Caridad de oro, plata o bronce

   

Pregunta: Ya sabemos que la virtud principal es la caridad. Pero lo difícil es llegar a practicarla. Por regla general, nos suele gustar ser caritativos, pero hay muchos grados a la hora de serlo. Quisiera que me diesen algunas orientaciones y consejos para ir creciendo en esta virtud.

 

Respuesta: El grado de caridad que tenemos, está en relación con varios factores: amor a Dios, superación de los apegos materiales, olvido de uno mismo, etc... Todo ello hace que, efectivamente, existan distintos niveles en la vivencia de esta hermosa virtud. Aunque de una forma arbitraria, vamos a describirla en tres grados:

     Caridad de bronce: Llamamos con este nombre a la caridad de aquellos que se entregan al servicio del prójimo, siempre y cuando esta caridad "les venga bien", y no les exija cambiar sus planes personales de ocio, etc... No hay que despreciarla por el hecho de que sea inferior a la de plata y oro. Es también caridad, aunque imperfecta. Lo importante es tomar conciencia de la necesidad de seguir creciendo.

     Caridad de plata: Llamamos con este nombre a la caridad de aquellos que se entregan al servicio del prójimo en función de la necesidad de éste, y no tanto de la conveniencia propia. Este segundo grado no puede alcanzarse sin ejercitar la mortificación personal. Es un avance importante con respecto a la caridad de bronce, ya que supone el olvido de uno mismo, de forma que no busquemos ya la propia satisfacción, sino el bien del prójimo.

     Caridad de oro: Llamamos con este nombre a la caridad de aquellos que se entregan al servicio del prójimo, viendo en él el rostro de Cristo, y movidos plenamente por el Espíritu Santo. Tiene muchas similitudes con el segundo grado, pero la gran diferencia es que en la caridad de oro, nos reconocemos como instrumentos de Dios en su deseo de amar a todos los hombres. Este tercer grado de caridad no sólo nos permite el olvido de nosotros mismos, sino que nos lleva a amar más allá de nuestra limitada capacidad, convirtiendo nuestros actos de caridad en caricias de Dios a la humanidad.

     El mejor consejo para crecer en la virtud de la caridad es el que nos daba Sto Tomás de Aquino: ejercitar "toda" la capacidad caritativa que tengamos, según el grado en el que nos encontremos. El problema no es que estemos en el segundo o tercer grado, sino que nos "reservemos", sin desarrollar todas nuestras capacidades. Dicho en términos matemáticos: Si tuviésemos siete puntos de caridad, solamente podríamos crecer en el caso de que empleásemos los siete en nuestras obras de caridad. Por el contrario, el amor que no se entrega, lejos de crecer, está condenado al retroceso.