...y en Tierra Santa
Hola Loiolos!
¿Cómo estáis? Os escribimos los hermanos Aizpún para contaros nuestro viaje a Tierra Santa la pasada Semana Santa. Fuimos la familia al completo (los seis) junto con cuatro primas y dos tíos en una peregrinación organizada por los franciscanos.
Salimos el lunes Santo por la mañana y llegamos a Tel-Aviv. De ahí fuimos directos a Jafa, donde pudimos celebrar Misa en el santuario de San Pedro. El comentario general fue: “ ¡Aquí es donde los cristianos pudimos empezar a comer jamón!” (Gracias al sueño de San Pedro.jejeje) Después de visitar el barrio de los artistas nos dirigimos a Tiberiades, donde nos alojamos durante tres días en un hotel al borde del lago.
El segundo día fuimos a Caná de Galilea donde los matrimonios renovaron sus promesas en una ceremonia muy sencilla, pero emotiva a la vez. Esa misma mañana estuvimos en el Monte Carmelo (en Haifa) y visitamos la gruta de Elías. Fue allí donde nació la orden de los carmelitas que tanto ha santificado a la Iglesia con sus oraciones. También fuimos a Nazaret y vimos el pozo, la ciudad vieja, la casa donde vivió San José y la gruta de la Anunciación, donde la Virgen dio su SI a la voluntad de Dios y donde le pedimos que nos ayudara a darlo nosotros.
Al día
siguiente fuimos al monte de las Bienaventuranzas, escenario del sermón
de la montaña;
la capilla del Primado de Pedro y Cafarnaun (donde vimos el templo y la casa
de San Pedro). Fuimos hasta el otro lado del lago en barco. Allí
nos tenían
preparado para comer el “pez
de San Pedro”,
tal como se lo habría
preparado Jesús
a sus apóstoles.
Esa misma tarde renovamos nuestras promesas bautismales en el río
Jordán
y subimos al Monte Tabor.
El Jueves Santo salimos para Jerusalén, visitando antes Jericó (la ciudad más antigua del mundo.), las ruinas de Qumram y el mar Muerto. Ya en la Ciudad Santa visitamos la iglesia del “Gallicantu” (donde Pedro negó conocer a Jesús), el Cenáculo y la basílica de la Dormición de la Virgen. Después llegó lo mejor del día: ¡¡Celebrar la Cena del Señor y Hora Santa en Getsemaní!! Los oficios de estos días los celebrábamos siempre en Getsemani con todas las peregrinaciones españolas que se encontraban allí. Sin embargo, la Hora Santa era internacional.
El Viernes Santo, día de la Pasión del Señor vimos el lugar de la Ascensión (hoy en día es una mezquita), el Carmelo del Pater Noster (donde se halla el Padre Nuestro escrito en más de 100 idiomas)y la capilla del Dominus flevit (donde Jesús lloró al ver las murallas de Jerusalén). Por la tarde fuimos al campo de los Pastores en Belén y a la Gruta del Nacimiento. Fue extraño cantar villancicos muy alegremente en Belén y seguidamente volver a Getsemaní a celebrar la Pasión del Señor¼.
El sábado comenzamos el día con la visita a la ciudad vieja de Jerusalén haciendo el Vía Crucis, hasta llegar a la Basílica de la Resurrección y Santo Sepulcro, donde tocamos la roca del Calvario. En verdad, no nos podíamos creer que estábamos allí ese día.
Por la tarde estuvimos en el barrio judío, en el muro de las lamentaciones (es asombroso ver como conviven tantas religiones y culturas), y Betania (casa de Marta, María y Lázaro). Y al volver llegó una de las mejores cosas de la peregrinación: celebrar la Vigilia Pascual en Getsemani. Todos sabemos lo importante que es ese día para los cristianos, lo que significa para nosotros. Pues bien, si encima está uno allá¼ Además, tuvimos la oportunidad de confesarnos y así, ganar la indulgencia plenaria por peregrinar a Tierra Santa.
Como el día anterior no pudimos entrar en el Santo Sepulcro decidimos ir el domingo a las 5 de la mañana. ¿Podéis imaginar lo emocionante que es estar allí el Domingo de Resurrección, de madrugada como las Santas Mujeres, en el Santo Sepulcro? Ese día se celebraban misas continuamente dentro del sepulcro, por lo que sólo se podía entrar entre una y otra. Pues bien, nada más finalizar una misa entramos en la primera zona, donde embalsamaron a Jesús y no caben más de diez personas. ¡Pero pronto llegó el siguiente sacerdote! Así que no tuvimos más remedio que quedarnos dentro, esperando a que finalizara y poder entrar hasta el fondo, hasta el auténtico lugar donde Jesucristo fue sepultado.
El resto del día fue tranquilo: fuimos al Santuario de la Visitación. Y ya el lunes, muy a nuestro pesar, tuvimos que volver a casa.
¿Cuál fue el mejor momento de todos? Sin duda alguna, la media hora que estuvimos “encerrados” en el Sepulcro. ¡Porque estábamos dentro del Sepulcro VACIO! Cristo no estaba allí, sino que ¡había RESUCITADO! Lo veían nuestros propios ojos.
Os recomendamos a todos que una vez en la vida peregrinéis a Tierra Santa. Y si podéis hacerlo durante la Semana Santa, mucho mejor. Es un lugar que no destaca por su belleza, por el arte, por la cultura¼ Sino por el hecho de que Jesús estuvo allí, anduvo por esos caminos, vio ese paisaje¼ se hizo hombre, ¡murió y resucitó allí!
Unidos en la oración.
Cristina, Alfonso, Gonzalo y Marta