Diagnóstico Pastoral Vasco
Para que nuestra tarea pastoral sea fructuosa, es muy importante que nos centremos de una manera especial en aquellos temas que más afectan la vida espiritual de los hombres. Por ello, es muy importante que hagamos un diagnóstico pastoral certero de la situación de nuestro pueblo vasco. De lo contrario, si no nos ajustamos a la realidad, es difícil que acertemos con la "terapia" necesaria. Por lo tanto, la preguntas que nos planteamos son: ¿Cuál es el mal moral o espiritual más acuciante de nuestra tierra vasca? ¿Estamos ante un mal singular y autóctono? ¿Nuestro mayor problema es el de la violencia y el "conflicto político"? Muchos responderían que sí, que ése es el problema principal y que, por lo tanto, la tarea evangelizadora tiene que volcarse en torno a la pacificación, el diálogo político y la defensa de los derechos de los pueblos... Pero, ¿de verdad que ése es el principal problema? Nosotros creemos que no; y, además, pensamos que es indispensable rectificar ese diagnóstico, para que nuestros esfuerzos pastorales sean fructíferos.
Las esperanzas abiertas en torno a la tregua de ETA son excesivas, y suscitan falsas espectativas. A juicio de algunos, una vez erradicada la violencia y solventadas las diferencias políticas, nuestro pueblo sería radicalmente distinto. Sin embargo, ¿es razonable confiar en que una solución política vaya a regenerar el alma de un pueblo? Quienes sueñan de esta manera, ignoran las lecciones que la historia contemporánea nos ha dado. ¿Hemos olvidado las expectativas que se crearon ante el desmoronamiento del sistema comunista? Se daba por hecho que el comunismo tenía la culpa de todos los males de la población (incluidos los espirituales). Se pensaba que una vez derribado el muro de Berlín, todo sería distinto. Pero, sin embargo, ocurrió que tras la desaparición del "supuesto problema", sobrevino una tremenda decepción popular. Pronto experimentaron que su sueño occidental, no era sino un espejismo. Prueba de aquella decepción popular fue el retorno al poder de los políticos ex-comunistas en las posteriores convocatorias electorales, en no pocos países.
Pues bien, los católicos vascos tenemos que aprender la lección, y aplicarla a nuestro caso concreto. Sería un error tremendo hacer un diagnóstico espiritual de nuestra tierra, pensando que el principal mal de Euskadi estriba en la violencia y los conflictos políticos. No, ése no es el principal mal, sino una mera consecuencia... Pensemos por un momento en las gentes que conocemos y que habitan en el País Vasco, ¿De verdad pensamos que lo que afecta más negativamente a sus vidas es el clima de violencia o los conflictos políticos? No seamos ingenuos, esas cuestiones raramente afectan su vida cotidiana. Los problemas más acuciantes y más reales son otros: la desintegración familiar, el materialismo, la trivialización de la sexualidad, la superficialidad y desorden de vida, la supeditación de la fiesta al alcohol y las drogas... Es decir, el mal espiritual de Euskadi es básicamente el mismo que el del resto del mundo occidental, y cometeríamos un grave error si nos entretuviésemos en dar una excesiva atención pastoral al supuesto "problema vasco". El problema básico es la falta de valores; y en la raíz de este mal esta el fenómeno de la secularización, es decir, el alejamiento de Dios.
El fenómeno de la globalización que estamos viviendo al final del segundo milenio, influye de una manera decisiva en lo que atañe a los males morales y espirituales que padecemos. Por poner un ejemplo: es un hecho que vascos y andaluces vemos los mismos canales de TV, o cuando menos, con la misma inspiración; lo cual no puede por menos de ser fuente de inquietudes y problemas similares. El nuestro, al igual que el de los demás pueblos, es un problema básicamente espiritual y no político. El mal principal del pueblo vasco no es la violencia, sino la secularización. Y la terapia fundamental a aplicar no es "el diálogo", sin más; sino "la evangelización".