¿La
Iglesia se metió en política?Pregunta: A algunas personas les pareció mal que la Iglesia apoyase la manifestación del día 18 de Junio, convocada por el Foro de la Familia. Les resultó ofensivo ver a algunos obispos dentro de una manifestación. Les parecía que si la Conferencia Episcopal se unía a esa iniciativa, estaría igualmente obligada a apoyar en la misma medida y forma cualquier otra convocatoria que se ajustase a los principios católicos: manifestaciones contra la guerra, contra la pobreza del Tercer Mundo, etc?
Respuesta: Tu duda refleja sin duda refleja
el sufrimiento de muchos católicos de buena voluntad que están
sufriendo estos días ante la presión mediática -auténtico
chaparrón- que se ha producido por motivo de la apoyo de la jerarquía
católica a la manifestación convocada por el Foro de la Familia.
Meses antes de que el Foro de la Familia hubiese convocado la famosa y exitosa
manifestación del 18 de Junio, con el lema “La familia sí
importa”, el Secretario de la Conferencia Episcopal había respondido
a los periodistas que la Iglesia no organizaría manifestaciones, pero
que se reservaba el derecho de apoyar las convocatorias organizadas por los
laicos, en la medida en que lo estimase oportuno.
Evidentemente la Iglesia Católica no puede estar asistiendo y convocando
oficialmente a sus fieles a todas las iniciativas en favor de causas justas
que se convocan. ¡Los obispos estarían todos los días de
manifestaciones!
¿Se deduce de aquí que no deberían de acudir a manifestación
alguna para que luego no se les puede echar en cara nada? En absoluto. Existen
situaciones excepcionales, que requieren una respuesta excepcional. Por ejemplo,
a nadie le llamo la atención que los obispos acudiesen a las manifestaciones
tras los atentados del 11-J o tras el asesinato de Miguel Angel Blanco. Todo
el mundo comprendía que aquello era excepcional, y a nadie se le pasaba
por la cabeza acusarles de no haber acudido a una manifestación a favor
del 0'7% o en pro del equilibrio ecológico, por poner un ejemplo.
Para entender la asistencia de los obispos a esta manifestación del 18-J
hay que comprender la gravedad y la excepcionalidad de la situación que
estamos viviendo en España. ¡¡Vamos a ser el primer país
del mundo en el que el matrimonio deja de ser la unión del hombre y la
mujer!! Más aún, si en adelante alguien quiere educar a sus hijos
en una antropología natural, se va a encontrar sin respaldo legal para
ello, y podrá ser acusado de homofobia por no respetar la plena equiparación
de la homosexualidad a la heterosexualidad en el orden legal del estado español.
Por otra parte, ante las acusaciones que se están dirigiendo por la no
convocatoria oficial de la jerarquía católica a la manifestación
contra la pobreza (a título particular asistieron dos obispos y mucho
clero, como siempre ocurre en toda convocatoria por una causa justa), debemos
denunciar la hipocresía que se esconde en esas acusaciones: Antes que
se inventase la palabra "ONG", la Iglesia Católica ya había
dedicado lo mejor de sus recursos humanos y materiales en favor de los pobres
del Tercer Mundo. La Iglesia no ha destinado un 0'7% de sus recursos a favor
de la pobreza... no, ha dado muchísimo más -especialmente en recursos
humanos- . ¿Cuánto aportan de sus presupuestos privados los partidos
políticos o las asociaciones de gays y lesbianas para el Tercer Mundo?
¡Absolutamente nada!
Como bien respondió el cardenal de Madrid en una entrevista que le hizo
el Diario El Mundo, "que no le quepa duda a nadie que si un gobierno promulgase
una ley prohibiendo el envío de divisas al exterior de nuestro país
(a favor del Tercer Mundo), la Iglesia apoyaría oficialmente las iniciativas
contra esa medida". Pero caigamos en cuenta de que, justamente, es en ese
mismo nivel de excepcionalidad en el que nos estamos movimiento en la reforma
legislativa que está teniendo lugar en España.
Por ello, está claro que no es cuestión de acomplejarnos por el
chaparrón mediático que está cayendo sobre la Iglesia Católica.
Es un indicio claro e inequívoco de que la manifestación del 18´J
tuvo un gran éxito y eso ha dolido a los enemigos de le verdad. A toda
esta gente hay que decirle bien claro que "no distinguir es sinónimo
de confundir", que es lo que ellos están intentando hacer con la
opinión pública.