Experimentar con embriones
Pregunta: He sabido por los medios de comunicación que
el gobierno español ha aprobado en el Consejo de Ministros del 29 de
Octubre (29-X-04) una modificación de la ley de Reproducción Asistida,
de forma que se permite la experimentación con embriones
congelados. La Conferencia Episcopal hizo pública ese
mismo día una nota sobre el tema. Me gustaría que nos ofreciesen
unas orientaciones sobre esta delicada cuestión.
Respuesta: Desgraciadamente, el anterior gobierno
del Partido Popular desperdició una ocasión de oro para reformar
adecuadamente la Ley de Reproducción Asistida de 1988, que es la ley
de la que provienen todos los males en este tema (nos referimos a la acumulación
de los embriones congelados). Ahora este gobierno
no hace sino terminar de inclinar por el mal camino, lo que no había
sido correctamente corregido por el P.P. en Julio del 2003.
El argumento que se utiliza para justificar la experimentación con embriones
es falso, pero perfectamente capaz de manipular a la gran mayoría
de la opinión pública. Lo resumimos primero e intentamos rebatirlo
después: “Si esas decenas de miles de embriones
congelados no son ya queridos para la reproducción; más aún,
si algunos pueden ya no ser viables para esa finalidad reproductiva; ¿por
qué no aprovecharlos para el avance científico, creando células
madre embrionarias que puedan curar enfermedades hoy en día
incurables...?”.
Utilitarismos inmoral: Decía el cardenal Ratzinger en una frase acertadísima:
Es costumbre invocar finalidades buenas para justificar lo injustificable. Una
vez más, se cae en la tentación de que el fin justifique los medios.
Haciendo gala de un egocentrismo absoluto, nos preguntamos “par qué
nos puede servir un embrión”, “qué provecho podemos
extraer de él”, antes de preguntarnos “qué es”
un embrión.
Baste recordar que nuestros políticos van dando largas a la necesidad,
repetidamente expresada, de formular un “estatuto jurídico de los
derechos del embrión”, sabedores de que luego ya no podrían
manipularlo. Prefieren proceder de forma inversa. Primero consienten y dan un
marco legal para la manipulación de embriones a nuestra
conveniencia. Y luego, cuando ya estemos ante hechos consumados, entonces ya
elaboraremos un estatuto jurídico-ético para “proteger”
al embrión, prácticamente ya, de casi nada...
En resumen, por muy bueno que pudiera ser un fin científico, desde el
punto de vista ético, un embrión humano no podrá ser utilizado
nunca para nada que no sea su propio bien. El hombre es un paciente, no un medicamento.
Sacrificar embriones humanos para la experimentación,
solo por el argumento práctico de que no hay otro provecho mejor aparente,
es tanto como experimentar con los condenados de los corredores de la muerte,
supuesto que su muerte es segura.
Por otra parte, una buena prueba de que el utilitarismo es una falsa excusa
(“¡ya que los embriones están ahí,
habrá que darles alguna salida....!”), es el hecho de que se permita
seguir congelando embriones en esta reforma aprobada de la
Ley de Reproducción Asistida. Lo cual supone que no sólo estamos
dando salida a una situación que no va a volver a producirse, sino que
la estamos promoviendo para que siga existiendo la justificación para
continuar con estos sacrificios humanos.
Mentira científica: Pero además, en esta cuestión se está
falseando la realidad científica una y otra vez. Es un hecho que, al
margen de los argumentos éticos expuestos, las células madre que
han tenido éxito en las terapias aplicadas para sanar diversas enfermedades,
han sido las obtenidas desde células adultas (cordón umbilical,
médula ósea, etc..) y no las obtenidas sacrificando embriones
humanos.
Esto es un hecho constatable. Aunque es cierto que las células
madre embrionarias tienen más versatilidad,
es decir, más potencia regeneradora, ocurre inexorablemente que no solo
regeneran las células muertas, sino que también crean tumores
malignos, lo cual hace impensable que los científicos puedan arriesgarse
para utilizarlas en terapia médica.
Y entonces, alguno preguntará: ¿Para qué quieren entonces
algunos científicos ese permiso que el gobierno les ha dado ahora? La
respuesta es clara: se trata de simple experimentación, pero, hoy por
hoy, sin posibilidad de aplicarlas en fines terapéuticos (al contrario
de las células madre adultas).
Para comprobar la veracidad de esto que hemos afirmado, basta acudir a las revistas
científicas especialistas en estas materias, y comprobar el número
de estudios publicados en los que se recogen los avances de aplicación
terapéutica en animales y hombres. Comprobaremos que la práctica
totalidad, se han obtenido en base a células madre adultas.
Manipulación: Para entender la confusión reinante en este tema,
es necesario atrevernos a hacer una denuncia profética de la manipulación
que algunos científicos (caso del equipo de Bernart Soria), han ejercido
y siguen ejerciendo, hacia algunas asociaciones de enfermos crónicos.
Su estrategia consiste en crearles falsas expectativas sobre la curación
de su enfermedad, al mismo tiempo que ocultarles los obstáculos existentes
(con la formación de tumores por motivo de la versatilidad de las células
madre embrionarias) y, por supuesto, obviar o rechazar cualquier planteamiento
ético.
De esta forma, se sirven del sufrimiento de diversos colectivos, para así
utilizarlos como escudo protector ante la opinión pública y ante
los políticos; y de esta forma obtener una ”patente de corso”,
que les permita llevar adelante unas experimentaciones, que no solo no están
al servicio de la dignidad del hombre, sino que ni tan siquiera pueden garantizar
mínimamente una aplicación terapéutica.