Principio antrópico
Cuando el hombre contempla con
los medios científicos actuales la grandeza del universo, se siente abrumado.
La Tierra es uno de los 9 planetas alrededor de la estrella Sol. Por su parte,
el Sol es una de las cien mil millones de estrellas que forman la Vía
Láctea. Y, por último, al alcance de nuestros telescopios hay
unas cien mil millones de AVías Lácteas@.
Sabemos hoy que esta inmensidad del universo está todavía en expansión.
Hace 15.000 millones de años toda la masa del universo estaba en un único
punto, tal vez más pequeño que un átomo; de forma que tuvo
lugar una tremenda explosión desde la que se ha formado el universo.
Esta teoría del Bing-Bang, ya no es discutida por nadie. Se considera
suficientemente probada. También sabemos que por mucho que el universo
sea inmenso, es finito, y que terminará siendo una gran burbuja de vacío,
oscuridad y frío; ya que todas las estrellas terminarán por apagarse.
Pero
más allá de los fríos datos científicos, nos plateamos
legítimamente la pregunta por el sentido del universo. Algo así
ocurre cuando el arqueólogo encuentra en una tumba antigua un artefacto
desconocido. No le basta con que el estudio químico le explique sus componentes,
o el físico le defina su masa, densidad o dureza; sino que inevitablemente
se preguntará el “para qué” de ese artefacto. Y bien,
¿qué sentido tiene el universo? )Para qué existe algo tan
grandioso que luego termina en nada? ¿Cuál es su finalidad? Sin
duda alguna la fe nos da respuesta a estas preguntas, pero la ciencia también
nos presta una gran ayuda para contestarlas, en base al conocido como Aprincipio
antrópico@.
La palabra Aantrópico@, viene de la palabra griega Aanthropos@, que significa
Aser humano@. Y el principio antrópico viene a responder a la pregunta
sobre la relación que hay entre la enormidad del universo y nuestra existencia.
Y lo que afirma es que, por los datos y cálculos de la física,
la conclusión más lógica es que “hay universo para
que se dé la existencia humana”. Cualquier cambio en los parámetros
de la materia o de las condiciones iniciales y desarrollo de la evolución
hubiese tenido como consecuencia que no hubiera habido vida humana.
Hubo un momento en el que estuvo de moda afirmar en los ambientes científicos
que el hombre es una partícula de polvo sin importancia alguna en el
universo. Sin embargo, como decía Louis Pasteur, AUn poco de ciencia
aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a Él@; y ahora resulta que
una buena parte de la clase científica se maravilla al comprobar que
todo parece estar pensado para que la vida humana haya sido posible en la evolución.
Por ejemplo, si masa del universo en vez de ser 10 hubiese sido 10 , o 10 ,
las consecuencias hubiesen hecho imposible la vida humana. Y si la relación
entre la carga positiva y negativa del protón y el electrón fuese
distinta a la que es; es decir, si el protón no fuese 1836 veces más
pesado que el electrón, entonces no estaríamos aquí. Y
si la interacción de las fuerzas electromagnéticas y la gravitatorias
fuese distinta a la actual; es decir, si dejase de ser la electromagnética
10 mayor que la gravitatoria, entonces también dejaríamos de existir.
Y si el Sol fuese un 10 % mayor o menor de lo que es, no estaríamos aquí.
Ni tampoco sería posible la vida human si la Tierra estuviese un 10%
más cerca o lejos del Sol, o si la Luna no estuviese en torno a la Tierra
a la distancia y con la masa con la que está.
Por limitarnos a un ejemplo concreto, la incidencia del planeta Luna en la vida
humana es del todo fundamenta, ya que sin ella, la Tierra giraría mucho
más rápido sobre sí misma, y se originarían unos
vientos huracanados que harían imposible la vida humana. La gravedad
de la Luna sobre la Tierra provoca que el eje de giro de la Tierra no sea perpendicular
al plano de su órbita, lo que provoca las cuatro estaciones -primavera,
verano, otoño e invierno- con la consiguiente renovación de la
naturaleza, y se distribuye el calor del sol de una forma mucho más uniforme
en toda la superficie terrestre. Si no existiese la Luna, y la Tierra tuviese
en consecuencia el giro vertical, habría una franja central abrasada
de calor y dos franjas extremas heladas impracticables para la vida humana;
lo cual sería incompatible con la evolución vital. Sin embargo,
la Luna actúa como balancín, y mantiene la inclinación
del eje de la Tierra a 23'5 grados, justo lo necesario para que las condiciones
de vida sean posibles.
Es decir, el mundo ha sido creado con un ajuste finísimo en su parámetros,
hasta el decimal 50 de algunas de las constantes que definen las propiedades
de la materia, para que haya sido posible que en la Tierra haya aparecido la
vida inteligente. Einstein afirmaba en los últimos días de su
vida, que para él la gran pregunta era si el Creador tuvo alternativas
cuando creó el mundo, o si una vez que tomó la decisión
de crearlo, tuvo que hacerlo exactamente como lo ha hecho, para que la vida
humana fuese posible.
Desde el punto de vista de la fe, el principio antrópico se entiende
a la perfección. El hombre es la cumbre de la creación; todo el
universo fue creado a su servicio. Y cuando la evolución alcanzó
el grado de desarrollo necesario, Dios sopló el aliento de vida, es decir,
creo e infundió el alma espiritual para que podamos ser lo que somos:
personas humanas con la dignidad de ser imagen y semejanza de Dios.