"todo resulta para bien en aquellos que aman a Dios"Conocer la voluntad de Dios


Pregunta:  Desde pequeño me han explicado que un cristiano debe de buscar en todo la voluntad de Dios. Mi abuela solía decir muchas veces aquello de “¡que sea lo que Dios quiera!”, y expresiones por el estilo... A mi se me plantea la siguiente duda: ¿cómo conozco yo la voluntad de Dios? ¿cómo puedo conocer qué quiere de mí?

Respuesta:  Tu pregunta es importante, quizás demasiado densa para ser respondida en nuestra sección de consultas. Aún así vamos a intentar ofrecer unas pautas de cómo conocer la voluntad de Dios:
1º) POR EL CUMPLIMIENTO DE LOS MANDAMIENTOS
Los mandamientos de la ley de Dios que Yahvé dio a Moisés en el monte Sinaí, y que Jesucristo ratificó y confirmó, expresar y concretar la voluntad universal de Dios. Nosotros tenemos el problema de que no tomamos como “personal” lo que es “universal”; pero nos equivocamos. Podemos tener plena certeza de que Dios quiere que yo, en concreto, ame a Dios y al prójimo, viva en pureza, asista a la Misa el domingo, sea sincero, etc, etc, etc... Tener la certeza de que Dios me ha dirigido los mandamientos a mí personalmente, supone saber ya en gran medida lo que Dios quiere de mí.
2º) POR EL CUMPLIMIENTO DE LOS DEBERES DE ESTADO
Además de los mandamientos universales de Dios, hay que observar cuidadosamente los deberes de nuestra vocación particular. Es lo que llamamos, nuestros “deberes de estado”. Así, por ejemplo, Dios quiere que unos padres dejen en segundo lugar sus amistades y hobbies para entregarse a sus hijos o que un estudiante priorice sus estudios por encima de su afición al deporte.
3º) POR LA DOCILIDAD Y LA OBEDIENCIA
Si al discernir una decisión a tomar, resulta que tenemos una persona con autoridad sobre nosotros que nos manda algo determinado, en la obediencia a esa persona podemos descubrir la voluntad de Dios (es el caso de la autoridad de los padres, jefes, responsables, etc...). Esto no quiere decir que esas personas no puedan equivocarse. Pero, sin embargo, "el que obedece no se equivoca", si lo ha hecho rindiendo su voluntad a un superior suyo, en la confianza de que en ese acto de obediencia abrazará la voluntad de Dios.
4º) ESTUDIAR LAS MOTIVACIONES Y LAS CONSECUENCIAS DE LA DECISIÓN
Dios nos ha dado una razón para discernir su voluntad. Se trata de tomar las decisiones examinando las motivaciones que nos mueven a hacerlo, así como las consecuencias previsibles que se derivan de ellas.
En ocasiones hay motivaciones ocultas que hemos de desenmascarar: envidia, celos, orgullo, vanidad, rencor, pereza, etc... Estas motivaciones se suelen disfrazar de razones aparentemente justas. Pero, no hemos de dejarnos engañar. Cuando esas motivaciones están mezcladas, lo más probable es que ahí no esté la voluntad de Dios.
Paralelamente, si una decisión, en sí misma, a pesar de parecer justa, va a acarrear unas consecuencias negativas, habrá que concluir que no es voluntad de Dios ir por ese camino.
5º CONOCER LA VOLUNTAD DE DIOS EN LA PAZ DEL ALMA: La paz del alma o, dicho de otro modo, la paz de la conciencia, es un lugar privilegiado para escuchar la voz de Dios y discernir su voluntad. Dios es un Dios de paz. Por eso, en todo aquello que encontremos paz, podemos ver la voluntad de Dios y, por el contrario, en todo aquello que nos turbe interiormente y nos robe la paz, hemos de entender que allí no está la voluntad de Dios. Ahora bien, para aplicar bien este principio tenemos que tener en cuenta dos cosas: por una parte, que no debemos de confundir la paz con la ausencia de problemas. La paz puede darse en medio de una situación conflictiva. En segundo lugar, que para poder escuchar esa voz de Dios en paz de nuestra alma, es indispensable hacer silencio y oración en nuestra vida.
6) ACEPTACIÓN DE LOS ACONTECIMIENTOS DE LA VIDA
Hay veces en las que no se trata de que tomemos una decisión u otra, sino de que entendamos que en un acontecimiento que ha ocurrido en nuestra vida, está presente la voluntad de Dios. Se trata de ver la mano de Dios en los acontecimientos de nuestra vida. Parece más fácil ver esto en los acontecimientos positivos que en los que llamamos "desgraciados". Evidentemente, Dios no quiere que nos ocurra ninguna desgracia, pero es verdad que si El lo permite, sin hacer ningún milagro por impedirlo, es porque espera que nosotros saquemos bienes de los males. Por eso, en todo lo que nos ocurre en nuestra vida, en lo bueno y en lo malo, podemos ver la mano de Dios. Se trata de abrazar los acontecimientos de nuestra vida, en la confianza de que "todo resulta para bien en aquellos que aman a Dios". Se trata de pronunciar nuestra particular “lo acepto”, descubriendo en todos los sucesos la voluntad de Dios.