La píldora
del día después
Pregunta:
Parece ser que la píldora del día después va a ser comercializada próximamente
en las farmacias españolas con receta médica. Al hacer pública la noticia, se
ha insistido en que "no tiene nada que ver con la pastilla abortiva RU-486.
Según eso, se trataría de un mero método contraceptivo de emergencia. La
función de este medicamento sería similar al DIU (dispositivo
intrauterino)". ¿Qué hay de cierto en ello?
Respuesta:
Hay un principio de sabiduría popular que dice: "Cuando alguien oculta una
realidad bajo palabras ambiguas, falsas o tergiversadas, es señal inequívoca
de que no tiene la conciencia tranquila en aquello que propone". Aplicando
esta máxima a la forma en que se ha dado a conocer a la opinión pública la
inminente comercialización del fármaco conocido como "píldora del día
después", llegamos a la conclusión de que tanto la ministra Celia
Villalobos como las autoridades políticas y sanitarias que le han apoyado,
pretenden introducir por la puerta trasera una mayor liberalización del aborto.
Es cierto que los efectos de esta
"píldora del día después" son similares a los del DIU. Pero lo que
no se da a conocer es que éste último no es un método anticonceptivo, sino
que también es abortivo. Tanto la nueva píldora como el DIU, actúan
impidiendo la implantación del embrión en el útero, produciendo un aborto
temprano, a los pocos días de la fecundación. En consecuencia, es
absolutamente falso que la "píldora del día después" sea un "método
contraceptivo de emergencia"; sino que estamos ante un fármaco abortivo.
Además, es equívoco afirmar que esta pastilla no tiene nada que ver con la
RU-486; pues aunque se trate de fármacos de composición química diferente, y
aunque actúen en estadios diversos del embarazo, ambos tienen algo muy
sustancial en común: son abortivos.
Se está hurtando a la sociedad el
necesario debate ético sobre el aborto, utilizando la estrategia de la
tergiversación de los conceptos y procediendo por la vía de los hechos
consumados. De esta forma, se elude la verdadera cuestión; que no es otra que
la del inicio de la vida. La biología ha demostrado con rotundidad que el auténtico
salto cualitativo tiene lugar en el momento de la fecundación, de forma que
todos los pasos posteriores de la gestación, no son sino un despliegue del código
genético del embrión, totalmente original e intransferible.
Y así, mientras que en Europa
eludimos los términos del que había de ser el verdadero debate, hemos conocido
que el pasado 10 de Octubre, el Tribunal Constitucional de Costa Rica ha
dictaminado como inconstitucional la fecundación in vitro; en base al
reconocimiento de que la vida humana existe a partir de la concepción y por
ello el embrión debe de ser tutelado como un ser humano, sujeto de derechos,
especialmente del derecho a la vida. La legislación costarricense es coherente
con la afirmación científica sobre el inicio de la vida, prohibiendo en
consencuencia el aborto y la manipulaciones de embriones. El texto de la
sentencia explicita que los embriones, como seres humanos, no pueden ser
congelados, vendidos, sometidos a experimentación o ser desechados.
Sin embargo, en aquellos países supuestamente avanzados, como el nuestro, en los que nos hemos colocado de forma colectiva una venda en los ojos, nos engañamos a nosotros mismos cuando hacemos afirmaciones tales como que "la utilización de esta nueva pastilla puede llegar a evitar el 75% de los embarazos no deseados"... Cuando, en realidad, deberíamos de decir que, esta "píldora del día después", para lo único que puede servir es para facilitar el recurso al aborto, superando el condicionamiento de los tres supuestos despenalizados en la ley española; y, en consecuencia, para multiplicar los actuales 50.000 abortos anuales. Cuando se desdramatiza la muerte, la vida pierde valor. Por el contrario, la valoración de la vida, deja en evidencia a cualquier método de muerte, por muy sofisticado y disimulado que sea, como un auténtico drama.