Adopción de niños

por parejas homosexuales

 

Pregunta: En diversas ocasiones han llegado al Congreso de Diputados proposiciones de regulación de parejas de hecho, que incluían la regulación del pretendido derecho de las parejas homosexuales a adoptar niños. La última vez fue en el mes de Marzo, siendo rechazada la propuesta con los votos en contra del PP y la abstención del grupo catalán. Da la impresión de que van a continuar los intentos de que esta propuesta prospere, ya que se ha hecho de ello un bandera de progresismo, pero a mí lo que más me ha llamado la atención es el argumento que esgrimían los diputados favorables a esta propuesta: la legislación tiene que recoger lo que se está dando de hecho en la sociedad. ¿Qué podemos responder a este argumento?

 

Respuesta:   Es cierto que esta cuestión se ha convertido en un tema recurrente de quienes se dicen abanderados del liberalismo. Incluso en el parlamento navarro llegó a aprobarse una proposición de ley en este sentido, al unir toda la oposición sus votos frente a UPN, quien gobierna en minoría. Afortunadamente el gobierno navarro no ha tramitado tal proposición.

            Es verdad que se está dando ya el hecho de que numerosos niños están creciendo bajo el techo de parejas homosexuales. La explicación está en que la legislación actual de fecundación in vitro no exige al solicitante estar casado, con lo cual son bastantes las parejas de homosexuales que utilizan este camino para hacerse con un niño.

            En base a que esta barbaridad está teniendo lugar entre nosotros, se argumenta que la legislación debe de dar un marco legal a lo que está ocurriendo. El razonamiento, ciertamente es absurdo. ¿Es que por el hecho de que una cosa ocurra, ha de ser reconocida legalmente sin más consideraciones? ¿Para qué están las leyes, para tutelar el orden justo, o para ponerse al servicio de lo que sucede en la calle? El caso es que este principio suele ser mantenido según conveniencia, ya que a nadie se le ocurre decir que la ley deba de despenalizar el robo, basándose en el hecho incuestionable de la existencia de los carteristas.

            Este principio liberal argumenta diciendo que la ley no debe de forzar las tendencias sociales en base a lo que denuncian como filosofías seudocristianas, sino que debe ser dócil para aceptar la realidad actual. Pero esto es pura hipocresía, porque es claro que cuando les conviene, ¡bien que se fuerzan las realidades sociales, con tal de imponer sus principios liberales! Por ejemplo, ante el hecho constatable de los niños arrastran graves complejos al ser adoptados por parejas homosexuales, por contraste con sus compañeros que tienen padre y madre; se culpa de tal discriminación a la mentalidad social retrógada. La solución que se propone es clara: hay que resistir aunque los niños sufran, para conseguir así que esa mentalidad cambie. ¡Mira por donde aquí ya no se aplica el famoso principio de que hay que aceptar la realidad social, sin forzar las cosas!

            Al margen de falacias argumentales, lo que tenemos que denunciar es que se está utilizando a los niños como instrumento de presión ideológica. Es un escándalo el que los más inocentes se conviertan en herramienta reivindicativa en pro de la equiparación homosexual. Los niños son deseados para poder afirmar desde el "orgullo gay": «somos iguales que vosotros, no nos distinguimos en nada». ¿Cabe una aberración mayor?