El auge del esoterismo
Pregunta: Ayer puse la tele y me encuentro con el anuncio de un programa de contenido parapsicológico, cambio de canal¼ y me encuentro con el trasnochado J. J. Benitez hablando de abducciones o.v.n.i. y de que Cristo era extraterrestre. ¿Cual es el motivo queridos amigos de que ante tanta aparente increencia en Dios y en su Iglesia, todavía la gente se crea todas estas patrañas?
Respuesta: Asistimos, en nuestro tiempo, a la proliferación de libros,
revistas, programas radiofónicos y televisivos, de tipo esotérico.
No es fácil encontrar el denominador común en el que se mueven
todas estas manifestaciones. Si por algo se caracterizan, es por ser un auténtico
cóctel: astrología, parasicología, magia, sincretismo
de creencias religiosas, etc. Sin embargo, este "revoltijo" responde
a una demanda: el deseo de conocimiento de lo oculto, lo enigmático,
lo incomprensible. Y esta demanda a la que me refiero, revela unas necesidades
que están ocultas en el hombre moderno: la búsqueda de respuestas
a los interrogantes del ser humano (el futuro, el más allá de
la muerte, etc.) y la necesidad de saciar el deseo de trascendencia en nuestra
vida. Por otra parte, no se puede negar que, junto a estas motivaciones, se
encuentran otras mucho más intrascendentes, como la de salir de la rutina
diaria y buscar sensaciones diferentes, al modo como algunos recurren a las
películas de terror. Es un fenómeno complejo.
Pero, el auge del esoterismo es especialmente merecedor de estudio, en cuanto
que tiene lugar en una sociedad en la que la increencia y el secularismo alcanzan
una fuerte implantación. Incluso, el esoterismo y la increencia, lejos
de ser dos fenómenos opuestos, pueden llegar a ser perfectamente compatibles. ¿Será acaso
el esoterismo un sucedáneo o sustitutivo de la religión?
Frente a esta realidad, cabe la crítica y también la autocrítica.
A las dos me voy a referir brevemente:
_ Crítica al esoterismo: “Cuando el hombre
deja de creer en Dios, termina por creer en cualquier cosa” (Chesterton)
Una primera crítica, es la de falta de rigor científico¼:
psicofonías, campos de energía, ovnis, espectros, etc. Un batiburrillo
tal de datos tomados de distintos campos, le recuerda a uno, aquello del cajón
de sastre en el que hay de todo, pero en el que, a la hora de la verdad, no
se encuentra nada. Pero claro, es evidente que la rigurosidad científica
vende menos que toda esta especie de literatura barata esotérica, que
despierta curiosidad y morbo.
Contrariamente a lo que muchos piensan, el enemigo de la fe no es la razón,
sino la superstición. Es decir, la crisis de la religión no está motivada
por el hecho de que nuestra cultura sea excesivamente racionalista, sino por
todo lo contrario: la crisis de la razón es la que ha provocado el debilitamiento
de la fe, desde el momento en que la filosofía ha renunciado a plantearse
las preguntas por el sentido y la comprensión global de la vida, y se
limita a tratar cuestiones fragmentarias y a refugiarse en la duda y en el
subjetivismo. En definitiva: a más razón, más fe y menos
superstición; y a menos razón, menos fe y más superstición.
También cabe hacer otras críticas, no menos importantes, ya que
el esoterismo responde a un deseo de controlar lo misterioso, lo trascendente,
y ponerlo a nuestro servicio, con el consiguiente peligro de manipulación.
En este sentido, da la impresión de que busca llenar el espacio de religiosidad
que todo hombre lleva en su interior, pero desligándolo de cualquier
exigencia ética en la vida diaria, bien sea personal o social. Sacia
la curiosidad por lo trascendente, sin que exija mayores compromisos morales... ¡Una
religión light!
_ Autocrítica sobre el esoterismo: “No os
avergoncéis jamás del Evangelio” (Juan Pablo II)
Es justo y necesario, también en este tema, que tengamos nuestra dosis
de autocrítica. Sabemos que muchas inquietudes y dudas que buscan ser
satisfechas en el confuso campo del ocultismo esotérico, tienen una
clara respuesta en las Sagradas Escrituras y en el Magisterio de la Iglesia.
Me refiero, principalmente, a las verdades de la fe católica que hacen
referencia a la vida después de la muerte: la existencia del cielo,
infierno, purgatorio, la inmortalidad del alma, la resurrección de la
carne, el juicio final, etc. El problema está en que, a veces, hemos
dejado de predicarlas porque nos resultaban incómodas, o porque pensábamos
que no respondían al lenguaje del hombre moderno. Y ahora, resulta que
el hombre de nuestros días se plantea, fuera de la Iglesia Católica,
esas inquietudes y preguntas legítimas. Y, con perplejidad y preocupación,
vemos proliferar programas de radio y televisión a los que acuden católicos,
pretendiendo encontrar las respuestas que no han encontrado en la Iglesia.
Como ejemplo, pensemos en la difusión que tiene en nuestros días
la creencia en la reencarnación. Ante este hecho, en ocasiones, se ha
echado de menos una exposición clara de la doctrina, que contraponga
a la reencarnación, la inmortalidad del alma y la resurrección
final. De hecho, existen católicos que ni tan siquiera saben que la
reencarnación es incompatible con su credo. En el seno de la Iglesia,
acaso tengamos nuestra parte de culpa, por las veces que hayamos podido silenciar,
y quizá hasta deformar, los contenidos de la fe católica que
profesamos.
Y es que¼ contra el auge del esoterismo, que es uno de tantos signos
de debilitamiento y descomposición de la cultura occidental, el mejor
remedio es la fidelidad a nuestra fe.