¿No hay que exagerar?

 

Pregunta: Con frecuencia tengo que escuchar reproches de compañeros y hasta de familiares que me dicen que hay que ser cristiano, pero si exagerar. Ellos piensan que sería suficiente con cumplir con unos mínimos, pero que un cristiano no tiene porqué tener unos comportamientos diferentes a los de la mayoría. Las formas de vida cristianas más radicales, les parecen propias de una secta fundamentalista, o algo así... ¿Qué puedo pensar de esto?

 

Respuesta: Lo que planteas es muy frecuente, por desgracia. Es fácil confundir hoy el necesario equilibrio con la mediocridad. Se suele alegar la famosa frase de Santo Tomás, "en el medio está la virtud"; y se pretende darle el sentido de que sería igualmente malo ser excesivamente o insuficientemente generoso, misericordioso, caritativo, etc.... Es una falsa interpretación del sentido que Santo Tomás dio a esta expresión; de forma en base a ella la mayoría de las veces se pretende justificar la tibieza y las medias tintas.

Para que nos quede claro que las cosas no van por ahí, baste tener en cuenta que el mismo Santo Tomás hizo suya la expresión del filósofo Aristóteles que decía "La perfección exige la totalidad". Es decir, no basta ser un poco generoso, sino que hay que ser plenamente generoso; ni tampoco basta ser un poco paciente, sino que hemos de ser totalmente paciente, etc....

La interpretación correcta de la expresión "en el medio está la virtud" se refiere no a la intensidad de una virtud, sino a las obras concretas a través de las cuales se pone en práctica la virtud. Por ejemplo, no cabe duda de que tenemos que ser plena y totalmente piadosos, pero a la hora de discernir si debemos de hacer 5 minutos o 5 horas de oración al día, habrá que entender que en el medio está la virtud, y que lo más prudente será quizás optar por un tiempo intermedio, que nos permita profundizar en la vida de oración sin desatender otras obligaciones que podamos tener en nuestra vida. Como éste podríamos poner otros ejemplos: hay que ser plenamente caritativo, pero eso no quiere decir que tenga que dar todo el dinero que tengo en el banco de forma que mis hijos se queden sin un sustento de vida. Es decir, no es lo mismo la intensidad de la virtud, que siempre debiera de ser máxima; que los medios concretos a través de los cuales la ponemos en práctica. Sería falso interpretar que es más caritativo el que dio todos sus ahorros a los pobres dejando desatendida a su familia; ya que a buen seguro no habrá sido el Espíritu Santo quien inspiró ese gesto, sino su mera impulsividad. Es más caritativo el que entregó a los necesitados una cantidad bien discernida según sus posibilidades, y continua atendiendo a sus hijos.

Es decir, con facilidad se nos engaña con eso de que no hay que exagerar en las virtudes. Incluso existe hoy en día una mentalidad que aunque considera perjudiciales los pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza); sin embargo, califica de "exageraciones extremistas" la predicación de las virtudes contrarias. Se trata de los que predican una "moral de prudencia" y rechazan la moral católica, a la que califican de "moral de heroísmo". Así, ocurre que:

- Entre la soberbia y la humildad, proponen un "orgullo digno"

- Entre la avaricia y la generosidad, aceptan una "sana ambición"

- Entre la lujuria y la castidad, prefieren una "naturalidad sensual"

- Entre la ira y la paciencia, optan por un "carácter espontáneo"

- Entre la gula y la templanza, mantienen su "gusto propio"

- Entre la envidia y la caridad, apuestan por un "egoísmo controlado".

- Entre la pereza y la diligencia, plantean una "comodidad moderada"

Sin embargo, ocurre que la sicología de la juventud es tal que «si se le pide mucho, da más; y si se pide poco, no da nada». Por ello, quienes apuntan a una ética mediocre, cosechan los mismos pecados capitales, de los que querían apartarse. Por el contrario, la Iglesia Católica, que predica una "moral de heroísmo", a pesar de la debilidad humana, cosecha frutos.

Es un hecho que los santos vivieron las virtudes de una forma heroica. Así, por ejemplo, San Martín de Porres y el hermano Gárate brillaron por una humildad extrema. Santa María Goreti hizo lo mismo en la defensa de la pureza; y el padre Kolbe testimonió con el martirio de su vida la preeminencia de la caridad. Desde nuestros esquemas secularizados y mediocres, a buen seguro que más de uno le reprocharía a San Maximiliano Kolbe el haber sido tan "exaltado" a la hora de cambiar su vida por la de un preso. Al fin y al cabo, ¿qué practicidad podría tener su gesto? ¿Y si después también mataban al preso, de qué habría servido? Y, ¿qué decir de la humildad de Martín de Porres que se ofrece a ser vendido como esclavo para ayudar a los suyos?, etc...

Es muy frecuente que hoy en día la virtud termine por resultar molesta a quien vive en la medianía; hasta el punto de que llegue a ser calificada de anormalidad la vida del santo, y de prudente la del pecador. Sin embargo, nuestro punto de referencia es Jesucristo, quien no fue ningún "exagerado" ni "extremista", sino el santo de Dios. ¡Que cada uno extraiga las consecuencias!