Ladis le había dicho: "No tenemos que intentar cambiar a las personas, tenemos que amarlas tal y como son." El 14 de febrero de 1997 escribe a los miembros de su grupo: «He leído un pensamiento que dice: "algunas veces esta vida nos pide un abandono en Dios para nada fácil, que exige una gran generosidad, incluso heroica.. Solo con actos de confianza plena en Dios permitimos su ayuda directa en aquello que más nos preocupa." Es así como estoy tratando de vivir en cada momento presente la voluntad de Dios poniendo todo en su corazón: esta lenta mejoría y todo lo que me pueda preocupar. También trato de ofrecerle cada circunstancia de dolor a Jesús diciéndole: "Tú eres Señor mi único bien". Y así me vienen enseguida la paz, la paciencia y la alegría. En el hospital cuando salgo a dar un paseo y encuentro algún enfermo que está en mi misma situación, trato de decirle una palabra de ánimo o le ofrezco el periódico, alegrándome de que se mejoren y estén menos tiempo que yo en el hospital (aquí soy el más veterano). Trato de amarles haciendo mías sus alegrías, preocupaciones y sufrimientos». Y se despedía diciendo: «Deseo que esto os sirva a todos vosotros». Poco después escribe a Chiara Lubich: «Te escribo desde el hospital, donde llevo dos meses, para contarte cómo está mi alma y mi relación con Dios en este largo proceso. Cuando vine aquí tenía sólo una idea en la cabeza: Hacer la voluntad de Dios en cada momento presente. Esta idea ha ido tomando cuerpo cada vez más dentro de mi, dándome mucha paz. Un día estando en cama el sacerdote vino a traerme la comunión. Después de recibirla, sentí una fuerte presencia de Jesús y con los ojos llenos de lágrimas le dije: "¿Qué importa la salud o que todo salga bien?. Esta no es la meta de mi vida, para mi lo importante es hacer Tu voluntad." Y enseguida experimenté una gran alegría. Con respecto a mis hijos le he dicho a Dios Padre: "Trini y yo sabemos que por encima de todo son hijos tuyos, te los confío a ti. Tú sabrás como cuidarlos". Esto me ayuda a no estar apegado a nada.»
Os podéis imaginar lo que ha supuesto para su familia y para los amigos que compartimos con él este estilo de vida, el testimonio que Ladis nos ha dado en estos dos últimos años y sobre todo en estos últimos días, en los que ha vivido una intensa relación con Dios que transmitía a cada persona que encontraba, con un amor verdaderamente refinado. En estos últimos días ha dicho palabras que tenían la fuerza de un testamento espiritual. Hablando de su enfermedad decía: «Debo recorrer el mismo camino que Jesús. He sufrido mucho, pero he intentado ofrecerlo todo por los demás». A los miembros de su grupo, cuando fueron a verle les dijo: «Vivid por la unidad, no esperéis al final de vuestra vida para hacerlo. Empezad ya desde ahora.» Y al despedirse: «Unidos para siempre». En estos últimos días estaba casi constantemente en compañía de su mujer y de sus dos hijos, que le hacían experimentar la presencia de Jesús que El promete cuando dice en el Evangelio: «Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Y le recordaban el amor de María por El. Esta misa no queríamos que fuese solamente un funeral para pedir por el alma de Ladis sino también una misa de acción para dar gracias a Dios por habernos donado a alguien como Ladis: una persona que nos ha enseñado y nos ha ayudado a vivir en la tierra como en el cielo.