Discernimiento vaticano

En un corto espacio de tiempo hemos asistido a dos tomas de postura del Vaticano en materia de política internacional, que han tenido una acogida bien distinta en los medios de comunicación y, en consecuencia, en la opinión pública mundial. Por una parte, la gestión diplomática que la Santa Sede realizó, a instancias del gobierno chileno, por la que intercedía en favor del regreso de Pinochet a Chile fue motivo de escándalo para más de uno. Por otra parte, la oposición frontal de la Santa Sede al ataque de la OTAN no ha extrañado a nadie, ni siquiera a los más fervientes defensores de la intervención militar. Y, sin embargo, aún tratándose de dos cuestiones claramente diferenciadas, en nuestra opinión, en ambos casos se ha discernido en base al mismo principio moral: el principio de proporcionalidad. Analicemos ambos casos.

El Vaticano no pone en duda que la causa defendida por la OTAN sea justa. Coincide con los gobiernos occidentales en que es totalmente reprobable la política de limpieza étnica que lleva a caba Milosevic. A pesar de ello, el Papa no dudó ni un momento en oponerse al ataque OTAN, por el hecho de que no existe proporcionalidad alguna entre los males que el uso de la violencia acarrea, con los beneficios que en este caso cabe esperar de su ejercicio. Era previsible que en la dinámica de las represalias, un ataque aéreo a Serbia recrudecería la limpieza étnica en Kosovo. Para juzgar procedente una guerra, no es suficiente estar en posesión de la verdad, sino que es necesario que los medios utilizados sean proporcionales con el fin perseguido. En base a este principio se hace especialmente reprobable la decisión de que el ataque fuese exclusivamente aéreo. La razón esgrimida para ello era muy clarificadora, "en una intervención terrestre, la OTAN podría tener bajas".

Y es aquí donde las razones morales que supuestamente justificaban una intervención armada pierden toda consistencia. Resulta que Occidente quiere ejercer de árbitro moral de la comunidad internacional, y para ello está dispuesto a matar, pero no a morir. Si no se está dispuesto a entregar la vida en favor de nadie, lo más congruente es renunciar a esa pretendida posición de liderazgo moral internacional.

En el caso Pinochet nos encontramos también con una causa justa, en base a la cual se solicita la extradición a España de un dictador que ha cometido múltiples crímenes de estado. Pero de nuevo nos planteamos si hay proporcionalidad entre el bien de justicia perseguido y los males que puedan derivarse. La opinión pública pasó por alto demasiado fácil el hecho de que el gobierno democrático de Chile solicitase reiteradamente la vuelta del ex-dictador a Chile. Los argumentos esgrimidos para solicitar la anulación del proceso de extradición fueron dos: la soberanía del gobierno chileno y el peligro que corre el proceso de reconciliación del pueblo chileno.

Por otra parte, el agravio comparativo que se producía era evidente: Mientras que en la transición española el proceso de reconciliación se había basado en el olvido de los atropellos cometidos en el pasado, ahora resulta que la justicia española pretende arreglar las cuentas pendientes del pasado reciente chileno. Para nosotros "borrón y cuenta nueva", y, para los demás no dudamos en aplicar todo el rigor de la justicia, sin importarnos las consecuencias que de ello puedan derivarse. Una vez más, el olvido del principio de proporcionalidad...

El refranero castellano es muy sabio cuando afirma aquello de "¡Gran justicia, gran injusticia!". Es decir, si se persigue la justicia en sí misma, sin tomar en consideración los modos, las circunstancias, las motivaciones, las consecuencias, etc...; entonces, lo más probable es que de esa forma determinada de perseguir una causa justa se desprendan más males que bienes. Otra cosa sería que estuviésemos hablando de lo intrínsecamente malo, en cuyo caso no cabría aplicar el llamado proporcionalismo. Pero, cuando lo que está en juego no son unos valores morales absolutos, sino las formas concretas de tutelarlos, la virtud de la justicia tiene que estar acompañada de la debida proporcionalidad en su aplicación.

Los fundamentos morales que han llevado a la Santa Sede a tomar una postura contraria al ataque militar a Serbia, nos permiten entender mejor ahora las gestiones que el Vaticano realizó frente al gobierno británico, a instancias del gobierno chileno, y que en su momento escandalizaron injustificadamente a la opinión pública mundial.