Falsos misticismos

(El Vaticano desautoriza a Anthony de Mello)

La noticia saltaba a la luz pública a finales del mes de Agosto: La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, que está presidida por el Cardenal Ratzinger y que es el órgano de la Santa Sede encargado de velar por la integridad de la fe, hacía pública una nota por la que desautorizaba a Anthony de Mello. Se trata de un jesuita de la India, muerto en 1987, muy conocido por ser el autor de una serie de libros sobre espiritualidad. Pasados más de diez años de su muerte, muchos de sus libros continuan siendo auténticos bestsellers mundiales.

El estudio de la Santa Sede afirma que aunque sus obras contienen «algunos elementos válidos de la sabiduría oriental» y que en sus primeros escritos las «influencias evidentes de las corrientes espirituales budista y taoísta, se mantuvo dentro de las líneas de la espiritualidad cristiana», sin embargo «cada vez más en sus publicaciones sucesivas, se advierte un alejamiento progresivo de los contenidos esenciales de la fe cristiana».

Según la notificación, «el autor sustituye la revelación acontecida en Cristo con una intuición de Dios sin forma ni imágenes, hasta llegar a hablar de Dios como de un vacío puro» y llega también «a negar que la Biblia contenga afirmaciones válidas sobre Dios». De Mello, afirma el documento, sostiene que «las religiones, incluído el Cristianismo, serían uno de los principales obstáculos para el descubrimiento de la verdad» y que «pensar que el Dios de la propia religión sea el único, sería simplemente fanatismo. Dios es considerado como una realidad cósmica, vaga y omnipresente. Su carácter personal es ignorado y en la práctica negado».

Es de agradecer a la Santa Sede que haya intervenido en el caso del padre De Mello, para hacer luz sobre una cuestión que transciende el caso concreto de este señor. Muchos planteamientos de De Mello se sitúan en el marco de la New Age.

Con frecuencia hoy en día se propone el ideal de la "religiosidad", como contrapuesto a la "religión". La religiosidad, es un concepto difuso, que se limita a constatar que el materialismo deja vacio el corazón del hombre, y en consecuencia, propone el ideal de la apertura a los valores espirituales. Pero claro, esto es decir mucho, y es no decir nada. En el fondo, la cuestión clave queda sin ser abordada: ¿Cómo llegar a ese encuentro con Dios?. Dicho de otro modo, no basta con que alguien me diga que tiene sed de Dios, si después se niega a beber cuando se le ofrece la bebida. Y no olvidemos que en este ejemplo, esa "bebida" son los sacramentos, la Iglesia, la Palabra de Dios, y en definitiva la Revelación misma por la que Dios ha querido saciar al hombre. Pues bien, a esto le llamamos "religión", a la forma que Dios mismo ha dispuesto para llegar al hombre. Mientras que la religiosidad parte del hombre, la religión tiene su origen en Dios. Y esta es la clave de la que muchos no han querido enterarse...

Cuando hablan de religiosidad, es decir, de la búsqueda espiritual que el hombre lleva en su corazón, se olvidan de que Dios ha salido al encuentro del hombre en Jesucristo. Y entonces, les ocurre como a aquellos que aunque dicen estar hambrientos, se niegan a comer la comida que se les pone en la mesa, y más bien, prefieren engañar el hambre con "chucherías".

Los motivos de este fenómeno pueden ser muchos, pero vamos a mencionar brevemente cuatro de ellos:

a) El orgullo del hombre: Ya Jesucristo nos advirtió de que "sus caminos no son los nuestros", y el hombre es terco, como el ciego que no se fia de las indicaciones del lazarillo.

b) Falta de confianza en Dios: El empecinamiento en seguir los propios caminos esconde desconfianza. ¿Acaso no nos quiere Dios mucho más de lo que nosotros mismos podemos hacerlo?

c) La comodidad de un dios a medida: Para quien no está dispuesto a entregar su voluntad a Dios, la Revelación de Dios es un fastidio. Le molesta que Dios haya fundado una religión, y entonces, paradójicamente, se limita a hablar de su "apertura" a Dios... ; cuando en realidad lo que ha hecho es "cerrarse" a la Revelación de Dios.

d) El sincretismo que encierra escepticismo: Cuando alguien dice creer en todas las religiones, en realidad es que no cree en ninguna, más bien solo cree en sí mismo.