AHORA ES TIEMPO DE GRACIA
Los tiempos están cambiado mucho, en lo que se refiere a la receptividad de los jóvenes hacia la religión. No hace mucho tiempo declaraba un conocido filósofo, profesor de universidad: "Hace 25 años, cuando hablaba de política a mis alumnos de la universidad, prestaban la máxima atención; sin embargo, al hablarles de religión se burlaban. Hoy en día, cuando les hablo de religión, se interesan; y cuando les hablo de política se ríen".
Los pronósticos que auguraban una juventud cada vez más alejada de la sensibilidad religiosa no se han cumplido. El modernismo ha dejado paso a otra etapa postmoderna en la que muchos padecen un vacío interior durísimo y desde esta situación experimentan la sed de Dios. Es cierto que muchas de estas personas se quedan en un vago sentimiento espiritual, sin llegar al encuentro con el Dios vivo y verdadero, en el marco de una religión, pero quizás esto no sea sólo culpa de ellos...
Por una parte, la política ha acabado hartando o quemando a la mayor parte de la juventud. El cardenal Ratzinger afirmó en una reciente conferencia unas palabras que deberíamos meditar para entender la época en la que vivimos: "Cuando la política promete ser redención, promete demasiado. Cuando pretende hacer la obra de Dios, pasa a ser, no divina, sino demoníaca". Entre nosotros, los vascos, estas palabras las hemos sentido especialmente verdaderas. La juventud politizada está totalmente vacunada contra el mensaje de la Nueva Evangelización. La forma tan visceral con la que la política es vivida, denota una clara idolatría. Cuando el Evangelio nos dice eso de "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con todo tu ser...", en el fondo nos está diciendo que hay algo del corazón que solo a Dios debe de ser entregado. Dar "ese algo" del corazón a unos ideales que no son dignos de esa entrega radical es idolatría.
Tan grande es el desprestigio de la política que nos queda pendiente la tarea de convencer a una juventud escéptica de que la política no es mala en sí, y de que se necesitan hombres de bien para regenerarla.
Ahora, por nuestra parte, lo importante es quitarse complejos y darnos cuenta de que vivimos un "tiempo de gracia", y de que el tesoro que los cristianos llevamos entre manos es justo lo que este mundo postmoderno necesita para salir del agujero de desesperación en el que se encuentra.
El marxismo desembocó en la nada. El liberalismo se resiste más, pero lleva el mismo camino. La historia se muestra como una criba implacable en la que los ideales que no son puros, perecen. Al final, está claro que la Verdad, que es Cristo, triunfará; pero, lo malo, es que por el camino va quedando mucha gente quemada. Por ello, en medio de este "ocaso de las ideologías", el cristianismo predica la pasión por el hombre concreto. Algunos han luchado por ideologías, nosotros luchamos por personas. Nos entregamos por cada persona en particular.
El momento es propicio, la desilusión que las ideologías políticas han generado, puede quedarse en mero pasotismo, o, por el contrario, pueden ser el preámbulo que conduzca al encuentro con Cristo, plenitud de todo hombre y mujer. En gran parte, la cosa va a depender de nosotros.
Como dijo la Virgen de Fátima a aquellos tres pastorcillos: "Son muchas las almas que se condenan por falta de quien rece y se sacrifique por ellas". El cristianismo se trasmite por oración, sacrificio y por "contagio"; sí, por contagio.
«Ahora es tiempo de gracia, ahora es tiempo de salvación»