Lo bueno, enemigo de lo mejor

Pregunta: He oído muchas veces el refrán que dice "lo bueno es enemigo de lo mejor" y me gustaría que me explicasen si se trata o no de un refrán compatible con la espiritualidad católica.

 

Respuesta: La mayoría de los refranes suelen ser expresión de grandes intuiciones; aunque al estar formulados de una forma muy sencilla, pueden pecar de simplificar en exceso las cosas. Este no es una excepción.

            En realidad “lo bueno” no tiene porqué estar siempre reñido con “lo mejor”. De hecho, ocurre con frecuencia que pecamos de mediocridad cuando nos conformamos con “lo bueno” sin aspirar a “lo mejor”. A veces, incluso, recurrimos a compararnos con los demás, para justificar nuestra tibieza: “los hay peores”, etc... Un ejemplo bien claro de esto es la mentalidad bastante extendida que  tiende a considerar como una exageración la pretensión de la santidad. Bastaría con ser buenos, y todo lo que pase de ahí es considerado como un idealismo inalcanzable. Sin embargo, la Sagrada Escritura no deja de proponernos los ideales superiores:”Aspirad a los carismas superiores, y aún os voy a mostrar yo un camino más excelente” (1Cor 12,31). Además, la experiencia nos demuestra que cuando aspiramos a "lo mejor", nos solemos quedar en "lo bueno"; mientras que cuando nos conformamos con aspirar a lo bueno, no solemos conseguirlo. Es una consecuencia de nuestra debilidad: quien apunta al 10, con frecuencia se queda en el aprobado; pero quien aspira tan solo al aprobado, acaba suspendiendo.

            Pero, ciertamente, y al margen de lo dicho hasta aquí, este refrán -“lo bueno es enemigo de lo mejor”- encierra también un sentido muy cierto y verdadero. Se nos recuerda en él la importancia de la gradualidad en nuestro obrar moral, así como el discernimiento personal de la voluntad divina:

            a) Gradualidad: A veces no se tiene en cuenta suficientemente el desarrollo gradual de la vida cristiana. Estamos llamados a un continuo crecimiento; pero adaptándonos al ritmo prudente. Dios tiene más paciencia con nosotros que nosotros mismos, a pesar de su suprema santidad. Fruto de nuestra ansiedad, nosotros queremos tener "todo", "aquí" y "ahora". Es un error muy extendido entre nosotros el pretender las más altas metas sin pasar por las etapas intermedias. ¿Acaso podemos llegar a la mística sin pasar por la ascética?

            b) Discernimiento de la voluntad divina: Es vital descubrir y seguir aquello en lo que Dios ha pensado para cada uno de nosotros. Nuestro objetivo no puede ser el de optar por los caminos más excelentes, sino descubrir lo que Dios quiere para cada uno de nosotros, en concreto. Por poner un ejemplo, una cosa es que el estado religioso sea en sí mismo el más perfecto en la vida cristiana, pero otra cosa muy distinta es que ese sea el camino de santificación que Dios quiere que recorramos. Es decir, como dice el refrán: lo bueno puede ser enemigo de lo mejor.