Insignias episcopales
Pregunta: La ordenación de José Ignacio en la catedral de Palencia nos hizo caer en cuenta a muchos de los allí presentes del tesoro tan grande que se encierra en la liturgia. A mi me impactó especialmente el momento de la entrega de las insignias episcopales: el anillo, el báculo y la mitra. ¿Nos podrían explicar con más detalle su significado?
Respuesta: El uso de insignias es patrimonio de todas las civilizaciones. La Iglesia, como comunidad divina y humana, se adapta en parte a los contextos socioculturales de su entorno. Así se han ido creando las insignias eclesiásticas, ya que es propio de nuestra condición humana ser llevados a las realidades espirituales por medio de signos visibles.
Destacan entre las insignias episcopales el anillo, el báculo y la mitra, sin olvidar el pectoral, que aunque no es entregado dentro de la liturgia de ordenación, es también un distintivo del obispo. Vamos a intentar explicar su significado:
El pectoral: Es la cruz que cuelga del pecho con una cadena. Recuerda la Pasión del Señor, como momento supremo de su entrega por la redención del mundo. El obispo, al portar siempre sobre sí la cruz bendita, se siente invitado a hacer suyas las palabras de San Pablo: “Estoy crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (Ga 2, 19). No se trata de una serie de palabras poéticas; ya que para realizar este misterio de identificación con Jesucristo, el obispo debe disponerse a “crucificar” al hombre viejo que todos llevamos en nosotros. Sus criterios, sentimientos, decisiones, silencios, etc¼ deben todos ellos estar purificados por la cruz del Señor. (Si el pectoral no suele ser entregado dentro de la ceremonia de ordenación episcopal, es por motivo de que no es privativo de los obispos. En efecto, muchos cristianos llevan desde su infancia una cruz colgada al pecho, y el significado de esa cruz es similar al que hemos explicado. Lo cual no quita el que este distintivo externo alcance una particular significación en el obispo.)
El anillo episcopal: Simboliza el desposorio del obispo con la Iglesia, a la cual entrega toda su vida con una fidelidad incorruptible, con paciencia incansable y sin descuidar la gracia que le ha sido conferida. El obispo es un enamorado de Cristo que debe procurar que la humanidad entera se enamore también del Señor. Para que esto sea posible, el obispo debe de seguir el consejo de San Pablo: “Los obispos deben de ser modelo para sus cristianos”. Por la plenitud del Sacramento del Orden, la vida del obispo queda consagrada a alimentar y enriquecer a su Iglesia, de la misma forma en que él es amado con amor de predilección.
El báculo: Es el signo exterior de la tarea pastoral del obispo, quien en nombre de Cristo apacienta a la Iglesia de Dios. Llevando en su mano el cayado del pastor, el obispo debe de congregar el rebaño que le ha sido encomendado, conduciéndolo con actitud de servicio y distinguiéndose por su espíritu de amor y de preocupación para con todos. No olvidemos que el cayado del pastor sirve también como garrote firme con el que espantar a los lobos y otros enemigos del rebaño¼ Quien no está dispuesto a enfrentarse a los enemigos del rebaño, será incapaz de alimentar a las ovejas con buenos pastos.
La mitra: Significa la “preeminencia en la santidad”. Nos explicamos: San Juan Crisóstomo dice en un texto que el rey Saul sobresalía entre los demás por su buena estatura. Este texto fue utilizado posteriormente como metáfora para decir que el obispo debe de sobresalir entre las demás en la santidad. Así como al vestir la mitra, se realza la altura entre la multitud, eso debe de ocurrir en la santidad. El ritual de la ordenación es suficientemente explícito cuando dice al nuevo obispo en el momento en que le impone la mitra: “brille en ti el resplandor de la santidad, para que, cuando aparezca el Príncipe de los pastores, merezcas la corona de gloria que no se marchita”. Tengamos en cuenta que la autoridad en la Iglesia no está ligada infaliblemente a la santidad. Una cosa es tener la máxima autoridad en la Iglesia y otra cosa es ser santo. La Iglesia le recuerda al obispo que la auténtica corona, no es la de los reyes, que simboliza el poder en este mundo, sino la corona de santidad. Por lo tanto, la mitra es un recuerdo de que la autoridad y la santidad están fundirse. De hecho, en Cristo autoridad y santidad era una sola cosa. La mitra, por lo tanto, es pues un referente a que valoremos la santidad sobre todo. Es como una flecha que apunta al Cielo.